En el alambre como sonámbula, lectora de insomnios.
Tengo las hojas sueltas, desperdigadas, intentaré ir uniéndolas y que en el andar vayan casando unas con otras. Y si no combinan ni concuerdan tampoco importa, espero que la senda se descubra agradable mientras recogemos todas esas hojas.
No sabía como comenzar esta anotación, podría deciros que ayer fue fiesta en Madrid y se conmemoraba el dos de mayo y que uno de los pintores que hoy me ocupan el cuaderno tiene un grandioso cuadro sobre esta fecha, tan inmenso que he llegado a pensar que si no existiese probablemente el dos de mayo de 1.808 habría quedado oculto bajo la avalancha de otras fechas y, también, que no contento con mostrarnos la historia de ese día, recogió todo su saber para enseñarnos el día siguiente, tal día como hoy, el tres de mayo. Es un buen principio. De todas maneras de lo que quería escribir es de un pintor francés y del más afrancesado de nuestros pintores. Goya y Delacroix.Aunque las influencias que recibió Delacroix serán muchas y diversas quiero mostraros algunas relacionadas con Goya que han llamado mi atención.
Eugene Delacroix (1.798 – 1.863) queda fascinado por Mefistófeles, personaje que encarna al demonio que busca conseguir el alma de Fausto en la gran novela del mismo nombre de Johan Wolfgang von Goethe (1.808 - 1.832). Esta obra, de sentido casi religioso, se eleva como un símbolo del hombre que ejercita su razón para juzgar a los hombres y su tiempo. Así, en 1.827, realizó 17 grabados para ilustrar la primera versión francesa de la obra traducida por Alberto Stapfer. Son litografías que permiten a Delacroix jugar con las sombras, obteniendo efectos muy marcados y, en algunos casos, de gran patetismo.
Escojamos una, “Mephistopheles dan les airs”:
Y ahora busquemos en los “Caprichos” de Goya:
Capricho 66 “Allá va eso”
Capricho 48 “Soplones”
Vamos a probar con otra litografía de Delacroix para “Fausto”,“L'ombre de Marguerite apparaissant a Faust”
Damos un paseo por Goya y …
Boceto de “Santa Isabel curando a una enferma”
Ahora cambiemos, por ejemplo, “La barca de Dante”, nos fijamos en el personaje de la esquina inferior a la izquierda:
Y volvemos a los “Caprichos” de Goya:
Capricho 62 “¡Quién lo creyera!”
Para terminar, y después de imágenes tan poco agradables, una mucho más hermosa, pintaba Delacroix en 1.825 este óleo, “Female Nude Reclining on a Divan”:
Con amplios paralelismos con nuestra idolatrada “Maja desnuda”, destacable por el hecho de que antes de Goya no se habían pintado desnudos en esta posición:
Espero no haber resultado aburrida y que el corto paseo de la mano de estos dos genios de la pintura os haya resultado agradable.
Hank no es de mis poetas favoritos y hace poco comentaba con Max E. que hoy todos los poetas quieren reencarnarse en el rebelde Bukowski. Pero tengo que reconocer que siempre que le leo termino apuntando en una hoja versos sueltos, frases, títulos, palabras en definitiva, que tienen la fuerza de la vida en explosión, el desencanto y la amargura del reconocimiento propio del fracaso, la conquista de la libertad que rompe cadenas, la belleza permanente en cualquier lugar por oscuro y patético que este se nos muestre. Y ahora, escribiendo esto, me doy cuenta de que tal vez sólo sea una impostura decir que no forma parte de mi universo personal porque la verdad es que me hace sentir desde dentro, la mejor tarjeta de presentación para los libros que pasan por mi vida. El título de esta anotación es el de su libro de poemas de 1.969 "Days run away like wild horses over the hills", que hasta el momento creo que sigue sin traducción al castellano. En la década de los 60 Bukowski conoce a John Martin que funda una editorial pequeña, Black Sparrow, con el objetivo básico de publicar sus escritos. Su primera novela es "Cartero" de 1.971 donde su alter ego, Henry Chinaski, empieza a tomar forma. En 1.974 alcanza la fama con su mítica "Erections, Ejaculations, Exhibitions and General Tales of Ordinary", traducida como "La máquina de follar". No pretendo hacer la bibliografía exhaustiva del último maldito del siglo XX, simplemente compartir con vosotros algunos de esos papeles cuajados de ideas, de palabras que en un momento u otro de su tormentosa vida escupió a la cara de la sociedad que le contemplaba.
Así en "Days run away like wild horses over the hills" el poema "All-yellow flowers" termina con estos versos:
she went on singing but I wanted to die
I wanted yellow flowers like her golden hair
I wanted yellow-singing and the sun.
this is true, and that is what makes it so strange:
I wanted to be opened and untangled, and
tossed away.
Sean Penn en 1.987 le hizo una entrevista para la revista Interview cuando se creía que él haría el papel de Bukowski en la película "Barfly" (lo haría finalmente Mickey Rourke, eso que perdió la película), en ella daba su opinión sobre distintos conceptos como la poesía: "Siempre recuerdo que, en el patio de la escuela, cuando aparecía la palabra ‘poeta' o ‘poesía', todos los pendejos se reían y se burlaban. Puedo ver por qué: es un producto falso. Ha sido falso y snob y endogámico por siglos. Es ultradelicado, sobreapreciado. Es un montón de mierda. Durante siglos, la poesía es casi basura total. Es una farsa. Ha habido grandes poetas, no me entienda mal. Hay un poeta chino llamado Li Po. Podía poner más sentimiento, realismo y pasión en cuatro o cinco sencillas líneas que la mayoría de los poetas en sus doce o trece páginas de mierda. Y bebía vino también. Solía quemar sus poemas, navegar por el río y beber vino. Los emperadores lo amaban porque podían entender lo que decía. Por supuesto, sólo quemó sus poemas malos. Lo que yo quise hacer, si me disculpa, es incorporar el punto de vista de los obreros sobre la vida... los gritos de sus esposas que los esperan cuando vuelven del trabajo. Las realidades básicas de la existencia del hombre común... algo que pocas veces se menciona en la poesía desde hace siglos. Mejor, que quede registrado que dije que lapoesía es una mierda desde hace siglos. Y una vergüenza".
Escribe en el prólogo a la novela de John Fante "Pregúntale al polvo": "Seguí recorriendo la sala general de lectura, cogiendo libros de los estantes, leyendo unas cuantas líneas, unas cuantas páginas, y dejándolos en su sitio a continuación. Pero cierto día cogí un libro, lo abrí y se produjo un descubrimiento. Pasé unos minutos hojeándolo. Y entonces, a semejanza del hombre que ha encontrado oro en los basureros municipales, me llevé el libro a una mesa. Las líneas se encadenaban con soltura a lo largo de las páginas, allí había fluidez. Cada renglón poseía energía propia y lo mismo sucedía con los siguientes. La esencia misma de los renglones daba entidad formal a las páginas, la sensación de que allí se había esculpido algo. He ahí, por fin, un hombre que no se asustaba de los sentimientos. El humor y el sufrimiento se entremezclaban con sencillez soberbia. Comenzar a leer aquel libro fue para mí un milagro tan fenomenal como imprevisto..."
En una carta a John William Corrington de enero de 1.971 habla sobre el oficio del escritor: "Pero la escritura, por supuesto, cómo el matrimonio, la caída de la nieve o las llantas de los autos, no siempre perdura. Tú puedes ir a la cama el miércoles en la noche siendo un escritor y despertar el jueves por la mañana y ser otra cosa totalmente diferente. O puedes irte a la cama el miércoles por la noche siendo un plomero y despertar el jueves por la mañana siendo un escritor. Este es el mejor tipo de escritores... Muchos de ellos mueren. Claro. Por sus arduos intentos; o por otro lado, porque se vuelven famosos y todo lo que escriben es publicado y ya no tienen que buscar más. La muerte tiene muchas avenidas. Y si a pesar de todo tú dices que mi material te gusta, quiero que sepas que si se vuelve roto, no será porque trate demasiado duro o muy poco, será porque me quedado o sin cervezas o sin sangre. Para lo que sirva, puedo permitirme esperar: Tengo mi vara y tengo mi arena."
En "El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco", diario escrito por Bukowski en los últimos años de su vida donde ironiza sobre lo que le rodea, sobre la literatura y los escritores, sobre él mismo, utilizando principalmente las apuestas en el hipódromo y su "traspaso" de la máquina de escribir al ordenador, en ese diario recoge este pensamiento: "Te preparas para ser escritor haciendo las cosas instintivas que te alimentan a ti y a la palabra, que te protegen de la muerte en vida. Para cada uno es diferente. Y para cada uno cambia. Hubo un tiempo en que para mí significaba beber mucho, beber hasta la locura. Me ayudaba a afilar la palabra, a sacarla. Y necesitaba peligro. Necesitaba meterme en situaciones peligrosas. Con hombres. Con mujeres. Con automóviles. Con el juego. Con el hambre. Con lo que fuera. Alimentaba la palabra. Me pasé décadas así. Ahora ha cambiado. Lo que necesito ahora es más sutil, más invisible. Es una sensación que está en el aire. Palabras pronunciadas, palabras oídas. Cosas vistas. Sigo necesitando unos tragos. Pero ahora me van los matices y las sombras. Cosas de las que apenas soy consciente me alimentan con palabras. Eso es bueno. Ahora escribo un tipo de mierda diferente. Algunos se han fijado. "Has trascendido", es lo que más me dicen. Soy consciente de lo que perciben. Yo también lo siento. Las palabras se han hecho más sencillas pero más cálida, más oscuras. Me alimento de fuentes nuevas. Estar cerca de la muerte te da energías. Tengo todas las ventajas. Puedo ver y sentir cosas que a los jóvenes se les ocultan he pasado del poder de la juventud al poder de la edad. No habrá declive. No. Y ahora, si me perdonáis, me tengo que ir a la cama, es la una menos cinco de la mañana. Parloteando toda la noche. Reíos mientras podáis..."
Creo que ya he agotado vuestra paciencia, podría seguir incluyendo palabras y más palabras de esas que le alimentaban pero concluyo con un poema "Consummation Of Grief":
I even hear the mountains
the way they laugh
up and down their blue sides
and down in the water
the fish cry
and the water
is their tears.
I listen to the water
on nights I drink away
and the sadness becomes so great
I hear it in my clock
it becomes knobs upon my dresser
it becomes paper on the floor
it becomes a shoehorn
a laundry ticket
it becomes
cigarette smoke
climbing a chapel of dark vines . . .
it matters little
very little love is not so bad
or very little life
what counts
is waiting on walls
I was born for this
I was born to hustle roses down the avenues of the dead.
Salió del portal con la cabeza alta. La primavera acababa de instalarse en la ciudad, una primavera vestida de verano con un mediodía que cuarteaba el barro acumulado en los charcos dejados por los camiones que regaban las calles de madrugada. Hacía calor y tenía unas horas por delante para pasear. Sin saber muy bien a donde dirigirse, enfiló la calle, con zancadas rápidas y rítmicas. Por un infantil pudor siempre que andaba lo hacía deprisa, como si llegase tarde a alguna cita importante. Pensaba que si lo hacía despacio, saboreando cada paso, la gente con la que se cruzaba se preguntaría que dónde iba aquella mujer caminando lentamente y, peor aún, sentirían lástima por ella ya que supondrían que nadie la esperaba. Mejor rápido. Siguió andando y sobre la marcha de sus pies decidió ir a su librería favorita, calculó que tardaría casi una hora, suficiente tiempo para reflexionar. Después se dio cuenta de que ese camino la llevaría por paisajes conocidos, paisajes que tal vez la traerían algún recuerdo que no sabía si quería despertar. O sí. Inconscientemente es probable que eligiera esa ruta y no otra, creyendo en las probabilidades. Fue calculando las posibilidades que tenía de encontrarse con él en una ciudad de tres millones de habitantes y seiscientos kilómetros cuadrados. Jugaba a favor del azar que las calles que recorría eran frecuentes para él y que la hora no resultaba inusitada. En cualquier caso desechó la idea a mitad de camino, era una tontería, un pequeño ardid con el que engañarse a si misma.
Avanzaba decidida entre cientos, miles de personas que si se entretenían en los escaparates, en los bares, personas que si habían quedado y andaban con un objetivo claro, integrándose en ellas, sintiéndose parte de ese maremagnum de seres, coches, aceras, asfalto... Entonces le vio, venía andando en dirección contraria a la suya por la acera de enfrente. Dudó si llamarle, si dejarle pasar, fueron apenas unos segundos y transcurrieron lentamente, se dilataron indefinidamente, como si el tiempo hubiera quedado suspendido, aletargado, perdido entre los recovecos de su cerebro. De repente notó que él iba mirando el suelo y un destello se iluminó en su interior, seguramente él la había visto incluso antes de que ella lo advirtiese por la acera contraria, y no quería verla, ni encontrarse con ella, por eso miraba concienzudamente hacia sus propios pies, hacia los pasos que daba. Sintió una mezcla de tristeza y alivio. Tristeza porque en su interior sabía que ese era el objetivo real de su camino, la probabilidad de encontrarle, y alivio porque acababa de tomar la decisión. Siguió andando con la cabeza alta, mirando al frente, se cruzaron, cada uno por su lado de la calle, sin una palabra, sin una mirada.
Imaginó que en la vida todo es cuestión del destino, unos metros antes estuvo a punto de cruzar y cambiar de acera, pero recordó que cuando se citaban, él siempre llegaba por esa misma acera, por la que ella se empeñaba en recorrer. Mala suerte o buena suerte. Unos minutos después si cruzó al otro lado y siguió andando durante bastantes metros con la absurda idea de que él iba detrás de ella, siguiendo sus huellas. Ni un sólo momento se giró por no romper el hechizo de la ilusión. Cuando se acercaba a la librería descartó esa posibilidad, e intento consolarse pensando que el destino había querido jugar con ella, pero, más lista que ese azar juguetón, había desbaratado sus planes y salido victoriosa de la pequeña batalla. Era un consuelo ridículo porque quizás él no la viese y, además, ¿quién podía saber si en realidad los hados lo que pretendían era darla una oportunidad? Oportunidad que terminaba de tirar al cubo de las acciones y determinaciones que nunca osó cometer
Entró en la librería y tras hojear algunos de los muchos volúmenes que poblaban sus estantes, compró el libro que le hubiera regalado a él para su cumpleaños. Y salió, con la cabeza alta y andar decidido, nunca se sabe cuando una tiene cita con el azar.
Del realismo sucio de Bukowski al surrealismo triste de Robert Desnos (1.900 - 1.945). Este inquieto y fantástico poeta francés, desgraciadamente poco conocido en España, reune esas cualidades y circunstancias que terminan por mitificarlo. Cuando nos conocimos no pude evitar caer rendida a los pies del romántico e idealista Robert. Nacido en París en un primer momento se acerca al Dadaísmo de la mano de Benjamin Péret. Posteriormente pasa a formar parte del grupo surrealista y así Andre Breton en el Manifiesto Surrealista de 1.924 le apoda "el profeta del movimiento". A pesar de ello no abandona el trabajo que le da sustento, el periodismo. Y es que Robert Desnos condensa en su corta vida una aventura constante: Poeta dadaísta, joven médium surrealista, autor de prolífica obra, polemista, detractor desde de 1.927 de la alianza de Breton con el Partido Comunista, crítico de cine, periodista e innovador locutor de radio. Como buen romántico que se precie también mantuvo de un amor imposible, la cantante Yvonne George, a la que dedicaría el poemario "La liberté ou l'amour!" en 1.927. En 1.929 rompe definitivamente con Breton y se integra en el círculo que se crea alrededor de Georges Bataille. Desde entonces su producción literaria y poética aumenta de forma creciente, compaginándola con su interés por otros medios como la radio o la crítica de jazz y cine. En la misma medida, su compromiso político también se va perfilando y tomando forma hasta que con el estallido de la Segunda Guerra Mundial pasa a engrosar las filas de la Resistencia. En febrero de 1944 fue arrestado por la Gestapo en su domicilio de la rue de Seine. Entonces comenzó para el poeta un atroz peregrinaje a través de prisiones y campos de trabajo forzado desde Francia hasta Checoslovaquia. Auschwitz, Buchenwald, Flossenbürg y finalmente el campo de concentración de Térézin, donde sólo sobrevivieron 4.000 de las 140.000 personas que pasaron por allí. Robert Desnos pudo ver como el campo de concentración de Térézin (Theresienstadt) era liberado por los aliados, el 3 de mayo de 1.945 la Cruz roja se hizo cargo de la ciudad amurallada que constituía Térézin, apenas un mes después, Desnos fallecía a consecuencia del agotamiento y las enfermedades.
Me resulta difícil escoger un poema pero si hay uno bello y conocido es sin lugar a dudas este:
Et que, devant l'apparence réelle de ce qui me hante
Et me gouverne depuis des jours et des années,
Je deviendrais une ombre sans doute.
O balances sentimentales.
J'ai tant rêvé de toi qu'il n'est plus temps
Sans doute que je m'éveille.
Je dors debout, le corps exposé
A toutes les apparences de la vie
Et de l'amour et toi, la seule
qui compte aujourd'hui pour moi,
Je pourrais moins toucher ton front
Et tes lèvres que les premières lèvres
et le premier front venu.
J'ai tant rêvé de toi, tant marché, parlé,
Couché avec ton fantôme
Qu'il ne me reste plus peut-être,
Et pourtant, qu'a être fantôme
Parmi les fantômes et plus ombre
Cent fois que l'ombre qui se promène
Et se promènera allègrement
Sur le cadran solaire de ta vie.
A la mystérieuse ( Corps et Biens ) 1.930
No quiero terminar con un recuerdo triste así que os dejo un pequeño regalo. El fotógrafo, pintor y cineasta Man Ray realizó en 1928 su película "L'Étoile de mer" a partir de un poema de Robert Desnos que el poeta leyó en su presencia durante una cena privada. El resultado es una historia de corte onírico, dimensión que el realizador subraya con filtros de gelatina (posiblemente utilizados para burlar la censura de la época), y componentes eróticos que transcurren a través de conceptos surrealistas, como el del *amour fou. Kiki de Montparnasse, André de la Rivière y el mismo Robert Desnos son los actores. Desnos propuso una serie de temas musicales para la adaptación fílmica de su poema: las canciones Plaisir d'amour y O Sole mio, una versión desafinada de La Internacional y el vals El Danubio Azul. Pero Man Ray no tuvo en cuenta sus indicaciones y realizó su propia selección musical que incluía una canción de Josephine Baker, C'est lui ,el tema Los piconeros y una saeta cantada por La Niña de los Peines que acompañaba un fragmento del filme en el que se mostraban hojas de periódico arrastradas por el viento, un paisaje borroso y cambiante visto desde un tren y la imagen de un puerto brumoso y espectral.
*Amor fou:El Surrealismo define el término como un amor loco, salvaje y capaz de traspasar las fronteras del mundo visible, más allá de la condición hombre-mujer, amor-odio. De esta manera, el Amor, al igual que ocurre con el sentido poético, son sentimientos puros, férreamente ligados y regidos por el aspecto espiritual de la psique humana, y por lo tanto, proporcionan al hombre esa "libertad" de la que carece la razón.
Susana en el baño - Tintoretto (1.577 - Kunsthistorisches Museum)
Susana saliendo del baño
Los dos grifos de níquel -raras aves, agarradas a la piel tersa de la bañera- miraban, pensativos, ya sin agua caliente y fría, el abandono dramático de su cabeza. Cabeza de algas verdirrojas que flotaban huyendo en la concavidad de porcelana. El agua, ni caliente ni fría, cantaba en sus orejas, rosadas y tiernas caracolas, una canción de azogue. Temblaba en el baño para desviar sus formas; le multiplicaba cada perfil en líquidas ondulaciones, y cerraba su garganta con un hilo verde: la cabeza, muerta -¡muertos los ojos en un sueño marítimo!- sobre bandeja de cristal. Un minuto, elástico e inminente. Surgió un brazo, como una señal. Surcado de venas y chorreando (los cinco dedos, cinco raíces clavadas en la esponja). Se abrió la mano, y la esponja -estrella rubia- naufragó en una tibia aurora de carne y porcelana. La mano adaptó su caricia húmeda a la curva del contorno. Nació en aquel mapa claro la isla de un hombro. Y el cuello, metálico. Sobre el pecho -hoja de mapamundi- dos hemisferios temblorosos con agua y carmín. El vientre en ángulo y las rodillas paralelas... Susana, pisando el agua, saltó una pierna sobre el borde con gesto audaz de ciclista, para poner su pie, azul y rosa, en flexible tablero de corcho, sin color ni temperatura. Alta, quieta ya (mientras el agua, libre de la cadena, se precipitaba cantando su condenación por tubos de órgano), era admirada del espejo, confinado en su elipse de celuloide; del rizado lavabo en que se aburría un jabón negro, y del asiento redondo y vegetal. Se cubrió de largos pliegues blancos. Arriba, la cabeza: mojada y trágica medusa; Abajo, los pies, apuntados triangularmente. El espejo sonreía, como una ventana, sobre la mesa de cristal.
Francisco Ayala
Apareció dentro del libro de relatos "El boxeador y un ángel" (Madrid. Cuadernos literarios) en 1929. Francisco Ayala tenía veintitrés años, había ya publicado dos novelas breves, "Tragicomedia de un hombre sin espíritu" (Madrid. Industrial Gráfica. 1925) e "Historia de un amanecer" (Madrid, Ed. Castilla. 1926).
La historia de Susana viene recogida en el Libro de Daniel. Susana, mujer hermosa y temerosa de Dios había sido casada con Joaquín, un hombre muy rico a cuya casa concurrían los judíos y junto a la cual tenía un jardín. Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba Susana en el jardín de su marido para pasear y distraerse, y viéndola cada día dos ancianos jueces en el jardín, sintieron por ella una pasión vehemente. Un atardecer la espiaron escondidos en el jardín, mientras se bañaba, y cuando sus doncellas se retiraron y se quedó sola, los dos viejos jueces se acercaron y le propusieron que accediera a sus deseos, amenazándola con decir que estaba con un joven y que por eso despidió a las doncellas. Angustiada por la amenaza de ser acusada de adulterio por los jueces y, consecuentemente, de ser condenada a muerte, Susana no obstante se resistió, por lo que los viejos la denunciaron. La astuta intervención del profeta Daniel la librará de la muerte y hará recaer el castigo sobre los jueces calumniadores y libidinosos.
Susana ocupa el centro de la mirada del relato, pero es una protagonista tan sólo aparente. Si se nos atrae hacia ella es para analizarla, calibrarla, rodearla y medirla. Porque esa mirada del narrador nos obliga a una contemplación fría. En el texto de Ayala no aparecen los viejos, no están en la representación y sin embargo están en el significado. Susana es contemplada por sus ojos, que la crean y la desean, pero son también los ojos del narrador, y con ellos los ojos de los lectores, nuestros ojos, ocultos detrás de la página, voyeurs que deseamos a la mujer surgida de las aguas con ese deseo a distancia, deseo frío, deseo puramente estético.
Como declaración de principios diré que me gusta Marc Chagall y no por su desbordante fantasía, por su falta de respeto por la realidad, por sus intensos y brillantes colores o por la poesía que tiñe de versos sus imágenes. Decía Picasso de él:"Cuando Chagall pinta, no se sabe si está durmiendo o soñando. Debe tener un ángel en algún lugar de su cabeza". Podría ser por todo esto y mucho más, pero la principal causa es que toca alguna fibra sensible que anida en mi cerebro (ya sabemos que el corazón es sólo un músculo, sin física ni química) y es capaz de conmoverme, de provocar mi sonrisa, mis recuerdos, y, en ocasiones, de traerme a los labios un beso dorado. Da igual que este cuadro se titule "El cumpleaños", para mi lo que fluye desde el cuadro es ese beso leve, sutil y volátil, integrado en una atmósfera onírica. Con los ojos abiertos, con los ojos cerrados. Ella mirando al frente, él, en un escorzo imposible, de espaldas, así se me representa el amor, cada uno con sus utópicos destinos encima, en direcciones contrarias y, sin embargo, unidos por el simple destello de un beso.
Acordándome de ese beso dorado sin final, os dejo con un beso alegre:
BESO ALEGRE
Beso alegre, descuidada paloma,
blancura entre las manos, sol o nube;
corazón que no intenta volar porque basta el calor,
basta el ala peinada por los labios ya vivos.
El día se sienta hacia afuera; sólo existe el amor.
Tú y yo en la boca sentimos nacer lo que no vive,
lo que es el beso indestructible
cuando la boca son alas, alas que nos ahogan mientras los ojos se
cierran,
mientras la luz dorada está dentro de los párpados.
Ven, ven, huyamos quietos como el amor;
vida como el calor que es todo el mundo solo,
que es esa música suave que tiembla bajo los pies,
mundo que vuela único, con luz de estrella viva,
como un cuerpo o dos almas, como un último pájaro.
A raíz de un comentario de NoSurrender en la anotación anterior surge de improviso una explicación que poco a poco va tomando forma. Decía el Señor Lagarto:" Pero el cuadro capta un instante concreto, Señora Oscura. ¿Qué ocurrirá en el minuto siguiente? Porque ella parece sorprendida y a punto de caer. Parece más bien que ha tropezado con un beso no buscado ¿no?". Resulta que en ocasiones unas pocas palabras exploran el giro adecuado para que se abra el grifo y comiencen a fluir pensamientos.
Anotaciones a un beso pintado:
Abre los ojos despacio, detrás de las cortinas el día avanza implacablemente. Remolonea entre las sábanas, un día como hoy le gustaría que transcurriera despacio, que sólo fueran las siete o las ocho de la mañana, aunque imagina que ya debe de ser bastante más tarde. Cuando sonó el despertador de él, entre el duermevela recuerda una caricia fugaz y un feliz cumpleaños. Hoy es su cumpleaños y como regalo especial ha decidido concederse un día de vacaciones. Tras más de 20 años de laborioso y cumplido trabajo en el despacho puede darse un pequeño capricho. Un día para no hacer nada. Nada, dejarse llevar por la inercia de las horas, no planificar, no preocuparse de los minutos siguientes, mecerse en la hamaca del tiempo sin prisas. Además ya no están las niñas, el erasmus se las ha llevado a una ciudad perdida en la Europa Central. Algunos días las añora, recuerda cuando eran pequeñas y las mañanas antes de salir de casa se convertían en una tortura con la que convivir todos los días, de lunes a viernes. Él no volverá hasta la hora de la cena, todo un perfecto y dorado día por delante. Él... También recuerda cuando la vida explotaba a su alrededor, cuando los besos saltaban como gráciles bailarinas, inesperados pero siguiendo la armonía de un baile estudiado y ensayado. Cuando las caricias eran caricias robadas, robadas al tiempo, a los hijos, a las miradas indiscretas, al que dirán. Entonces la vida se resumía en sus labios, la única oración que deseaba recitar cada noche y cada mañana era la compuesta por besos sobre su boca. Ha pasado tanto tiempo desde aquel pasado que algunos días no recuerda que existiera. Pero hoy si, tal vez porque es su cumpleaños y se siente decepcionada al no encontrar sobre la almohada una flor abandonada con cuidado de no despertarla.
Vuelve a dirigir su mirada a la ventana, pensando si debería levantarse o dejarse llevar por los sueños. Mejor un café y un cigarro, y un borrar esas reflexiones matutinas sombrías y melancólicas. Al incorporarse lo descubre, una nota doblada con mimo sobre la almohada. Qué cría, se dice, cuando el corazón empieza a latirle apresuradamente, pugnando por salir del pecho que lo aprisiona. Sentada sobre la cama toma la nota entre sus manos, dejando que transcurran unos segundos, intentando descifrar mentalmente su contenido. Lo aprieta fuerte contra su palma, entre sus dedos, prefiere esperar, después llegará el momento de abrirlo, de paladearlo y saborearlo. Y sale de la cama, con la sensación de que ya no le pesa tanto el corazón.
Desayuna, no un café bebido deprisa como todos los días, se prepara un zumo, pone la cafetera, hoy no toca café en polvo, y se sienta en la mesa de la cocina con el periódico de ayer. Al lado, la pequeña nota aguarda su turno. Entre renglón y renglón la echa un vistazo, como si esperara que saliera volando en un descuido. Va a salir fuera, luce el sol, el cielo la espera despejado, sin nubes negras, sin amenaza de lluvias. No hay temporales hoy que puedan desbaratar la pequeña alegría que la enciende por dentro.
Se ducha y se viste rápidamente, da igual que ponerse, algo cómodo para poder pasear, quiere andar por su ciudad, por esas calles llenas de recuerdos, por esos rincones donde en el pasado construyó un mundo nuevo junto a él. Sobre la mesilla de la habitación ha dejado la nota. Aún tiene que decidir cuando la leerá. ¿Antes de salir o a la vuelta? Le parece mentira que él haya tenido un detalle así con ella. Antes si, en otro tiempo, en otro lugar, cuando la palabra amor no podía contenerse en los límites estrechos de un te quiero. Pero hace tanto de eso y ellos ya no son los de entonces. Algunas noches imagina que es otra persona, la que tomó otras decisiones, incluso piensa que en algún mundo paralelo está esa otra ella, viviendo una vida diferente, distinta, la dueña del destino que ella rechazó en uno u otro momento de su vida. Tonterías propias de la edad, al hacerse uno viejo el balance de tu vida acude a tu mente sin llamarlo y la mayoría de las veces se te cuela por los entresijos del pensamiento sin abrirle la puerta.
Coge el bolso y la nota, antes de salir, ahora, debe de leerla, necesita ver con sus ojos ese te quiero. Con dedos nerviosos va deshaciendo los pliegues, es del tamaño de una cuartilla, empieza: "Querida: Sé que no mereces esta despedida pero también sé que estas segura de que el final ha llegado y ya sabes que no me gustan las despedidas largas...".
Y entonces ocurre, cierra los ojos y mira, ella, la otra, la del azar equivocado, está en una habitación, una cama, una mesa, una ventana, lleva en la mano un ramo de flores, es su cumpleaños, y sobre sus labios se posa un beso robado de su amante. Es feliz en ese instante dorado.
*"Te abalanzas sobre el lienzo, que tiembla en tus manos, sumerges el pincel, aprietas el tubo de pintura (...), me secuestras en una corriente de colores. Unidos, flotamos por la habitación, nos dirigimos hacia la ventana (...). Las paredes, decoradas con telas de colores, dan vueltas, tumbándonos. Volamos hacia el exterior, por campos de flores, por encima de casas cerradas, de tejados, granjas e iglesias.".Entre las vivencias que relata "El primer encuentro", autobiografía de Bella Rosendfeld, esposa de Marc Chagall durante 30 años, se encuentran estas palabras donde ella describe como la retrató para "El cumpleaños".