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Resumen
 No podría buscar mejor principio que un final. El cónsul también esta en el filo, se mueve entre el alcohol y la redención. O tal vez busca la salvación en el alcohol. En pos de la inmortalidad siguiendo el camino de la ebriedad. "Bajo el volcán" no es sólo una novela con tintes autobiográficos (Lowry acabó sus días a consecuencia del alcoholismo, siguiendo viaje hacia el infierno del vacio), también nos habla de un mundo convulso, a punto de comenzar la Segunda Guerra Mundial, es una obra compleja y profunda, rebosante de rutas e itinerarios a recorrer, un día, doce capítulos, una vida. El autor nos introduce en un ritmo "cinematográfico" (Lowry también intentó ganarse la vida escribiendo guiones aunque sin demasiada suerte), dejando la ventana abierta a nuestros ojos curiosos. A cada lector le comunicará algo, la complicidad de Lowry se hará patente con cada uno de nosotros que tomemos la decisión de embriagarnos con el cónsul Firmim. Dice el propio autor en el prólogo a su primera edición francesa de 1.949, recogido por la edición española de Tusquets: "Esta novela, para emplear la frase de Edmund Wilson, tiene como tema las fuerzas que moran en el interior del hombre, y que le llevan a asustarse de si mismo. El tema es también el de la caída del hombre, el de sus remordimientos, el de su incesante combate hacia la luz bajo el peso del pasado, el de su destino. La alegoría es la del Jardín del Edén, y el jardín representa este mundo, del que corremos el riesgo de ser expulsados, quizá ahora un poco más que en el momento en que escribí el libro. " No importa que de sus palabras saliera una buena película, que intentara recoger la tradición de Dante escribiendo su infierno particular en esta novela, lo verdaderamente primordial es, que si aun no habéis probado el mezcal en una cantina de Quauhnahuac, es el momento de hacerlo. Escribía Lowry entre sus poemas este epitafio: Malcolm Lowry Late of the Bowery His prose was flowery And often glowery He lived, nightly, and drank, daily, And died playing the ukulele. (Traducción de Javier Marías: Malcolm Lowry / difunto de la calle Ebria / su prosa fue florida / y a menudo airada / Vivió, noche a noche, y bebió, día a día, / y murió tocando el ukelele) Desde aquí entono una invocación por el insigne borracho, que le haya sido concedido el paraíso de su infierno. Gracias Mister Lowry. El horror
 Tenía pensado algo diferente pero ayer leí la noticia y creí interesante sacarla a la pista del circo. En pocas líneas, el día 26 de septiembre salieron a subasta 21 acuarelas atribuidas a Adolf Hitler. La subasta se realizó en Lostwithiel, pueblo del suroeste del Reino Unido, por la firma local Jefferys. Las pinturas parece ser que fueron realizadas en la frontera entre Bélgica y Francia, donde el entonces cabo Hitler servía de enlace de las tropas bávaras en la I Guerra Mundial, entre 1.915 y 1.918. Dejando a un lado el periplo que han sufrido hasta salir a la luz (por lo visto han estado guardadas setenta años en un baúl de un ático de una anciana belga, donde fueron trasladadas por dos refugiados franceses que volvían a casa una vez acabada la Primera Guerra Mundial) y la imposibilidad real de contrastar si verdaderamente fueron pintadas por la mano de Hitler, personalmente me llama la atención el hecho de que alguien quiera colgar de la pared del salón de su casa algo asi. Entendería que, como documento histórico, algún museo u organización se interesara por estos dibujos, ¿pero particulares?. No entro en valoraciones artísticas (no estoy preparada para ello, me parecen un poco insulsas las imágenes que he podido encontrar, pero es una apreciación totalmente personal y profana), desde mi consideración de moralidad me resulta horripilante atesorar algo salido de la mente de un demente que abocó al mundo a la, hasta ahora, mayor hecatombe humana, saldada con millones de víctimas. Y si la razón se encuentra en motivos económicos (ya sabéis, compra-revalorización), tal disparate me parece aun más despreciable. Escribiendo sobre horrores he recordado "Apocalypse Now" y las palabras del Coronel Kurtz: "I've seen the horror. Horrors that you've seen. But you have no right to call me a murderer. You have no right to call me a murderer. You have a right to kill me. You have a right to do that, but you have no right to judge me. It's impossible for words to describe what is necessary to those who do not know what horror means. Horror. Horror has a face, and you must make a friend of horror. Horror and mortal terror are your friends. If they are not, then they are enemies to be feared. They are truly enemies." Me espanta pensar que tal vez Adolf Hitler suscribiría este texto, haciendo suyo el eco de la voz de Conrad, pasada por el tamiz de John Milius y Coppola. (Por cierto las acuarelas se vendieron por 177.000 euros...) Eran los mejores tiempos, era la peor época.
 En la pista del circo no podía faltar, el "pan mío de cada día", Auster y el azar. Podría haber elegido cualquiera de sus obras para traerle a participar en este pequeño juego lúdico, pero "La noche del oráculo", es un buen ejemplo del hacer literario de Paul Auster. Una novela dentro de una novela dentro de otra novela, para mi este libro siempre será "El cuaderno azul". Es tan recomendable como todos los de su autor, siempre que queramos leer y algo más. Experimentar, cuestionarnos, preguntarnos y algunas veces respondernos, sentir y ser transportados a su mundo inquietante y sublime. Comienza con la angustia por la página en blanco de un escritor, después de una vivencia personal implacable, para continuar enmarañándose, dejando al lector que desentrañe el camino. Se dan las claves conocidas para los lectores de Auster, una historia original e increíble, casualidades y fatalidades, la inclusión de notas en el propio texto convertidas en una especie de hipertextos (que podríamos comparar fácilmente con los hipervínculos propios de la red de redes), las referencias literarias expresas o encubiertas (Dashiell Hammet, H.G. Wells, Charles Dickens). En resumen, una de esos textos que nos hacen leer ávidamente para llegar al desenlace y que, en el fatídico momento en que descubrimos que apenas nos quedan un puñado de páginas para acabarlo, quisiéramos volver al comienzo con el conocimiento sobre el mismo tan inmaculado como las hojas del cuaderno de tapas azules de Sydney Orr, recién comprado en "El Palacio de Papel". La foto de la portada del libro, reproducida al comienzo, es de Andreas Feininger, el puente de Brooklyn, ese barrio neoyorquino tan recurrente en Paul Auster, poseedora de ese aspecto futurista a pesar de estar tomada en la década de los 40. En algún momento estoy segura de poder vislumbrar a King Kong sobre el Empire State, atacado por los humanos, defendiéndose instintivamente, sin terminar de entender lo que esta ocurriendo, fascinado por una rubia... Me gusta esta foto, esa luz, ese frío, el contraste entre la ciudad iluminada y el negro y profundo Hudson. Feininger empezó su trayectoria profesional como arquitecto, formándose en la Bahaus, tal vez por eso las escenas que capta con su cámara que contienen como componente central un elemento arquitectónico tienen esa visión tan particular, una síntesis de lo estético y lo social, lo privado y lo publico, el interior y el exterior. Si os ha gustado Feininger, aquí tenéis una excelente muestra de su obra fotográfica. Y cerrando el círculo de Auster, en el fondo del sombrero de copa del mago, aparece Dickens: "Eran los mejores tiempos, era la peor época, la edad de la sabiduría, el ciclo de la estupidez, la fase de la creencia, la etapa de la incredulidad, la estación de la Luz, la hora de las Sombras, era la primavera de la esperanza, el invierno de la desesperación, lo teniamos todo por delante, nada había frente a nosotros..." (He tomado la transcripción según aparece en "La noche del oráculo" editada por Anagrama y con traducción de Benito Gómez Ibáñez, seguramente el comienzo de "Historia de dos ciudades" de Charles Dickens no lo recordeis exactamente asi, si alguno estais interesado podeis descargar en elaleph.com la inmortal novela de Dickens)
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