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Resumen
 Mientras el mensajero cabalgaba a toda velocidad pensaba que la noche no era tan oscura como había pensado, una débil luna se adivinaba entre las nubes. Su mensaje era urgente, el rey estaba al borde de la muerte, y era imprescindible que los documentos que portaba llegaran cuanto antes a su destino. No necesitaba nada más para poder atravesar con el espíritu en paz el umbral de la muerte. Finalmente, el Mensajero llegó a las puertas del convento. Le esperaban. La Reina, como siempre, había recibido noticias de la agonía de su esposo. Desde su separación, siempre se las había arreglado para mantenerse informada acerca de las acciones y decisiones que tomaba el rey. Por alguna razón, tal vez debido a los años que pasaron juntos, entre ellos se había creado un lazo de unión que no pudo romper su alejamiento. Ella presentía en la distancia los problemas a los que el se tenía que enfrentar, como si pudiera leer sus pensamientos. Cuando tenía estas premoniciones acudía a antiguos servidores que seguían fieles a su reina en pago por la bondad que demostró en otros tiempos. Ellos confirmaban sus temores y le narraban como el rey había tomado esta o aquella decisión. El mensajero fue conducido a los aposentos de su antigua reina, una celda idéntica a las restantes, apenas un camastro, un crucifijo, una pequeña mesa para escribir pegada a un poyete de la pared que hacia las veces de silla y un reclinatorio para las oraciones. En un rincón había un aguamanil y un ventanuco que ahora en la noche apenas filtraba alguna luz. Al verse en presencia de la que fue se reina se postró ante ella, besando sus manos. Entre ellos no medió ninguna palabra, le extendió el pergamino que el rey escribió de su propia mano, antes de que las fuerzas parecieran abandonarle para siempre. Ella cogió con devoción el rollo, y con toda parsimonia, sabiendo en el fondo de su corazón que aquel era el mensaje que estuvo esperando durante veinticinco años, se sentó sobre la cama y despidió al mensajero con un gesto de su mano. Cuando hubo salido este y ya estaba a solas, desenrolló el pergamino y comenzó a leer con un profundo suspiro. "A Su Majestad Lady Ginebra, mi esposa, mi vida: Han pasado demasiados años. Quizás demasiados como para que recibas este mensaje, o quizás no. Mi mente y mis sueños han acudido a ti durante todo este tiempo, deseando que tú llegaras a ellos, que volvieras en ellos, galopando en el estribo del perdón, pero el rencor.... Me muero, Milady. Mi enfermedad comenzó el mismo día que te vi partir, pero apenas hace un par de horas que he descubierto la causa de mi mal. Merlín ni siquiera supo verlo. Y mi hermana, durante todos estos años, qué ironía, me estuvo advirtiendo. Solía decirme:"Tu salud sólo podrás recuperarla si se cierra la lanzada de la traición que cometieron contra ti. Pero tú sabes que esa herida la has provocado tú. Por lo tanto, no podrá cerrarse nunca, y morirás por ella, porque siempre irá fluyendo tu vida a través de esa llaga abierta". Y ahora lo entiendo; tú siempre decías que en esta o en otra vida, volveríamos a encontrarnos, y entonces sería tuyo para siempre. Pero yo nunca quise creerte. Yo te quería en esta vida para siempre, no me importaba que hubiera otros mundos, otras vidas, en las que pudiéramos recuperar el tiempo y el espacio perdidos. Y ahora... aquí me tienes, postrado en este lecho. Quise morir en el mismo jergón donde tantas veces nos amamos, por ver si ante las puertas de la muerte, la fuerza del respeto, del cariño y del arrepentimiento te traían a mí. Pero no has venido, mi Reina, mi Señora, mi Vida... Probablemente sea el precio que tenga que pagar, después de todo. Yo te empujé al olvido, donde no quería que fueras; y cuanto más te empujaba lejos de mí, más cerca te sentía. Intenté reunir mis fuerzas exiguas para ofrecer a mi reino el esplendor que merecía, y en el fondo, lo único que trataba era de poner a tus pies mis éxitos, con la esperanza de que un día volvieras a llamar a mi puerta, volvieras a ocupar este lecho que tantas veces se llenó de tu presencia en mis sueños. Pero no volviste. Sin saberlo, el guardián de mi puerta era el guardián de mi rencor. Tus últimas palabras se grabaron a fuego en las paredes del palacio "Yo no necesito estar en el mismo castillo que tú, que ninguno de tus cortesanos. Hay un corazón que late por mí ahí fuera. Lo encontraré." Nunca supe a ciencia cierta si quería que lo encontraras o no, pero ahora sé que, lo hayas encontrado o no, tu mente y tu mirada vuelven a mí. Sé que nunca fui digno de merecer ni uno solo de los latidos de tu corazón, sé que merecías algo más que el desprecio que te ofrecí cuando te marchaste. Las fuerzas me fallan, amor mío... apenas puedo sostener la pluma. Enviaré a un mensajero a que lleve esta carta a tu retiro. Sir Galahad se ofreció voluntario durante todos estos años para traerte de vuelta, pero yo se lo impedí. No habría sabido encontrar las palabras para pedirte perdón. Mi corazón siempre fue tuyo, Lady Ginebra. Vuelve a por él. Ruego al Señor que se cumpla tu ofrenda de que en otra vida nos encontraremos. Dejo mi despecho y mis celos en ésta, así que espero morir con la dignidad suficiente para entrar en la otra vida limpio de todos mis pecados contra ti, de todas las ofensas contra mí, para poder encontrarte, y ser tuyo para siempre. Con todo mi amor. Arturo, rey de Camelot, reino sin reina, paz sin descanso" Tan humanos
 Hoy quería escribir algo sobre las mujeres, es tópico pero es 8 de marzo, pomposamente llamado "Día Internacional de la Mujer Trabajadora" (dudo que haya otro calificativo para las mujeres). Y ayer sobre mi querido y admirado Gabo que cumplía 80 años. Pero sigo sin adsl y ahora mismo quito minutos de mi trabajo (para eso es mi día) escribiendo estas tonterías que leeis. Parece mentira que lejanos me parecen los tiempos del modem, cuando en realidad no hace tanto, de hecho no me ha costado demasiado tiempo encontrarlo y ha sido relativamente fácil quitarle el polvo y las telarañas. La cuestión es que con el anticuado modem me resulta imposible cargar páginas, tardan siglos, sin olvidar que cada llamada externa a la línea me supone un corte de conexión. En fin que os voy a contar, para una adicta a internet como yo, una tortura. Resumiendo que dejo pendientes un par de hojas de este cuaderno para cuando los medios técnicos se decidan a apoyarme, lo cual espero que sea pronto. Mientras feliz día para todos independientemente de su sexo. Grata la voz del agua
 Leo a mi amiga Vailima y recuerdo cuanto hablan las paredes de la Alhambra. La "Qal'at al-hamra" (Fortaleza Roja), según la leyenda, nos narra en sus muros páginas de la historia, de la poesía, de la ciencia. Como ella se ha acercado a la Alhambra desde las matemáticas yo voy a intentarlo desde la poesía. Ibn Zamrak (1.333 - 1.393), llamado el poeta de la Alhambra, dejó su impronta por diversos rincones de la construcción. En el conocidisimo Patio de los Leones, en el borde de su taza octogonal se halla esculpida la siguiente casida del poeta andalusi: "Bendito sea Aquél que otorgó al iman Mohamed las bellas ideas para engalanar sus mansiones. Pues, ¿acaso no hay en este jardín maravillas que Dios ha hecho incomparables en su hermosura, y una escultura de perlas de transparente claridad, cuyos bordes se decoran con orla de aljófar? Plata fundida corre entre las perlas, a las que semeja belleza alba y pura. En apariencia, agua y mármol parecen confundirse, sin que sepamos cuál de ambos se desliza. ¿No ves cómo el agua se derrama en la taza, pero sus caños la esconden enseguida? Es un amante cuyos párpados rebosan de lágrimas, lágrimas que esconde por miedo a un delator. ¿No es, en realidad, cual blanca nube que vierte en los leones sus acequias y parece la mano del califa, que, de mañana, prodiga a los leones de la guerra sus favores? Quien contempla los leones en actitud amenazante, sólo el respeto contiene su enojo. ¡Oh descendiente de los Ansares, y no por línea indirecta, herencia de nobleza, que a los fatuos desestima: Que la paz de Dios sea contigo y pervivas incólume renovando tus festines y afligiendo a tus enemigos!" Una razón más para que sea una de las grandes maravillas del mundo. ¡Desperta, ferro!
 El 30 de abril de 1.305 Roger de Flor, comandante de la milicia almogávar en el Imperio Bizantino, era asesinado y descuartizado mientras visitaba la corte del emperador Miguel IX Paleólogo en Adrianópolis. Oficialmente se culpó a los mercenarios alanos, pero los compañeros de Roger atribuyeron el asesinato al emperador y al padre de este, coemperador con el, Andrónico II Paleólogo. Los almogávares permanecieron durante dos años en los alrededores de Constantinopla, devastando las tierras, asediando las fortalezas y sometiendo a sus habitantes a todo tipo de torturas. Estos años pasaron a la historia con el nombre de la Venganza Catalana (katalaniké ekdíkese para los griegos). Los almogávares (proveniente del árabe incursor) eran los guerreros profesionales que se movían especialmente en las zonas fronterizas de los reinos hispánicos con al-Andalus. Vivían, principalmente, de las expediciones de saqueo que realizaban en territorio enemigo. En el siglo XIII los almogávares aragoneses y catalanes se enrolaron como mercenarios en las campañas bélicas de la Corona de Aragón. Después de la expedición de Pedro el Grande a Túnez y Sicilia en 1.282 se convirtieron en la principal fuerza de infantería de su ejército y adquirieron fama de guerreros feroces e invencibles. Al grito de "Desperta, ferro" se arrojaban temerariamente al combate armados sólo con lanzas cortas, puñales y hondas. El adjetivo catalana responde al origen de sus combatientes que eran en su gran mayoría provenientes de tierras gobernadas por las distintas ramas de la casa de Barcelona, aunque su actuación no obedecía a los intereses políticos de los reyes de Aragón o Sicilia, sólo respondían según lo que establecían sus jefes. Roger de Flor (1.267-1.305) fue el prototipo de aventurero de la época. Se cree que era hijo de un antiguo halconero del emperador Federico II y de una dama de Brindisi. Tras profesar en la Orden del Temple, actuó como corsario en el Mediterráneo oriental al mando de su navío El Halcón. Después de ser acusado de enriquecimiento ilícito en la toma de Acre por los mamelucos, fue buscando protector, hasta que se puso al servicio del rey Federico de Sicilia que se hallaba en guerra contra su hermano, Jaime II de Aragón. Durante esta época Roger entabló amistad con los que después serían sus compañeros en Bizancio, Berenguer de Entença, Bernat de Rocafort y Ramon Muntaner. Una vez acabada la contienda que le llevó hasta Sicilia, Roger se encaminó hacia Bizancio, donde el emperador Andrónico II llegó a un acuerdo con Roger y sus hombres para defenderse de la amenaza turca. Sin embargo los hombres de Roger de Flor resultaron demasiado belicosos para el imperio bizantino. Nada más desembarcar atacaron a los mercaderes genoveses de Constantinopla considerados enemigos ancestrales de Aragón. Andrónico, intentando evitar más desmanes, los acuarteló en Cizico, aunque también allí se produjeron disputas entre los almogávares y los mercenarios alanos. Los bizantinos cada vez se mostraban más hostiles contra aquellas fuerzas temerarias y pendencieras. De nuevo el emperador intenta alejarlos de Constantinopla, instalándoles en Gallipoli a finales del verano de 1.304. En este punto comienzan las negociaciones para la siguiente campaña de primavera. Roger llega a un acuerdo con los bizantinos, obtiene suficiente financiación para las campañas bélicas, adquiere el título de cesar que lo elevaba al tercer puesto de la jerarquía bizantina tras los coemperadores, y un importante territorio en Anatolia en propiedad. Además Berenguer de Entença accedía a la dignidad de megaduque que antes ostentaba Roger de Flor. Cuando todo parecía haberse solucionado, Roger de Flor se empeñó en conocer a Miguel Paleólogo, que había rehusado recibirle. Se presentó por sorpresa en Adrianópolis en abril de 1.305 y fue asesinado. Después se desataría la Venganza Catalana. Os cuento todo esto porque no puedo dejar de rendirme al hechizo y el aura romántica que rodea a Roger de Flor, otro de mis mitos, como casi todos los que me son tan queridos, muy humano y poco divino, tal y como dice Perez Reverte, los almogávares estan olvidados por ser politicamente incorrectos, asi que recuperemos un poco de memoria. Y aunque no suelo dedicar las hojas que traigo al cuaderno, esta se lo merece, para Carlos, que siga jugando como un niño al grito de "Desperta, ferro". Al borde del mar en Guernesey
 De resultas del caos en el que sigo inmersa, los proveedores de internet han decidido boicotearme indefinidamente supongo que contagiados por el ambiente que se respira enestenuestropais, me dedico a rescatar textos que escribí hace tiempo, pequeñas hojas que espero que cuenten con vuestra benevolencia al leerlas. Este óleo es uno de mis favoritos, se llama "Al borde del mar en Guernesey". Renoir lo pintó en 1.883, a la vuelta de su viaje a Argelia. Se recrea en una luz falseada ya que es la costa anglonormanda y, sin embargo, la dota de la luminosidad mediterránea. Esta pintura se enmarca en la época más "impresionista" de Renoir, con pinceladas cortas, combinando un uso arbitrario del color. La luz baña toda la composición, difumina los contornos, nos confunde con el fondo. Este cuadro, junto a otros pintados en el mismo año, supone el último eslabón con el impresionismo, le dice a su amigo y marchante, Ambroise Vollard: "Había recorrido el camino del impresionismo hasta el final, para llegar a la conclusión de que no sabía ni pintar ni dibujar. En pocas palabras me encontraba en un callejón sin salida...". A partir de entonces su estilo cambia conservando el color del impresionismo, pero acercándose al dibujo, inspirado por Ingres. Sólo un último apunte sobre la personalidad de Renoir, los últimos 20 años de su vida padeció artritis, pero siguió pintando con un pincel atado a los dedos. Degas le comparó con un gato jugando con madejas de lana de muchos colores. Y ahora escuchemos al maestro rebatir todo esto: "Hoy día se quiere explicar todo, pero si se pudiera explicar un cuadro, no sería una obra de arte. Debo decirle a Vd. ¿Qué cualidades constituyen a mi juicio el verdadero arte? Debe ser indescriptible e inimitable... La obra de arte debe cautivar el observador, envolverle, arrastrarle. En ella comunica el artista su pasión; es la corriente que emite y por la que incluye al observador en ella." A partir de aquí es mi voz la que habla y le hace caso a Renoir. Siempre me ha gustado este cuadro, probablemente por que cuando lo conocí me encontraba en un momento personal de desolación y soledad. Me pongo enfrente de el, y ya no soy yo, soy esa pequeña figurita frente a un inmenso mar. Cierro los ojos y oigo el tremendo rugir de las olas, aunque el sol me baña, de vez en cuando siento un escalofrío. Mientras miro el mar delante de mi, pienso. Recuerdo otros días felices en Guernesey. Aquellos en que el sol de primavera calentaba mi espalda, en que mis manos jugaban despreocupadas con las pequeñas hierbas del campo, en los que recogía flores en ramilletes, mezclando sus colores como una paleta de pintor. Veía las gaviotas bailar su danza sobre el mar, y las olas me sonreían desde su boca blanca y luminosa. Entonces no había pasado ni futuro, el presente transcurría leve, dejando un perfume de mar y tierra húmeda. Ahora me encuentro tan perdida en este mismo lugar, el sol y el mar, ya no son los mismos, o tal vez yo soy otra, no la que jugaba y soñaba al borde del mar. Y aunque noto que me observan a lo lejos, no quiero darme la vuelta, no quiero ver a nadie, quiero que el mar me arrulle y me haga volver a abrir el cofre de las ilusiones de entonces, quiero que el sol me marque un camino para salir de este vacío. ¡Es todo tan bello a mí alrededor y yo guardo tanta tristeza entre mis dedos! Tal vez algún día llegue un paseante a Guernesey y se acerque al borde del mar, y me mire, y yo le vea contra el sol, con un halo luminoso, y me sonría, y en su cara brillen las sonrisas de las olas de entonces.
Ahora tomo un poco de distancia, me alejo de Guernesey y, aunque nunca he estado, imagino el día en que cogeré ese avión a Zurich, preguntaré por una única dirección, Heimplatz 1, y veré desde lejos el Kunsthaus, entraré nerviosa, con el corazón desbocado, tap, tap, tap, un martilleo en los oídos, y por fin me encontraré frente a frente con él. En ese momento la niña que construía sueños al lado del mar, la mujer que estaba sola en ese acantilado y yo, nos conoceremos. Y seguramente rodarán lágrimas por mis mejillas, que terminarán sobre el suelo de ese museo lejano, mi emoción quedará siempre prendida a esa imagen, sellada por el sol, el mar y las lágrimas. Anotación pataleta
 Hasta las narices ( según el RAE ,loc. adj. coloq. Cansado, harto. U. t. c. loc. adv.) asi estoy. Hastiada y aburrida, y no sólo de no poder publicar alguna hoja que lleva semanas esperando el insigne momento en el que vuelva a poseer esa simple técnica llamada banda ancha, sino también, y esto es lo que más coraje me provoca, de intentar participar en tantos cuadernos que me gustan, que me emocionan, que me vuelven combativa o me dejan como agua mansa. Mis intentos de dejar un comentario son la gran mayoría de las veces infructuosos y si, por cuestión de azar, lo consigo, es resultado de patéticos y repetidos golpes a la tecla enviar. Como consecuencia comento tarde, poco y mal. A la comedianta de Vailima me gustaría decirla que si estoy aqui, lo cual no es mucho pero bastante importante para mi, es gracias a ella y su cuaderno, me quedo con ganas de entrar en disputa sobre Corominas y RAE con mis náufragos favoritos, no puedo olvidarme de mis penas leyendo a Jafatron y su vitalismo surrealista, pierdo el hilo de uno de mis mejores escribidores, Charles , en el cuaderno de anarkasis sólo me permito asentir, pruebo una y otra vez a dejar mis miedos a Fanshawe, muy tarde comparto con la gata su pasión por el cine, con K de milagro dejo mi conato de comunicación, no puedo decirle a glup que la morena lima los dientes de la melancolía, intento contarle al lagarto que lo que duele es vivir, a la muchacha dorada le dejo medio comentario entre versos de Salinas, los anarcas se me escapan raudos en el cuaderno de Rain, al señor Otis ni me planteo decirle las cosas increibles, le deseo medio feliz viaje a Salamandra, la actualidad política del Cosaco me coge en pasado, por fin me entero que el Capitán Pescanova vive en el amor, el momento de Yhebra es de hace una eternidad, ... y tantos otros. Por eso escribo sobre la marcha, porque mañana ya no estarán las mismas emociones, los mismos juegos, las mismas historias, habrá otros versos, otras fotografías, otras aventuras, diferentes películas, distintos debates, diversas novelas. Y yo volveré a llegar tarde, fastidiada por los instantes que no voy a poder disfrutar, por la pérdida de la satisfacción que me produce leerles a todos.
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