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La funámbula

Evocar lo que no sucedió

<h3>Evocar lo que no sucedió</h3>

Hoy escribo, hace mucho que no lo hago, leo, creo que vuelvo a leer con la misma compulsión que cuando era adolescente (espero que con más tino, eso si) y a ratos me acucia la necesidad de escribir, pero la acallo con pequeños correos, con cartas inmóviles en el limbo de la correspondencia, en ese borrador eterno. En uno de esos ratos me digo que quizá pueda poner algo de orden en este cuaderno y dejar caer otra hoja suelta, camino de un purgatorio y abandonando el limbo.
Desde el fin de semana pasado una de esas lecturas me empuja apremiantemente, así que me dejo llevar. Es el primer libro de narrativa que leo de Javier Cánaves, “La historia que no pude o no supe escribir”, y es importante esta puntualización porque con anterioridad ya me había empapado de sus versos en varios de sus poemarios. Javier Cánaves está a punto de publicar una nueva novela, “Los artistas”, y quería seguir un orden cronológico con su narrativa, cosa que no lleve a cabo con sus poemas, mi camino hacia su poética transcurrió en sentido inverso, desde un presente hacia un pretérito lírico.
La novela cuenta un viaje, pero no sólo un viaje que nos traslada de un lugar a otro, es también una huida y un encuentro, es un sendero que se abre desde la juventud hasta la necesidad de entrar en las reglas del juego y asumir la edad adulta. Su protagonista, narrador y dueño de los hilos que se manejan a lo largo del relato, corre por ese sendero sin saberlo, sin ser plenamente consciente de que su realidad esta cambiando, modificándose con cada paso que da. O tal vez si, pero desde la perspectiva que concede el presente a la memoria, desde la realidad que puebla a los recuerdos, aunque nunca podamos estar seguros de que esos recuerdos no son fantasmas que hemos imaginado.
Es un relato bello y triste, extremadamente bello y triste. La poética de su autor acompaña todo el relato, va dejando un reguero de pensamientos llenos de delicadeza y tocados por la pesadumbre y la melancolía, en especial cuando Alicia, la mujer fantasma, la mujer soñada, la mujer de todas las caras, habla, en esos diálogos se concentran reflexiones y se establecen las claves y pautas del relato,


“Estoy hablando de la belleza, de la capacidad de dejarnos herir por ella.
¿La belleza?
Quién nunca ha fantaseado con la propia muerte es incapaz de dejarse herir por la belleza.
La belleza y la muerte. Tiene sentido.
Nada lo tiene. Pero resulta alentador pensar lo contrario.
La belleza, el modo de apreciarla o de vivirla, dependiendo de la edad. Al principio identificamos belleza y alegría, pero con el paso del tiempo la cosa cambia. Después no resulta complicado escribir en una misma frase las palabras ¨muerte¨ y ¨belleza¨. Será porque cerca del final, me refiero al final de algo que creímos importante, agudizamos nuestra capacidad perceptiva”

Javier Cánaves nos hace transitar por un paisaje desolador, gran parte del relato transcurre en Fuerteventura, coincidiendo el desierto y la soledad de la mirada externa del narrador con su vacío interior, con su enfermedad sin cura, con su soledad poblada de derrotas. También es una historia de amor, un amor condenado al fracaso y al suicidio porque “Sólo el amor puede salvarnos, pero al final lo único que hace es destruirnos”.
No es una novela fácil de leer, primero porque es triste e incluso, cruel, segundo porque exige del lector atención, se mueve en un mundo de idas y venidas del presente al pasado y para no perder el hilo argumental hay que dejarse llevar al universo construido por el autor, seguir los secretos que nos va desvelando y entrar en el juego del flashback de su mano.
Lean, lean “La historia que no pude o no supe escribir” y comprueben si aún quedan instantes que exprimir entre sus manos o si ya han agotado todas sus renuncias…

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El breve contrato

<h3>El breve contrato</h3>

Esta afirmación que podría parecer una declaración de intenciones, incluso una provocación, "leo mucha poesía", es en realidad una razón vital y necesaria en los últimos tiempos. Mi pasión lírica se ha agudizado y, a veces, siento que voy a caer en un coma poético, que me derrumbaré recitando esos miles de versos que pueblan mi cabeza, atada a las vanguardias de la década y engranando, entre verso y verso, algún ensayo crítico. Y no, no vengo a escribir sobre otro poeta (aunque este mes centra toda mi atención uno, esperaré a terminar con el, con el libro, no con el autor, la “bardofagia” aún no se encuentra entre mis preferencias alimentarias). Todo esto viene al caso porque en esta marea en la que me veo inmersa me sacuden y revolucionan ideas estrambóticas, aunque tal vez no haya que achacárselas a la pobre poesía…

Venía pensando que el amor es como los contratos, según las obligaciones que engendran pueden ser unilaterales o bilaterales (sobre esta cuestión sobran ejemplos, ¿quién no se ha enamorado de forma unilateral? ¿cuántos amores no correspondidos pueblan nuestras vidas?). En función de las ventajas que se obtienen, onerosos o gratuitos (este caso yo creo que está íntimamente ligado al anterior, si son gratuitos y sólo una de las partes obtiene utilidad, es que de nuevo te has enamorado de quien no debías). Además los onerosos pueden ser conmutativos o aleatorios (aquí debería de presidir la idea de que la prestación a percibir este claramente determinada para cada una de las partes, sin embargo, a menudo nos movemos en el amor por el cenagoso pantano de la incertidumbre y, casi siempre, si acaba la incertidumbre es porque una de las partes pierde y la otra gana). También pueden distinguirse, según su naturaleza, entre contratos principales y accesorios (aquí basta con que os diga que los accesorios se denominan también contratos de garantía, en innumerables ocasiones hemos oído esas promesas que después son barridas como las hojas del otoño). Como no quiero alargarme con mi disertación jurídico-amorosa sólo señalaré que, entre otras clasificaciones, pueden ser formales o no formales (esta distinción es intrínseca a cualquier relación sentimental) o bien, públicos o privados (¡casémonos! o ¡ya estoy casado!). Y así hasta el infinito.

Todo esto me hace cuestionarme el amor, qué es lo que en realidad esperamos de ese sentimiento, qué estamos dispuestos a dar, qué implicación esperamos del otro y, sobre todo, de nosotros mismos. Aunque si acaso he llegado a alguna conclusión es que yo sólo firmo contratos en precario y aleatorios…

Por supuesto nada mejor hablando de amor y contratos que traer “El matrimonio Arnolfini” de Jan Van Eyck, pintura repleta de simbolismos y en la que se recreaba la celebración de un contrato, matrimonial, pero contrato.

El tiempo es un laberinto

<h3>El tiempo es un laberinto</h3>

 

Siguiendo los impulsos del acróbata que habita en mí, me lanzo sobre la hoja en blanco del ordenador, convertida en el alambre sobre el cual transitar. En un año la vida te zarandea en demasiadas ocasiones para que pretendas hacer como si no hubiera pasado nada, y como en una hermosa contradicción, vuelvo a encontrarme en el mismo punto de partida. Releo lo último que dejé aquí y podría suscribirlo hoy palabra por palabra. Me gusta esa sensación, el reconocimiento de lo propio, y, sobre todo, la emoción de tener las ventanas abiertas de par en par.

En este año he leído casi un centenar de libros, he conocido a bastantes personas, me he enriquecido en sentimientos y palabras, he crecido (sólo por dentro, bueno, tal vez por fuera un par de kilos) y he mantenido indelebles algunas de las cosas que me conforman. Nada fuera de lo corriente, lo mismo que cualquiera que me lea.

Y por no perder buenas costumbres, acabé con poesía y con poesía continuo. Hace apenas dos meses Tomas Tranströmer recibió el Premio Nobel de Literatura. Que un poeta salga a la luz siempre es un motivo de alegría, en este caso doble, ya que Tranströmer ha sido un desconocido incluso para los lectores habituales de poesía. Yo no había leído más allá de unos cuantos poemas sueltos en páginas de la red, pero un día magnífico en el Festival Eñe propició que conociera a Carlos Pardo, autor del prólogo de El cielo a medio hacer, y desde entonces el poeta sueco ha encontrado cobijo en mis manos. Es difícil explicar como un anciano sueco encuentra su eco en mí, en la distancia del tiempo y el espacio, pero eso es parte del misterio de la poesía, nada nos es extraño. Me gusta el nuevo Nobel, es limpio y puro, sus versos son sencillos en el exterior, pulidos, y sin embargo, llenos de sutiles imágenes. Bucear entre sus palabras es también abrir una puerta a dejarte invadir por una melancolía oscura no exenta de esperanza, como una moneda de Jano, como el hombre en definitiva (entresaco de sus versos: “Cada persona es una puerta entreabierta / que lleva a una común habitación”). Os dejo uno de sus poemas en prosa (me costó mucho elegirlo, me entusiasman tantos…), disfrutad de Tomas Tranströmer dejaros seducir y recordad, como él mismo dice:”lo escrito no se puede retirar”.

MADRIGAL

Heredé un bosque oscuro al cual rara vez voy. Pero llegará el día en que muertos y vivos cambien de sitio. Entonces, el bosque se pondrá en movimiento. Aún nos queda esperanza. A pesar del trabajo de numerosos policías, el crimen más grave queda sin resolver. Heredé un bosque oscuro, pero hoy camino por otro bosque, el claro. ¡Todo lo viviente que canta serpea se sacude y repta! Es primavera y el aire es muy intenso. Me he graduado en la universidad del olvido y tengo las manos tan vacías como la camisa que cuelga en la cuerda.


Borrachera de vivir

<h3>Borrachera de vivir</h3>

Apenas ayer escribía sobre la necesidad de hablar de mi entre estas hojas sueltas del cuaderno olvidado. Hoy me da la oportunidad un candil que brilla entre las demás luces que me acompañan. Quizás sea por su humildad o, tal vez, porque el aceite que prende en su interior nunca deja de fluir. Blas de Otero me empuja a escribir, llega calladamente a mis manos este poema suyo:

Dentro de poco moriré.
El zafarrancho de mi vida
toca a su fin. El alma está partida,
y el cuerpo a punto de partir. Lo sé.

Amé la vida, sin embargo.
Bien sabes tú que la amé mucho.
Aunque me expulsen de la vida, lucho
aún. Ancho el amor y el dolor largo.

Veo los ríos, me conmueven.
Contemplo un árbol, quedo absorto.
El mar inmenso me parece corto
de luces frente a muertos que se mueven.

He caminado junto al hombre.
Participé sus arduas luchas.
Muchos han sido los fracasos; muchas
más las conquistas que no tienen nombre.

Dentro de poco moriré.
Aqui esta todo mi equipaje.
Cuatro libros, dos lápices, un traje
y un ayer hecho polvo que aventé.

Esto fue todo. No me quejo.
Sé que he vivido intensamente.
(Demasiado intensamente.) Enfrente
está el futuro: es todo lo que os dejo.

(“Penúltima palabra” del poemario “Hojas de Madrid con La galerna”)

Estos versos forman parte del legado inédito de Blas de Otero a su muerte. Han esperado treinta años desde su desaparición para ver la luz. Su último amor, Sabina de la Cruz, ha sido la editora y por fin, en el 2010 ha sido publicado. Escribía el autor a Sabina: “Cuando yo muera, tú te sentarás a la mesa con el pelo entrecano releerás mis papeles, mis cuadernos, mis desdichas”. Y Sabina cumplió las palabras de Blas de Otero.

Yo creo que todos quisiéramos dejar palabras como estas escritas en tinta indeleble en nuestras vidas, conmover el corazón de los demás con ellas y sentir que hemos vivido demasiado intensamente.

Mediada mi vida (siendo sinceros seguramente traspasado ese umbral de la mitad, el tabaco y el estrés no ayudan a alargar los años por vivir) reflexiono sobre ella. No sé si he vivido intensamente, sólo puedo decir que nunca dejé pasar una oportunidad, y si así ocurrió, es que no era “mi oportunidad”. He conocido los pozos negros que siempre tienen salida y los amaneceres brillantes que están cercados de sombras. He caído mil veces y mil una me he levantado para empezar de nuevo, he bebido las doscientas copas del dolor y las cuatrocientas de la dicha (siempre puedo contar más alegrías que penas). Y lo mejor de cuando miro atrás es saber cuanto queda por delante, saber que el camino aún me aguarda con otras mil aventuras y desventuras, que aún me quedan muchas copas que beber en esta borrachera que es vivir.

Y tampoco sé la razón pero en esta mañana de frío de enero, esos días en que menos apetece abrir las ventanas para que no escape el calor de la casa, me he levantado y he corrido los postigos de mis ventanas, la luz ha entrado levantando la oscuridad de los rincones y cuando el sol se reflejaba nítido en las paredes, he abierto de par en par las ventanas dejando que el soplo fresco del aire de este invierno borrara todo el polvo acumulado en los muebles. Y he sentido la necesidad de contarlo… ¡Qué cosas!

Libros, siempre libros...

<h3> Libros, siempre libros... </h3>

Me recuerda C. que prometí dejar constancia de mis reseñas en el cuaderno (claro que no hay que olvidar que su última anotación veleidosa fue el año pasado...). Ahora que han terminado las "malditas Navidades" es un buen momento para abrir más libros, y aunque dos reseñas podrían significar dos anotaciones en este pobre cuaderno olvidado, estamos de rebajas y voy a ofrecer un dos por uno.

El primer libro, de cuidada edición y de autor completamente desconocido para mi hasta que empecé a perderme en sus páginas, es "Un general confederado del Big Sur", de Richard Brautigan. Merece la pena sumergirse entre las páginas del sur más profundo y dejarse llevar por el humor surrealista que rezuma cada una de las situaciones que nos cuenta Brautigan. Una historia de perdedores y seres marginales enfrentándose desde el absurdo a la vida.

El segundo es "Sospecha" de José Ángel Mañas, una novela negra con ritmo de película americana de los cincuenta. Todo transcurre en un Madrid cercano y conocido para todos los que vivimos en esta ciudad que tiende a la locura. Y de eso se nutre la historia, de emociones, sinrazones, pasiones y odios. Entretiene y hace desear saber el desenlace pero cuando llegas a este te quedas con la impresión de que al autor le han dicho que seiscientas páginas es mucho para una novela y él se ha puesto a recortar, dejando una factura descriptiva impecable que se rompe en las últimas treinta páginas. El resto, muy bueno.

Cumplidos mis deberes me dan ganas de escribir más de mi, pero eso habrá que dejarlo para otro día, por ahora, sigo más viva que nunca.

El descubrimiento de la poética

<h3>El descubrimiento de la poética</h3>

Lo sé, no tengo fuerza de voluntad, se me pasan por la cabeza mil ideas que plasmar en este cuaderno y voy dejándolas olvidadas en un fondo de armario que parece no tener fin. En estos últimos meses he decidido dar un empujón a mis ganas de escribir, aunando mi pasión por la lectura con el deseo de transmitir. La oportunidad me la ha dado Anika entre libros. El sistema es sencillo, yo leo y luego intento contar que he leído, que he sentido al leerlo, teniendo cuidado de no desgajar el contenido de mi lectura por entre las palabras y, sobre todo, de no dejarme llevar por ese lirismo que marca lo que escribo. Esta segunda parte ha sido la más difícil, pero creo que he conseguido algunas de las metas que me propuse cuando comencé esta andadura.

La primera reseña ha sido "Yo, Kótik Létaiev" y, como en este cuaderno si puedo dejarme llevar, os diré que es fantástico. Nunca había leido a Andrei Bieli, y enfrentarme a él con las páginas que la editorial Nevsky Prospects ha impreso por primera vez en castellano, una experiencia dulce y poética.

Y si quereis saber más, "Yo, Kótik Létaiev" os espera... Ahora ya soy una rusófila confesa.

Y comencé a volar

En la Fundación Canal podemos disfrutar estos días de la exposición "Los límites de la transparencia". En ella se recogen 34 obras de Jorge Oteiza, las que componen el llamado "Propósito experimental" y con las que obtuvo en 1.957 el Primer Premio de Escultura de la IV Bienal de São Paulo (Brasil). En esta etapa de su carrera Oteiza trabaja en la experimentación escultórica basada en la definición y articulación de unidades abiertas o livianas para la activación espacial a partir del uso del vacío y lo negativo, y de la desaparición de la expresión a través de lo receptivo y lo quieto. Este proceso, desarrollado por medio de pequeñas maquetas en materiales como la tiza y que conforman el Laboratorio Experimental, acabará plasmado en esculturas realizadas en piedra y en construcciones hechas a base de finas chapas de metal ordenadas en familias experimentales: Desocupación de la esfera, Apertura de poliedros, Construcciones vacías, Cajas vacías o metafísicas.

El final lógico para Oteiza de este proceso de desmaterialización, de síntesis, de vaciamiento de la escultura son sus esculturas mínimas y vacías realizadas entre 1958-59, en ese momento el artista decide dar por concluida su trayectoria escultórica, abandonando la escultura.

Decía el artista: "A mayor masa, a mayor proporción de materia tangible de escultura, de poderosa apariencia de escultor, corresponde un espacio libre más indiferente, o totalmente ajeno a la misma obra. A la inversa, a escultura menos complicada, un espacio libre más activo. Justifico en parte así, con esta simple observación, el carácter de la obra que envío. En ella me planteo la naturaleza estética de la estatua como organismo puramente espacial, exactamente, la desocupación activa de la estatua por fusión de unidades formales livianas".

De entre las esculturas que se recogen en la muestra destaca "Flotación. Escultura lunar", en la que se observa la influencia del suprematismo de Malevich, reduciendo al mínimo los elementos, donde sólo actúan como notas discordantes de ese minimalismo los tres apoyos necesarios para la sustentación de la escultura.

Oteiza - Malevich

En "Apertura por conjunción de dos cuboides vacíos" también se recogen influencias de Mondrian, en busca del arte puro, de la abstracción geométrica. (La escultura de Oteiza es en caliza blanca pero esta es la única imagen que he podido encontrar).

Oteiza - Mondrian

Por último me han impactado sus "Cajas metafísicas", "Homenaje a Fray Angélico" y "Homenaje a Leonardo", tal vez porque en ellas se contiene el espíritu de Oteiza, su fe.

Oteiza homenajes

El mismo Oteiza nos da las claves de su obra: "Odio la obra de arte. El arte no está en las esculturas está en otro sitio. Mis cajas metafísicas son las latas vacías con las que me he alimentado. [...] La poesía es lo que me cura, lo que me quita la angustia y me devuelve el equilibrio. La poesía es mi marcapasos.".

 Y termino con un retazo de un poema del escultor :

"Toco mi soledad como esas maderas mojadas

que dejan altas mareas en las playas.

Es frecuente encontrarnos con un perro que ha sido abandonado

yo soy ese perro abandonado

larga mancha mi corazón hormiguero de sombra y vino

ángel de ahuecada madera con sus dos manos de trompeta."

(Nota al margen, el box y blogia no se llevan bien, ¿alguna página tipo box para subir archivos? Gracias)

Y me muero por volver

Valdría un "Y decíamos ayer" pero me cuesta volver después de casi dos años con una frase tan concisa, tan pequeña. Aunque es la realidad, ha pasado el tiempo, la vida, y apenas ha cambiado nada. Estoy, como siempre, donde elegí estar. Me ha costado mucho dar este paso. No sabía como comenzar, en que punto de la historia añadir nuevas hojas a este cuaderno. Algunas noches me he paseado por él, sintiéndole como algo extraño y lejano a mí, costándome el reconocerme en muchas de las notas que lo pueblan. He vivido en una especie de amnesia, olvidada de las palabras, toda mi vida impregnada de un sentimiento único que no me dejaba respirar ni una letra. Poco a poco, he ido recuperando la que soy, poco a poco he vuelto a tener ganas de contar, de dejar que los dedos paseen por este viejo teclado. Me he sorprendido algunos días imaginando como podría ser una anotación sobre aquella pintura que me miraba, sobre el poema que dejo un rastro de hormigas en mi piel, sobre la canción que cantaba el chico de la playa. Y empecé a añorar las hojas sueltas, deseé volver atrás y poder escribir "Y decíamos ayer". Del deseo a la acción han pasado meses, dándole vueltas a escribir en otro sitio porque aún me sentía como una ladrona de espacios, porque este era el alambre de la funámbula y yo no era ella. Hoy me siento de nuevo la funámbula, siempre en el alambre, en el filo de la verdad y la mentira, de lo posible y lo imposible, de lo trágico y lo grotesco.

Y si, soy la misma, volveréis a leer sobre pasión, sobre sentimentalismo, sobre emociones y muy poco raciocinio, seguirá sin haber lógica ni cerebro, es mi naturaleza. Volverán a poblar los fantasmas de los suicidas las páginas del cuaderno, los románticos incurables dejarán su tinta indeleble, los ilusos constructores de castillos en el aire me acompañarán, mis obsesiones y mis fobias pugnarán por escapar de la cárcel de mis palabras, mis amores derribarán las tapias de la corrección.

Me siento como el hijo pródigo, hoy más que nunca este cuaderno no es un hijo, es un padre que me vuelve a acoger después de la travesía del desierto, no puede vivir en la arena quien nació para resistir el embate de las olas.

Bienhallados, sigamos con la espiral.

Los jinetes sin corazón

<h3>Los jinetes sin corazón</h3>

Demasiado tiempo durmiendo el sueño de los justos, es la hora de hacerle salir a la pista del circo, señoras y señores con ustedes: Stephen Crane.

 

EN EL DESIERTO

En el desierto

Vi una criatura, desnuda, bestial,

Que, en cuclillas sobre el piso,

Sujetaba su corazón con sus manos

Y comía de él.

Dije: "¿Está bueno, amigo?

"Es amargo - amargo," contestó;

"Pero me gusta,

Porque es amargo,

Y porque es mi corazón."

IN THE DESERT

In the desert

I saw a creature, naked, bestial,

Who, squatting upon the ground,

Held his heart in his hands,

And ate of it.

I said: "Is it good, friend?"

"It is bitter - bitter," he answered;

"But I like it

Because it is bitter,

And because it is my heart."

 

No esta mal para empezar ¿verdad?. En realidad sólo es un aperitivo, Stephen Crane (1.871-1.900) necesita muchas lecturas. Nacido en Newark su padre era un pastor metodista cargado de hijos (él sumaba el número catorce). Mal estudiante, recorrió colegios y universidades de forma irregular hasta que empezó a trabajar como periodista en Syracuse y después en Nueva York como reportero de calle. Fruto de ese trabajo fue su primera novela, con poco éxito, "Maggie, una chica de la calle" donde describía los bajos fondos neoyorkinos que tan bien conocía. Al año siguiente, con tan sólo veinticuatro años, publicaría la novela que le daría el reconocimiento "La roja insignia del valor". En ella describe tres días de la vida de un soldado de La Unión en la Guerra de Secesión americana. Seguramente hay un antes y un después en la literatura "de guerra" con esta novela, con Crane se humaniza, cuenta de forma descarnada y franca el paso de la juventud a la madurez a través del horror. Su protagonista quiere ser un héroe, se cuestiona su propio valor y termina por entender lo insignificante de su vida. Sólo otro grande como Huston podría atreverse a llevarla al cine.

Gracias al éxito de "La roja insignia del valor", Crane es contratado para cubrir la guerra entre Grecia y Turquía en 1.897, pero sobre todo la guerra del 98 en Cuba. Allí y con su figura emerge lo que actualmente conocemos por periodismo de guerra, la importancia del hecho observable. Hasta Crane se escribía sobre las guerras desde la silla del periódico, a partir de él los fotógrafos y reporteros comprendieron que hay que estar dónde ocurre el hecho, vivirlo para contarlo, el famoso compromiso con la realidad. Toda esta experiencia vital quedará volcada en "Heridas bajo la lluvia".

Pero no se conformará el joven con Crane con la novela, los cuentos o los artículos periodísticos, también da forma a un conjunto de poemas breves e intensos como el que encabeza esta anotación perteneciente a "The black riders".

Stephen Crane vivió rápido e intensamente, murió a los 30 años de tuberculosis y de él dijo Joseph Conrad "Stephen Crane posee los ojos de un ser que no sólo ve visiones, sino que es capaz de cavilar sobre ellas con algún fin". Otro seductor visionario que pasa por esta pista circense, espero que los jinetes negros sigan cabalgando aunque les falte el corazón.

Si se me diera el olvido (Fiebre y lanza)

<h3>Si se me diera el olvido (Fiebre y lanza)</h3>

Cuando se publicó "Veneno y sombra y adiós" de Javier Marías, después de leer las elogiosas críticas que acompañaban su lanzamiento pasé por la librería para comprarla. Recordaba haber leído del mismo autor "Corazón tan blanco", aunque en mi memoria aparecía desdibujada su trama. Con la novela en la mano y a punto de pagarla me dí cuenta de que ese libro formaba parte de una trilogía y no era justo empezar por el final, así que retrocedí y cambié mi opción, cogí "Tu rostro mañana. 1 Fiebre y lanza", comienzo de la trilogía de Marías. No sé si hubiera acertado de no haberlo hecho de esta manera, pero puedo aseguraros que hacia mucho tiempo, demasiado seguramente, que un retazo de literatura no me empujaba a leer con un lápiz en la mano, subrayando, escribiendo en los márgenes del libro, acotando ideas, dejando notas para posteriores búsquedas. La mayor satisfacción que una novela puede darme como lectora es esta, sentir vida que traspasa la ficción y a la vez, sentir que formo parte de la trama, en una doble vía que fluye ligera.

Desde el principio, antes de abrir una sóla de sus páginas me quedé aferrada a su título "Tu rostro mañana", intentando explicarme el por qué de esa llamada de atención. Javier Marías toma el título de Shakespeare, "Enrique IV", segunda parte, acto II, escena II:

"What a disgrace is it to me to remember thy name! Or to know thy face tomorrow!"

Y, si como dicen, la primera frase de una novela puede delimitar el camino entre el éxito y el fracaso, para mi Marías iba camino de la gloria:

"No debería uno contar nunca nada, ni dar datos ni aportar historias ni hacer que la gente recuerde a seres que jamás han existido ni pisado la tierra o cruzado el mundo, o que sí pasaron pero estaban ya medio a salvo en el tuerto e inseguro olvido"

El escritor hace un intento en contra de su propio interés, establece las bases que dinamitará a lo largo de la novela, donde contará y contará, no parará de contar, de narrar, jugando con el lector a enseñar sin mostrar, a que vislumbre la verdad de la mentira.

"Hablan los libros en mitad de la noche como habla el río, con sosiego o desgana, o la desgana la pone uno con su propia fatiga y su propio sonambulismo y sus sueños, aunque esté o se crea muy despierto."

El protagonista, la voz que no cesa, es Jacques Deza, pero no sólo Jacques, también es Jacobo, James o Yago. Ha vuelto a Londres, dónde residió tiempo atrás como profesor en Oxford, después de su divorcio. Es reclutado para un equipo secreto del Servicio de Inteligencia, las personas que forman parte de ese equipo tienen un don, predicen que hará cualquier persona en el futuro, como se comportará. De esta forma la novela gira sobre la confianza y la traición, la palabra y el secreto, la realidad y la mentira, el azar y el tiempo. Y bajo el hilo de las reflexiones de Deza y sus interlocutores se desliza la guerra y la muerte, crímenes no resueltos y batallas perdidas.

"Las mentiras son las mentiras, pero todo tiene su tiempo para ser creído."

"La verdad se vuelve inverosímil a veces con el paso del tiempo; se aleja, y entonces parece fábula, o ya no más la verdad."

Deza recuerda en un momento concreto las palabras de su padre, "...lo interesante y difícil, lo que puede valer la pena y lo que más cuesta, es seguir: seguir pensando y seguir mirando más allá de lo necesario, cuando uno tiene la sensación de que ya no hay más que pensar ni nada más que mirar, que la secuencia está completa y que continuar es perder el tiempo. Lo importante está siempre ahí, en el tiempo perdido, en lo gratuito y en lo que parece superfluo...", esta reflexión será de alguna manera el impulso de Deza, no basta con las apariencias, lo que quieres ver está siempre delante de ti, "quien está dispuesto a ver, al final ve casi siempre".

La novela deja abiertas puertas como corresponde a algo inacabado, enigmas (una mancha de sangre anónima, una mujer que pasea con un perro) que podemos intuir por las pistas que el autor nos ha ido dando, nunca de forma clara y fehaciente, siempre por medio de recorridos ocultos. Podría parecer una novela de intriga aunque no lo es, sin embargo, lo parece... la apariencia.

"Calla, calla y entonces sálvate", este es el mantra que Jacques Deza se repite, en el silencio está la salvación y por ello, nunca deberíamos contar nada.

Mientras tanto acabo de empezar a leer "Tu rostro mañana. 2 Baile y sueño", ya os contaré porque siempre merece la pena pese a que Javier Marías diga, "y a qué tanto sueño y, aquel rasguño, mi dolor, mi palabra, tu fiebre, y tantas las dudas, y tal tormento."

Atrapados en el hielo


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Hace unas semanas recorrí un viaje fascinante en el Museu Marítim de Barcelona. Algunos años atrás alguien me hablo por primera vez de Ernest Shackleton, me sedujo su vida, sus aventuras de novela de Verne. Creo que es último "explorador" entendido como aquellos hombres que se embarcaban con el único afán de descubrir e investigar lo desconocido. Y también me parece que vivió la última aventura real, al estilo de los siglos XVIII y XIX. Enamorado y cautivado por la Antártida su primer viaje lo realizó acompañando a Robert Falcon Scott en 1.901. Pocos años después se embarcaría en otra expedición antártica, la Nimrod, en la que lograron la localización del polo sur magnético. Y por fin en 1.914 parte de Londres la expedición Endurance, llamada así por el barco en el que la emprendieron. La exposición del Museo Marítim versa sobre la odisea del Endurance. Desde su comienzo la expedición destila un aroma de epopeya con el ya famoso anuncio que publicó Shackleton en la prensa británica para reclutar a los integrantes:

"Se buscan hombres para un viaje peligroso. Sueldo bajo. Mucho frío. No se asegura retorno con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito".


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Pero no creo que fueran conscientes de la crueldad y de las situaciones extremas en que se verían envueltos. El objetivo de la expedición era atravesar la Antártida desde el Mar de Weddell para llegar al Mar de Ross.


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En septiembre de 1.914 llegan a la costa de Georgia del Sur, donde tienen que parar durante un mes debido al mal tiempo. La banquisa o agua de mar congelada que forma una capa de hielo flotante impedía continuar viaje. Por fin en diciembre retoman su viaje, atravesando por entre los canales o vías que se abren en la capa de hielo. En enero el Endurance se encuentra completamente atrapado en el hielo del Mar de Weddell sin vía de escape posible. Aguantan dentro del barco hasta octubre de 1.915 en que el Endurance, escorado y sometido a la presión del hielo, deja de ser seguro. Escribe Shackleton en su diario:

"La posición es 69º 5' de latitud Sur, 51º 30' de longitud Oeste. La temperatura -20º C. una delicada brisa del sur sopla y el sol brilla en un claro cielo. Después de largos meses de ansiedad y tensión, después de momentos en los que la esperanza afloraba y momentos en los que el futuro se nos presentaba negro, nos vemos obligados a abandonar el barco, que se encuentra destrozado y sin posibilidad de reparación, estamos vivos y bien, y tenemos víveres y equipamiento para alcanzar nuestro objetivo. Nuestro objetivo es alcanzar tierra con todos los miembros de la expedición. Es duro escribir lo que siento."


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Los 28 hombres que componían la tripulación desembarcan y establecen un campamento sobre el hielo, poco después el Endurance se hunde. A partir de este punto su viaje es cada vez más penoso y arriesgado. Deciden avanzar por la banquisa hasta la Isla de Paulet arrastrando todos sus enseres y tres botes salvados del Endurance. Sin embargo también tienen que desistir de esta tentativa y optar por quedarse sobre el hielo, flotando a la deriva en espera de que las corrientes marinas les lleven hacia el norte. En abril de 1.916, debido al aumento de temperatura, la masa de hielo empieza a fragmentarse y se embarcan en los pequeños botes con los que consiguen llegar por fin a tierra firme, la Isla Elefante. No acabarían allí las penalidades ya que estaban aislados y sin posibilidad de recibir ayuda. Shackleton toma la decisión de coger uno de los botes y junto al comandante del Endurance, Worsley, el segundo oficial, Crean, y los marineros, MacCarthy, McNeish y Vincent, se embarca rumbo a la isla de partida, Georgia del Sur, para conseguir ayuda. Salieron el 24 de abril y tocaron tierra el 15 de mayo. Fue un viaje horrible, sin apenas provisiones, sobre un bote ballenero y que sólo pudieron llevar a término gracias a la pericia de los hombres que iban en él. Por último, una vez llegados a Georgia del Sur, cruzaron 40 kilómetros en menos de dos días por paisajes helados y glaciares hasta conseguir ayuda en el puerto ballenero de Stromness.


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Durante meses Shackleton intenta desesperadamente el rescate del resto de la expedición, el 30 de Agosto de 1916, a bordo del remolcador chileno Yelcho, Shackleton consigue llegar a la Isla Elefante. Desde cubierta cuenta los hombres que se ven en la playa, veintidós, todos. Habían sobrevivido en la isla 105 días.

Aunque esta aventura tiene motivos propios más que sobrados para engrosar la lista de los "grandes viajes", parte de su gran difusión y reconocimiento esta en las fotos que Frank Hurley, fotógrafo australiano, consiguió de aquel suceso. La exposición se centra en el material de Hurley que da una idea veraz y real de lo ocurrido. Estos negativos llegan ahora hasta nosotros gracias a la valentía y también tozudez de su autor que estuvo a punto de perder la vida por conservarlos.

Perdonadme por lo extenso de la aventura, en el fondo yo sólo quería recomendaros la exposición pero creo que terminó la semana pasada, en cualquier caso podéis acceder al material de Hurley en la red y merece la pena contemplar su visión de uno de los últimos parajes no domesticado por el hombre, verdaderamente naturaleza salvaje en estado puro. Además os recomiendo pasear por el Museo, es fantástico, repleto de prototipos y maquetas, cartografía, instrumentos de navegación, mascarones e incluso una réplica a tamaño real de la Galera Real de Don Juan de Austria, nave capitana de la Batalla de Lepanto. Por último destacar su perfecta ubicación en las Reales Atarazanas, conjunto histórico construido entre los siglos XIII y XIV, bien conservado y restaurado.

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¿Qué me pasa, doctor?

No, no tiene nada que ver con la comedia de Peter Bogdanovich (traducido su título de forma penosa en España, como de costumbre) ni con las aventuras de Barbra Streisand y Ryan O'Neal. En este caso si existe un doctor al que preguntar.

Os pongo en antecedentes, es lunes por la tarde, llego a casa después de otro día más de trabajo, abro la puerta, dejo las llaves en el cenicero gigante de la entrada (tengo dos, cosas de las manualidades de mis hijas, nunca he sabido exactamente para que valían pero yo los utilizo de "acumulaporquería" básicamente), de camino hasta mi habitación saludo a las niñas y despido a sus abuelos, entro en mi habitación, me quito los zapatos y me desplomo. Y cuando digo me desplomo quiero decir que noto como mis miembros pierden fuerza, me invade un cansancio extremo y me empieza a doler todo el cuerpo, espalda, brazos, piernas, pecho. En esa situación lo único que se me pasa por la cabeza es pensar "pues si estaba cansada, si". Me quedo sentada en el borde de la cama, barajando las posibilidades que tengo de llegar hasta donde esta la ropa planchada y conseguir un pijama. No llegan a cero, menos uno. Llamo a las niñas y consigo que me traigan un pijama. Estupendo, ahora sólo tengo que desvestirme. Tras unos minutos en que la tarea de quitarme la ropa se convierte en un titánico esfuerzo, vuelvo a conseguir ayuda de una cría de siete años para ponerme el pijama, en ese momento ya no distingo cuál es la que me ha ayudado, supongo que debido a que he empezado a sufrir de escalofríos y tirito como si estuviera metida en un balde gigante de agua helada. Me transporto hasta el sofá, me tumbo y me pongo una manta por encima, mientras que pienso como una gilipollas, "esto del cansancio acumulado y el estrés es la pera, te deja fatal."

Para no extenderme un par de horas después y visto que sigo en tan lamentable situación, en mi cerebro se enciende una pequeña lucecita que dice "Anda ¿y por qué no te pones el termómetro? Chica, lo mismo es que tienes algo de fiebre". Una vez más pido ayuda para que me acerquen el termómetro. Es de esos que pitan y me impaciento, seguro que esta sin pila, lleva un buen rato y no ha pitado, intento ver de reojo cuanto marca sin sacarlo de la axila pero la tiritera no me deja concentrarme, mejor dicho no me deja tener la cabeza quieta para verlo. Harta de que no suene me lo quito y lo miro, 38,8, no esta mal, pero no ha sonado, aún me queda algo de conciencia para volver a ponérmelo y esperar pacientemente. Por fin suena el bip bip, ¡premio! 39,6. Pues si, es que tengo fiebre. A partir de aquí os ahorraré la noche que pasé y me traslado al martes por la tarde. Después de una mañana más o menos tranquila y con un fuerte dolor de cabeza empiezan los mismos síntomas del día anterior. Me acojono. Yo nunca estoy enferma, salvo los típicos resfriados invernales, desconocía que era tener fiebre, la última vez sería sobre los 12 años, y, sobre todo ¡no me duele la garganta! Única razón por la que podría tener fiebre según mi experiencia. Abro el pc, busco en google meningitis, leo... Empiezo a mover el cuello, arriba y abajo, a un lado y al otro, esto provoca que el dolor de cabeza se vuelva más agudo, pero sigo moviendo la cabeza. Después de un rato de ejercicios cervicales corro al espejo del armario, me desnudo e intento ver si tengo manchas en la piel, me quedan dudas, ¿será de la marca del pantalón o una mancha rosada?. Respiro aceleradamente, eso si (no me extraña, ya me veo en la cama de un hospital al borde la muerte, porque la mía es bacteriana fijo y he leído que tengo 24 horas para empezar el tratamiento... apenas me quedan dos). Dolores musculares si tengo y muchos, y lo de la diarrea, pongamos que me estoy cagando de miedo. Tengo que ir al médico, pero ya. Me visto inexplicablemente rauda para lo mal que me encuentro (lo que consigue el miedo) y casi corro camino de la consulta.

He llegado diez minutos antes de que empiece, no hay nadie, perfecto no tendré que esperar. Por fin después de largos minutos en que mi vida esta en serio peligro me llama el doctor para que entre en la sala dónde atiende.

Doctor: "Buenas tardes"

Ladydark:" Hola, buenas tardes"

Doctor:" ¿Qué te pasa?"

(Aquí le cuento mi odisea con pelos y señales añadiendo mi "profesional opinión" sobre lo importante que es el tiempo en esto de la meningitis. Me mira como si estuviera delirando, supongo que me disculpa por la fiebre.)

Empieza a mirarme la garganta, los oidos, me ausculta, golpecitos en el pecho, en la espalda. Me tumbo en la camilla, más golpecitos en el estómago. Me flexiona y extiende las piernas y los brazos. Mientras yo pienso que es una putada dejar huérfanas a dos niñas de siete años y estoy a punto de echarme a llorar. Termina y me dice que me incorpore y me vista. Espero el diagnóstico con el corazón en un puño, lo mismo me pega un infarto y le dan por saco a la meningitis.

Doctor:"Pues esto va a ser algo vírico, o lo mismo una neumonía por el resfriado mal curado de hace dos semanas. Te voy a mandar el ibuprofeno, un antibiótico, el fluomicil y un jarabe por si te da tos. Si notas opresión o dolor en el pecho o que quieres toser y te cuesta pásate por aquí otra vez."

(¿Lo del pecho será por el infarto?)

Total que meningitis no será pero el tío es un hacha, hoy he empezado a toser también...

Lo que pasa

<h3>Lo que pasa</h3>

A veces, en octubre, es lo que pasa...


Cuando nada sucede,

y el verano se ha ido,

y las hojas comienzan a caer de los árboles,

y el frío oxida el borde de los ríos

y hace más lento el curso de las aguas;

cuando el cielo parece un mar violento,

y los pájaros cambian de paisaje,

y las palabras se oyen cada vez más lejanas,

como susurros que dispersa el viento;

entonces,

ya se sabe,

es lo que pasa:

esas hojas, los pájaros, las nubes,

las palabras dispersas y los ríos,

nos llenan de inquietud súbitamente

y de desesperanza.

No busquéis el motivo en vuestros corazones.

Tan sólo es lo que dije:

lo que pasa.

Ángel González

Lo que pasa puede suceder en octubre o en enero, es lo que pasa, que una anda buscando un poema para recordar a Ángel González que se marchó en este frío mes y, de repente, surgen los versos que explican lo que te cala los huesos desde que te levantaste. Es lo que pasa, que "la poesía te ilumina, te aclara cosas, te explica el mundo y responde a esa necesidad de entender la vida" y ésta que me acompaña, la que busca, ese espejo en el que me reflejo y me reconozco, se pregunta por esa inquietud y desesperanza que me siguen en estos días. No yo, que ya he aprendido a no hacerme preguntas para no tener que escuchar las respuestas, es ella, que interminablemente inquiere por aquí y por allá. Y yo intento acallarla, pero es difícil mientras me susurra "estoy aquí,/ insomne, fatigado, velando/ mis armas derrotadas,/y canto/ todo lo que perdí: por lo que muero". Es lo que pasa, que no me conformo con su canto de sirena en mi oído, que me revuelvo y saco las uñas afiladas y a voces la cuento que: "Escucho tu silencio./ Oigo/ constelaciones: existes./ Creo en ti./ Eres./ Me basta". Y yo, pobre ilusa, supongo que la he vencido, que he dejado su voz adormecida entre las magnolias de la memoria, pero ella acecha por los rincones de mi casa y entre ruidos de vecinos, programas de televisión y el tic-tac de estas teclas, la oigo, es lo que pasa:" Aquello/ que quizá hubiese sido/ posible,/ que sería posible todavía/ hoy o mañana si no fuese/ un sueño". Busco evadirme de ella, no la miro, y aunque reclama mi atención, me invento excusas para sacarla fuera, ponerla en la puerta y que ande en enero murmurando a los charcos de mi calle, porque, al fin y al cabo, le explico que: "Después de haber hablado,/de haber vertido lágrimas,/silencio y sonreíd:/nada es lo mismo./ Habrá palabras nuevas para la nueva historia/ y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde".

Aquí os dejo las pruebas de la batalla, sé que no la he convencido y que esta noche dormirá de nuevo sobre mi almohada porque no la gusta el frío, es lo que pasa.

*Gracias mil a mi Vailima que además de salvarme del laismo imperial, ¡me ha enseñado a modificar el artículo sin que desaparezcan los comentarios!

Heart and Soul

<h3>Heart and Soul</h3>

Tenía cien hojas escritas, arrancadas del cuaderno y pendientes de pegar en esta pantalla, sin embargo después de leer hoy a NoSurrender he optado porque sigan durmiendo el sueño de los justos, que sigan descansando en la espera Shackleton, Stephen Crane, Martí i Pol, Tomaso Campanella o Ángel González. Su evocación de Ian Curtis ha resultado ser la madeja que ha tirado de muchos de mis recuerdos. Creo que estaba predestinada a cruzarme con Ian Curtis, (NoSurrender diría que era evidente, se suicidó...) como no hacerlo con un tipo que había escogido como nombre para su grupo el que recibían las mujeres judías de los campos de concentración nazis que eran tratadas como esclavas sexuales. Seguramente Ian Curtis había leído "House of dolls" de Ka-Tzetnik 135633, seudónimo de Yehiel De-Nur, "el prisionero 135633", tan seguro como que yo nunca había oído hablar de Joy Division hasta el día que conocí a un adolescente extraño y tímido, que andaba siempre con la mirada perdida. Le había visto mil veces en el colegio pero nunca había reparado en él, recuerdo que tenía la habilidad de conseguir pasar desapercibido pese a sus ropas estrafalarias y su aspecto extraño y desubicado en aquel colegio donde la mayoría luchábamos por hacernos un hueco en esa edad incierta que transcurre entre los catorce y los dieciocho años. Entonces, una tarde cualquiera, mientras subía la calle que me llevaba hacia mi casa, noté que alguien estaba muy cerca de mí, a mi espalda, esa sensación inquieta que nos invade cuando sentimos una presencia cercana. Giré la cabeza y ya había llegado a mi lado. Me saludó e intentó comenzar una conversación banal sobre alguna de nuestras asignaturas, o sobre uno de los profesores, con los años he perdido las frases que dijimos. Cuando ya estábamos cerca de mi casa y yo tenía que desviarme y cruzar una calle, me despedí de él con un "Hasta mañana" y en ese momento me dijo "Espera, tengo algo para ti". Sacó de uno de sus bolsillos del vaquero una hoja de papel, doblada cuidadosamente, y me la entregó. Yo no sabía que hacer, dudaba si abrirla o guardármela, incluso un escalofrío me recorrió la columna pensando si en realidad no se trataría de un enfermo o si podría hacerme daño. Me quedé mirando el rectángulo de papel en mi mano y decidí desplegarlo y leerlo, allí mismo. Era una especie de poema, estaba escrito en inglés y al lado su traducción, con una letra pequeña y casi sin espacios. Supongo que debió de notar mi confusión, porque en realidad yo no entendía nada, no sabía que hacía parada delante de un semáforo con un poema en inglés entre las manos que me había dado el chico más raro de 2º de BUP. Me explico, al principio con un hilo de voz que se fue afianzando según avanzaba en su historia, que era una canción de un grupo británico, su favorita, que el cantante se llamaba Ian Curtis y que se había suicidado, de dónde provenía el nombre del grupo, que tipo de música hacían y como se habían reconvertido en "New Order". Yo escuchaba como quien esta oyendo un cuento hasta que él hizo un descanso en su pequeño relato y me asaltó como un relámpago la pregunta "¿Y por qué me la has dado?". Él se quedó muy serio y mientras me miraba a los ojos dijo "Porque desde que te vi pensé que esta era tu canción".

Yo guardé la hoja en mi carpeta y crucé la calle sin mirar atrás. He estado buscándola, estaba segura de que retenía aun ese pedazo de papel, pero no lo encontré. Entre tantas derrotas por amor supongo que lo perdería, no sé si era mi canción pero sí que desde aquel tiempo siempre tengo presente que el amor nos destrozará, desde el primer día, en el primer cruce de miradas, con el primer beso, en mi cabeza resuena "Love, love will tear us apart again".

Tal vez por eso prefiero oír esta noche otra canción, esperando que mi banda sonora cambie algún día...


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Rumor de besos nocturnos

<h3>Rumor de besos nocturnos</h3>

Quijote: Quiero un beso.

Zingarella: Eso me ha hecho pensar en algo muy material, no me vale.

Quijote: Sí te vale, descríbemelo.

Zingarella: ¿Qué pasa por tu cabeza cuando alguien te pide un beso? De repente recuerdas todos los besos dados, que te saltan como chispas de un encendedor, calentando la memoria de un pasado cercano aún. También recuerdas mil besos perdidos, esos que nunca llegaron a ninguna parte, que se olvidaron entre noches sin luna y kilómetros de mareas en el asfalto de carreteras.
¿Cual describirías? ¿El real o el imaginado?

Quijote: Ambos se entremezclarían, se darían un beso de tornillo, el real y el imaginado. El deseo se hace inversamente proporcional a la distancia de los labios, que parecen haber llegado desde las antípodas de la noche y el día.

Zingarella: En el beso imaginado nos reconocemos en la distancia que no miden las manos, que no miden los brazos. Surge leve, apenas un soplo que quema los labios, anunciando hogueras futuras, quemando sin madera que arda.
En el beso real los brazos se encuentran y los labios son el combustible de la hoguera, cada suspiro en la boca del otro, el oxígeno que la alimenta.

Quijote: ¿Traspasamos las almas en los besos?

Zingarella: Según su manera, hay besos que llevan el alma, el cuerpo y hasta la historia de uno, esos besos en los que perdemos el sentido, cuando el mundo gira y nosotros permanecemos aferrados a una lengua.
¿Se besan las almas?

Quijote: En los besos se hallan los deseos, a veces las ansias, siempre los quieros, juegan a su alrededor los futuros y los pasados, habitados por el calor y los torbellinos, rechazados por el frío y la calma, pequeñas tempestades en miniatura...

Zingarella: Tengo otra pregunta que me acecha, hoy más que otros días.

Quijote: Veamos...

Zingarella: ¿Por qué la magia es un hilo fino que parece resistente mientras dura el hechizo y de repente se rompe y cuando menos lo esperas se rehace como truco de ilusionista ante tus ojos?

Quijote: La respuesta es...


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La vida en cine

<h3>La vida en cine</h3>

Empezar el año es una buena disculpa para escribir sobre cine. De acuerdo que es cine del antiguo, casi prehistoria del cine actual, pero en mi sigue latente la misma emoción que me acompañó cuando la vi en una sala del antiguo Museo Español de Arte Contemporáneo, en la actualidad, y desde la creación del MNCARS, Museo del Traje (me pregunto cómo se sentirán los museos degradados). Pero no quiero hablar sobre museos sino sobre películas, en este caso "Napoleón" de Abel Gance. Recuerdo la emoción de aquellos días en que mi ración semanal de cine consistía en un estreno, una película de cine negro americano de la década de los 40 y los 50 y una de los comienzos del cine. De esa manera llegué a conocer a directores como Griffith, Eisenstein, Murnau, Lang, Dreyer, Clair o Von Stroheim. Y claro también Gance. Cumpliendo una especie de rito sagrado mi amiga Begoña y yo nos embarcamos una tarde en aquella sala de cine, pensando que estábamos a punto de ver algo excepcional y único. Sabíamos del sentimentalismo que acompañaba a la restauración de Coppola, el entonces joven director llamando por teléfono al viejo maestro para que escuchara los aplausos, la sala puesta en pie ovacionando las cuatro horas de cine acompañado por la excelente música de Carmine Coppola dirigiendo la American Symphony Orchestra... También conocíamos las poderosas innovaciones técnicas de Abel Gance, incluso las vicisitudes que acompañaron el rodaje en los años 20. No nos equivocamos como demuestra que dos décadas después siga evocando en mi mente aquella tarde y las imágenes que la acompañaron.

El 7 de abril de 1927, más de dos años después de iniciarse el rodaje, "Napoleón" se estrena en París con una duración de 210 minutos, que fue ampliada a 350 minutos en las proyecciones que tuvieron lugar en el cine Apolo. En 1934 volvía a estrenarse en París, esta vez con diálogos y efectos de sonido añadidos. En 1971, una nueva versión se asomaba a las pantallas, con escenas recortadas o añadidas desde la última versión. En 1981 los estudios de Coppola, Zoetrope Studios, restauraron la copia original de 1927.

En el proyecto inicial de Abel Gance esta era solo la primera de seis partes sobre la biografía de Napoleón. Narra la vida del emperador desde que es un niño hasta el momento en el que su ejército emprende bajo su mando la campaña italiana. Nos cuenta la primera época de su vida, cuando fue no sólo un héroe nacional francés sino que además influyó en las ideas y los valores republicanos que afectaron a gran parte de Europa.

Aunque la película entusiasmó a todo el mundo durante su estreno por sus innovaciones y grandiosidad, al ser tan larga tenia pocas posibilidades en una época en la que se tardaba mucho en el traslado de la cinta de una ciudad a otra, y mucho más de un país a otro, de modo que con la aparición del cine sonoro se perdió rápidamente el interés. El proyecto inicial se vio truncado y la cinta sufrió una drástica reducción de su metraje.

Gance introduce en la película un sin fin de novedades, la proyección simultánea de tres imágenes en algunas secuencias lo que se convirtió en un antecedente del sistema Cinerama de los años 50, para ello usó varias cámaras rodando a la vez y posteriormente aparecía la imagen en pantalla de todas ellas, como sobre todo en las escenas de multitudes durante la parte final de la película en la que vemos que la pantalla se divide en tres partes que pueden filmar la misma situación o incluso insertar entre ellas primeros planos del propio Napoleón como victorioso conquistador. Además fue un pionero en la colocación de cámaras en lugares poco usuales por aquel entonces, a lomos de un caballo al galope, sobre un trineo, colgada en lo alto de un mástil, dando lugar a planos subjetivos desconocidos hasta aquel momento. Utilizó también cámaras pequeñas para encuadrar escenas de masas y batallas. Y aportó la división de la pantalla hasta en nueve partes distintas.

Os recomiendo que si tenéis oportunidad de verla en una sala de cine dejéis que el encanto de "Napoleón" os seduzca y conquiste porque la poesía fluye de esas imágenes, tanto que hasta un poeta, Antonin Artaud, se atrevió a ponerse en la piel del revolucionario Marat...

Al azar

<h3>Al azar</h3>

A veces escribo cartas que no viajan a ninguna parte, que vagan sin un punto final entre las hojas propias y extrañas, que no tienen besos, ni firma, ni posdata. A veces escribo cartas que supongo enviadas, que creo recibidas por su destinatario y días después descubro que permanecen en la bandeja de salida, abandonadas a un destino incierto que quiso ser y no fue. A veces escribo cartas que guardo debajo de papeles, encerradas en cofres que poseen sólo una llave que tiré al mar, cartas que debieran habitar mi olvido y sin embargo se empeñan en vivir en mi recuerdo. Otras veces escribo cartas floridas que intentan decir algo y se me olvida entre paréntesis y exclamaciones para que nacieron y llegan vacías y sin sentido a las manos de quien las recibe. Otras veces escribo cartas que nunca han salido de mí, que, como ilusiones, sólo persisten en mi cabeza. También están las cartas que nunca debí mandar, esas que escribo sin pensar, con el corazón golpeando en cada una de las teclas, como si vomitar mi interior hiciera más fácil digerir lo que tengo dentro. También están las cartas escritas y releidas, esas que he visto primero en mi cabeza y luego he mandado con la esperanza de que quien las abre entenderá los párrafos, el por qué de aquellos puntos y respirará con mis comas.

Otros días, como hoy, escribo cartas para gritar que no todo es lo que parece, que ni ayer fue el día más feliz de tu vida ni hoy es el más desdichado, que la ilusión existe y nos acompaña, que los finales son efímeros porque detrás de cada uno hay un nuevo comienzo, que cualquiera puede buscar y mirar, que esta carta no tiene destinatario pero si un final con principio y una posdata. En estas cartas dejo abierta la ventana, el aire frío de diciembre revuelve sus palabras y las hojas que las componen revolotean delante de mí. La vida es un juego en el que tiras los dados al azar, escogiendo caminos que tal vez sean equivocados pero que terminan por ser tu elección. Sólo tengo que alzar mi mano y escoger una de las hojas con alas mecidas por el viento.

¿Cuál?

Esta.

Posdata: "CARTA" - Julia Uceda

La página inundada de silencio.

¿La entiende alguien?

Escribiría: "Oigo

voces de muchos pájaros", o

"Se murió en el olvido", pero

¿lo entiende alguien?

Hábito de silencio,

de voces fragmentadas.

No, probablemente:

mejor ¿informaciones puntuales?,

que se dice.

Y la firma, sin fecha.

El resto del papel, meditando en silencio,

recorrido por la pluma sin tinta,

por la voz de una muda,

se dejará mirar.

Quizá se entienda.

El deseo en libertad

<h3>El deseo en libertad</h3>

 
 "To see a World in a Grain of Sand                   "Ver un mundo en un grano de arena
And a Heaven in a Wild Flower,                         y un cielo en una flor silvestre
Hold Infinity in the palm of your hand                tener el infinito en la palma de la mano
And Eternity in an hour."                                   Y la eternidad en una hora"
"Auguries of Innocence"- William Blake

Hoy se cumplen 250 años del nacimiento de William Blake, el 28 de noviembre de 1.757 nace en Londres el genial y enigmático poeta, pintor y grabador. Visionario, y no unicamente por el hecho de que a los cuatro años se le apareciera Dios y a los nueve tuviera una visión mística de un árbol lleno de ángeles, o porque afirmará que mantenía diálogos con Miguel Angel y Rafael, sino por el hecho de intentar acercarnos su mundo increíblemente personal utilizando las herramientas de que disponía, la pintura y la poesía. El objetivo principal de la existencia de Blake es encontrar una puerta que le permita salir de este encierro en la Tierra, ya que sabe que fue alejado del reino de Dios, y desea desde lo más profundo de su alma, una futura reunión con Él. Ese es su camino para conseguir la libertad eterna y en ese camino que construye y en el cual va avanzando lo que desea es que nosotros le acompañemos.

La poesía de William Blake puede parecer hermética o tal vez el producto de la mente de un loco, pero en realidad es un genio moviéndose en el desconocido mundo de la mente humana. Por eso resulta tan misterioso y por eso aparece como un maestro de la comparación y de la descripción. Es pasional hasta extremos imposibles de entender y comprender porque el mundo espiritual en el que vive no conoce límites. Su poesía es enérgica y vital. Su pensamiento es la alegoría, su palabra es el símbolo y su experiencia es la metáfora. Blake nos habla porque tiene el conocimiento y la experiencia, porque ha cometido errores y ha aprendido de ellos la lección. Y, sobre todo, es un rebelde y un inconformista, un idealista social, luchando contra cualquier forma de autoridad impuesta, denunciando la esclavitud y creyendo en la igualdad de sexos y razas.

En sus versos, el mundo material es despreciado y devaluado por estar exento de pureza e inocencia. Pero en cambio, siempre termina consiguiendo que reflexionemos sobre sus palabras, seduciendonos con su libertad e incitandonos a descubrir sus mensajes ocultos como si de un juego se tratara. Consigue atraernos porque siempre es limpio y nítido aunque para expresar esa claridad cristalina utilice sombras en el umbral de la puerta.

Después de escribir me doy cuenta de que en realidad no he dicho nada pero es porque la única forma de conocimiento posible reside en su lectura, abandonando nuestros prejuicios y dejando que nos guie a su paraíso.

Os dejo con una de sus poesías más conocidas "The Tyger":

Tyger! Tyger! Burning bright
In the forest of the night,
What inmortal hand or eye
Could frame thy fearful simmetry?

In what distant deeps or skies
Burnt the fire of thine eyes?
On what wings dare he aspire?
What the hand dare sieze the fire?

And what shoulders, & what art,
Could twist the sinews of thy heart?
And when thy heart began to beat,
What dread hand? & what dread feet?

What the hammer? What the chain?
In what furnace was thy brain?
What the anvil? What dread grasp
Dare its deadly terrors clasp?

When the stars threw down their spears,
And water'd heaven with their tears,
Did he smile his work to see?
Did he who made the Lamb make thee?

Tyger! Tyger! Burning bright
In the forest of the night,
What innortal hand or eye
Dare frame thy fearful symmetry?

"Songs of Experience" - 1.794



Por ultimo si alguno de vosotros ha quedado tentado por la curiosidad os propongo dos viajes, uno a su vida y a su obra pictórica de la mano de Javier García Blanco en su magnífica "Ars secreta" y el segundo en la fantástica recreación de la British Library del "Blake's Notebook" donde podemos hojear y ojear las páginas originales de William Blake.

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El agente provocador

<h3>El agente provocador</h3>

"Fue entonces cuando alzó ella los ojos. Le sorprendió sobremanera lo límpidos que se veían los suyos. Por un instante, nada más se dijeron. Luego, él deslizó un brazo entre los barrotes. Ella quería tocarle, pero no lo hizo. Ese impulso, sin embargo, ya no la abandonó. Fue haciéndose, por el contrario, más y más fuerte.
Fue una experiencia rayana en lo sobrenatural. Nicole no hubiera sabido decir que sentía. Desde luego, no era compasión por él. Ni por si misma. Era, más bien, como un ahogo. Era, sorprendentemente, como si fuese a desvanecerse. En ese instante se dio cuenta de que, a despecho de cuanto hubiera podido decir de él en las últimas semanas, le había amado desde el momento en que le conoció y le amaría por siempre.
Se trataba, más que de una emoción, de una sensación física. Como si los barrotes estuvieran imantados y la atrajesen hacia ellos. Avanzó una mano y la descansó en el brazo que el tendía, y uno de los agentes se adelantó y le dijo: ‘Nada de contactos.'"

Poco podría decir que no sonara a repetición sobre Norman Mailer. En estos días posteriores a su fallecimiento se ha ensalzado su obra literaria y periodística (su vida y sus actitudes en multitud de ocasiones ni para devotos como yo tiene posibilidad de loa y alabanza, no nos engañemos), estudiado sus conexiones con Truman Capote, John Dos Passos o William Faulkner o examinado su mérito como biógrafo o ensayista, sin dejar de constatar todos los medios su provocadora conducta vital.

La primera novela que cayó en mis manos de Mailer fue "Los desnudos y los muertos". Recuerdo que empecé a leerla con cierta prevención y prejuicio. Por una parte tenía un lío mental entre Arthur Miller, Henry Miller y Norman Mailer, supongo que por la similitud fonética de sus apellidos, así que no tenía claro si iba a leer una historia atormentada y trágica de la clase media americana, una novela erótica y antipuritana o... Ni idea, no tenía ni idea de quien era Norman Mailer, así que tampoco podía conceptuar su obra. Cuando me quedó clara su temática estuve tentada de no comenzar la lectura. No me gustaban por aquel entonces las novelas bélicas, la guerra no me parecía tema de ficción y prefería leer sobre ella en ensayos que, absurdamente, creía más serios y realistas. Según iba desgranando la historia de la patrulla comandada por el Sargento Croft en Anopopei iba quedando desdibujada mi realidad y me veía inmersa en la sinrazón de la guerra, de la muerte, de la salvación en la paradoja de la no existencia, un lugar donde no había víctimas ni verdugos. Creo que con aquellas páginas rudas y crueles aprendí mucho más de la guerra, de cualquier guerra, que con todos los libros anteriores o posteriores que he leído sobre conflictos bélicos.

Luego fue fácil dejarse llevar por "Los tipos duros no bailan" o "La canción del verdugo", a la que pertenecen los retazos que incluyo. He elegido esta porque me hipnotiza la capacidad de cambiar de registro dentro de la propia novela, contraponiendo vidas ordenadas y abiertamente burguesas con otras inadaptadas y violentas. Este contraste salta ante nuestros ojos incluso de manera puramente formal, las cartas que Gary Gilmore escribe a Nicole son edulcoradas en numerosas ocasiones, deslizándose en ellas entre el sexo puro y la ñoñez del adolescente enamorado. Sus acciones, extremadamente feroces y sangrientas a menudo, en cambio son descritas por Mailer con frialdad y una cierta asepsia:

"Gilmore aplicó la ‘Browning' a la cabeza de Jensen.
-Éste -dijo- es por mí.
Y disparó.
-Y éste otro, por Nicole.
Y repitió el disparo.
El cuerpo respondió a cada uno de ellos.
Se levantó entonces. La sangre manaba en abundancia y se extendía sobre las baldosas con una rapidez impresionante. Parte de ella le alcanzo los bajos del pantalón.
Salió de los servicios y, los billetes en el bolsillo, la caja del cambio en la mano, cruzó el distribuidor de refrescos, cruzó ante el teléfono mural y salió de aquella gasolinera, notable por su limpieza."

Descanse en paz el humano e imperfecto Mailer, nosotros mientras podamos seguiremos bailando en el ring de sus palabras, con los guantes puestos y los pies ligeros.

Passarola

<h3>Passarola</h3>

"Esto que aquí ves son las velas que sirven para cortar el viento y se mueven según las necesidades, y aquí está el timón con que se dirigirá la barca, no al azar sino por medio de la ciencia del piloto, y éste es el cuerpo del navío de los aires a proa y popa en forma de concha marina, donde se disponen los tubos del fuelle para el caso de que falte el viento, como tantas veces sucede en el mar, y éstas son las alas, sin ellas, cómo se iba a equilibrar la barca voladora, y no te hablaré de estas esferas, que son secreto mío, bastará que te diga que sin lo que ellas llevarán dentro no volará la barca, pero sobre este punto aún no estoy seguro, y en este techo de alambre colgaremos unas bolas de ámbar, porque el ámbar responde muy bien al calor de los rayos del sol para el efecto que quiero, y esto es la brújula, sin ella no se va a ninguna parte, y esto son roldanas y poleas, que sirven para largar y recoger velas, como los barcos en la mar. Se calló un momento, y añadió, Y cuando todo esté armado y concordante entre sí, volaré."

(El padre Bartolomeu Lourenço, El Volador, le enseña a Baltasar sobre planos como será la passarola)

"Memorial del convento" - José Saramago

Me entusiasma el fino hilo con que se teje la ficción alimentándose de la realidad, sólo hay que ser un maestro como Saramago para construir un cuento de 467 páginas, haciendo una perfecta amalgama de magia e Historia. No han dejado de resonar los ecos de Sietesoles por mi cabeza, los silencios de Blimunda o ese rey que debe cumplir la promesa de construir un convento en Mafra. Y todos ellos se armonizan con la música del clavicordio que Scarlatti acaricia...

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