En el alambre como sonámbula, lectora de insomnios.
Tengo las hojas sueltas, desperdigadas, intentaré ir uniéndolas y que en el andar vayan casando unas con otras. Y si no combinan ni concuerdan tampoco importa, espero que la senda se descubra agradable mientras recogemos todas esas hojas.
Demasiado tiempo durmiendo el sueño de los justos, es la hora de hacerle salir a la pista del circo, señoras y señores con ustedes: Stephen Crane.
EN EL DESIERTO
En el desierto
Vi una criatura, desnuda, bestial,
Que, en cuclillas sobre el piso,
Sujetaba su corazón con sus manos
Y comía de él.
Dije: "¿Está bueno, amigo?
"Es amargo - amargo," contestó;
"Pero me gusta,
Porque es amargo,
Y porque es mi corazón."
IN THE DESERT
In the desert
I saw a creature, naked, bestial,
Who, squatting upon the ground,
Held his heart in his hands,
And ate of it.
I said: "Is it good, friend?"
"It is bitter - bitter," he answered;
"But I like it
Because it is bitter,
And because it is my heart."
No esta mal para empezar ¿verdad?. En realidad sólo es un aperitivo, Stephen Crane (1.871-1.900) necesita muchas lecturas. Nacido en Newark su padre era un pastor metodista cargado de hijos (él sumaba el número catorce). Mal estudiante, recorrió colegios y universidades de forma irregular hasta que empezó a trabajar como periodista en Syracuse y después en Nueva York como reportero de calle. Fruto de ese trabajo fue su primera novela, con poco éxito, "Maggie, una chica de la calle" donde describía los bajos fondos neoyorkinos que tan bien conocía. Al año siguiente, con tan sólo veinticuatro años, publicaría la novela que le daría el reconocimiento "La roja insignia del valor". En ella describe tres días de la vida de un soldado de La Unión en la Guerra de Secesión americana. Seguramente hay un antes y un después en la literatura "de guerra" con esta novela, con Crane se humaniza, cuenta de forma descarnada y franca el paso de la juventud a la madurez a través del horror. Su protagonista quiere ser un héroe, se cuestiona su propio valor y termina por entender lo insignificante de su vida. Sólo otro grande como Huston podría atreverse a llevarla al cine.
Gracias al éxito de "La roja insignia del valor", Crane es contratado para cubrir la guerra entre Grecia y Turquía en 1.897, pero sobre todo la guerra del 98 en Cuba. Allí y con su figura emerge lo que actualmente conocemos por periodismo de guerra, la importancia del hecho observable. Hasta Crane se escribía sobre las guerras desde la silla del periódico, a partir de él los fotógrafos y reporteros comprendieron que hay que estar dónde ocurre el hecho, vivirlo para contarlo, el famoso compromiso con la realidad. Toda esta experiencia vital quedará volcada en "Heridas bajo la lluvia".
Pero no se conformará el joven con Crane con la novela, los cuentos o los artículos periodísticos, también da forma a un conjunto de poemas breves e intensos como el que encabeza esta anotación perteneciente a "The black riders".
Stephen Crane vivió rápido e intensamente, murió a los 30 años de tuberculosis y de él dijo Joseph Conrad "Stephen Crane posee los ojos de un ser que no sólo ve visiones, sino que es capaz de cavilar sobre ellas con algún fin". Otro seductor visionario que pasa por esta pista circense, espero que los jinetes negros sigan cabalgando aunque les falte el corazón.
Cuando se publicó "Veneno y sombra y adiós" de Javier Marías, después de leer las elogiosas críticas que acompañaban su lanzamiento pasé por la librería para comprarla. Recordaba haber leído del mismo autor "Corazón tan blanco", aunque en mi memoria aparecía desdibujada su trama. Con la novela en la mano y a punto de pagarla me dí cuenta de que ese libro formaba parte de una trilogía y no era justo empezar por el final, así que retrocedí y cambié mi opción, cogí "Tu rostro mañana. 1 Fiebre y lanza", comienzo de la trilogía de Marías. No sé si hubiera acertado de no haberlo hecho de esta manera, pero puedo aseguraros que hacia mucho tiempo, demasiado seguramente, que un retazo de literatura no me empujaba a leer con un lápiz en la mano, subrayando, escribiendo en los márgenes del libro, acotando ideas, dejando notas para posteriores búsquedas. La mayor satisfacción que una novela puede darme como lectora es esta, sentir vida que traspasa la ficción y a la vez, sentir que formo parte de la trama, en una doble vía que fluye ligera.
Desde el principio, antes de abrir una sóla de sus páginas me quedé aferrada a su título "Tu rostro mañana", intentando explicarme el por qué de esa llamada de atención. Javier Marías toma el título de Shakespeare, "Enrique IV", segunda parte, acto II, escena II:
"What a disgrace is it to me to remember thy name! Or to know thy face tomorrow!"
Y, si como dicen, la primera frase de una novela puede delimitar el camino entre el éxito y el fracaso, para mi Marías iba camino de la gloria:
"No debería uno contar nunca nada, ni dar datos ni aportar historias ni hacer que la gente recuerde a seres que jamás han existido ni pisado la tierra o cruzado el mundo, o que sí pasaron pero estaban ya medio a salvo en el tuerto e inseguro olvido"
El escritor hace un intento en contra de su propio interés, establece las bases que dinamitará a lo largo de la novela, donde contará y contará, no parará de contar, de narrar, jugando con el lector a enseñar sin mostrar, a que vislumbre la verdad de la mentira.
"Hablan los libros en mitad de la noche como habla el río, con sosiego o desgana, o la desgana la pone uno con su propia fatiga y su propio sonambulismo y sus sueños, aunque esté o se crea muy despierto."
El protagonista, la voz que no cesa, es Jacques Deza, pero no sólo Jacques, también es Jacobo, James o Yago. Ha vuelto a Londres, dónde residió tiempo atrás como profesor en Oxford, después de su divorcio. Es reclutado para un equipo secreto del Servicio de Inteligencia, las personas que forman parte de ese equipo tienen un don, predicen que hará cualquier persona en el futuro, como se comportará. De esta forma la novela gira sobre la confianza y la traición, la palabra y el secreto, la realidad y la mentira, el azar y el tiempo. Y bajo el hilo de las reflexiones de Deza y sus interlocutores se desliza la guerra y la muerte, crímenes no resueltos y batallas perdidas.
"Las mentiras son las mentiras, pero todo tiene su tiempo para ser creído."
"La verdad se vuelve inverosímil a veces con el paso del tiempo; se aleja, y entonces parece fábula, o ya no más la verdad."
Deza recuerda en un momento concreto las palabras de su padre, "...lo interesante y difícil, lo que puede valer la pena y lo que más cuesta, es seguir: seguir pensando y seguir mirando más allá de lo necesario, cuando uno tiene la sensación de que ya no hay más que pensar ni nada más que mirar, que la secuencia está completa y que continuar es perder el tiempo. Lo importante está siempre ahí, en el tiempo perdido, en lo gratuito y en lo que parece superfluo...", esta reflexión será de alguna manera el impulso de Deza, no basta con las apariencias, lo que quieres ver está siempre delante de ti, "quien está dispuesto a ver, al final ve casi siempre".
La novela deja abiertas puertas como corresponde a algo inacabado, enigmas (una mancha de sangre anónima, una mujer que pasea con un perro) que podemos intuir por las pistas que el autor nos ha ido dando, nunca de forma clara y fehaciente, siempre por medio de recorridos ocultos. Podría parecer una novela de intriga aunque no lo es, sin embargo, lo parece... la apariencia.
"Calla, calla y entonces sálvate", este es el mantra que Jacques Deza se repite, en el silencio está la salvación y por ello, nunca deberíamos contar nada.
Mientras tanto acabo de empezar a leer "Tu rostro mañana. 2 Baile y sueño", ya os contaré porque siempre merece la pena pese a que Javier Marías diga, "y a qué tanto sueño y, aquel rasguño, mi dolor, mi palabra, tu fiebre, y tantas las dudas, y tal tormento."
Hace unas semanas recorrí un viaje fascinante en el Museu Marítim de Barcelona. Algunos años atrás alguien me hablo por primera vez de Ernest Shackleton, me sedujo su vida, sus aventuras de novela de Verne. Creo que es último "explorador" entendido como aquellos hombres que se embarcaban con el único afán de descubrir e investigar lo desconocido. Y también me parece que vivió la última aventura real, al estilo de los siglos XVIII y XIX. Enamorado y cautivado por la Antártida su primer viaje lo realizó acompañando a Robert Falcon Scott en 1.901. Pocos años después se embarcaría en otra expedición antártica, la Nimrod, en la que lograron la localización del polo sur magnético. Y por fin en 1.914 parte de Londres la expedición Endurance, llamada así por el barco en el que la emprendieron. La exposición del Museo Marítim versa sobre la odisea del Endurance. Desde su comienzo la expedición destila un aroma de epopeya con el ya famoso anuncio que publicó Shackleton en la prensa británica para reclutar a los integrantes:
"Se buscan hombres para un viaje peligroso. Sueldo bajo. Mucho frío. No se asegura retorno con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito".
Pero no creo que fueran conscientes de la crueldad y de las situaciones extremas en que se verían envueltos. El objetivo de la expedición era atravesar la Antártida desde el Mar de Weddell para llegar al Mar de Ross.
En septiembre de 1.914 llegan a la costa de Georgia del Sur, donde tienen que parar durante un mes debido al mal tiempo. La banquisa o agua de mar congelada que forma una capa de hielo flotante impedía continuar viaje. Por fin en diciembre retoman su viaje, atravesando por entre los canales o vías que se abren en la capa de hielo. En enero el Endurance se encuentra completamente atrapado en el hielo del Mar de Weddell sin vía de escape posible. Aguantan dentro del barco hasta octubre de 1.915 en que el Endurance, escorado y sometido a la presión del hielo, deja de ser seguro. Escribe Shackleton en su diario:
"La posición es 69º 5' de latitud Sur, 51º 30' de longitud Oeste. La temperatura -20º C. una delicada brisa del sur sopla y el sol brilla en un claro cielo. Después de largos meses de ansiedad y tensión, después de momentos en los que la esperanza afloraba y momentos en los que el futuro se nos presentaba negro, nos vemos obligados a abandonar el barco, que se encuentra destrozado y sin posibilidad de reparación, estamos vivos y bien, y tenemos víveres y equipamiento para alcanzar nuestro objetivo. Nuestro objetivo es alcanzar tierra con todos los miembros de la expedición. Es duro escribir lo que siento."
Los 28 hombres que componían la tripulación desembarcan y establecen un campamento sobre el hielo, poco después el Endurance se hunde. A partir de este punto su viaje es cada vez más penoso y arriesgado. Deciden avanzar por la banquisa hasta la Isla de Paulet arrastrando todos sus enseres y tres botes salvados del Endurance. Sin embargo también tienen que desistir de esta tentativa y optar por quedarse sobre el hielo, flotando a la deriva en espera de que las corrientes marinas les lleven hacia el norte. En abril de 1.916, debido al aumento de temperatura, la masa de hielo empieza a fragmentarse y se embarcan en los pequeños botes con los que consiguen llegar por fin a tierra firme, la Isla Elefante. No acabarían allí las penalidades ya que estaban aislados y sin posibilidad de recibir ayuda. Shackleton toma la decisión de coger uno de los botes y junto al comandante del Endurance, Worsley, el segundo oficial, Crean, y los marineros, MacCarthy, McNeish y Vincent, se embarca rumbo a la isla de partida, Georgia del Sur, para conseguir ayuda. Salieron el 24 de abril y tocaron tierra el 15 de mayo. Fue un viaje horrible, sin apenas provisiones, sobre un bote ballenero y que sólo pudieron llevar a término gracias a la pericia de los hombres que iban en él. Por último, una vez llegados a Georgia del Sur, cruzaron 40 kilómetros en menos de dos días por paisajes helados y glaciares hasta conseguir ayuda en el puerto ballenero de Stromness.
Durante meses Shackleton intenta desesperadamente el rescate del resto de la expedición, el 30 de Agosto de 1916, a bordo del remolcador chileno Yelcho, Shackleton consigue llegar a la Isla Elefante. Desde cubierta cuenta los hombres que se ven en la playa, veintidós, todos. Habían sobrevivido en la isla 105 días.
Aunque esta aventura tiene motivos propios más que sobrados para engrosar la lista de los "grandes viajes", parte de su gran difusión y reconocimiento esta en las fotos que Frank Hurley, fotógrafo australiano, consiguió de aquel suceso. La exposición se centra en el material de Hurley que da una idea veraz y real de lo ocurrido. Estos negativos llegan ahora hasta nosotros gracias a la valentía y también tozudez de su autor que estuvo a punto de perder la vida por conservarlos.
Perdonadme por lo extenso de la aventura, en el fondo yo sólo quería recomendaros la exposición pero creo que terminó la semana pasada, en cualquier caso podéis acceder al material de Hurley en la red y merece la pena contemplar su visión de uno de los últimos parajes no domesticado por el hombre, verdaderamente naturaleza salvaje en estado puro. Además os recomiendo pasear por el Museo, es fantástico, repleto de prototipos y maquetas, cartografía, instrumentos de navegación, mascarones e incluso una réplica a tamaño real de la Galera Real de Don Juan de Austria, nave capitana de la Batalla de Lepanto. Por último destacar su perfecta ubicación en las Reales Atarazanas, conjunto histórico construido entre los siglos XIII y XIV, bien conservado y restaurado.
No, no tiene nada que ver con la comedia de Peter Bogdanovich (traducido su título de forma penosa en España, como de costumbre) ni con las aventuras de Barbra Streisand y Ryan O'Neal. En este caso si existe un doctor al que preguntar.
Os pongo en antecedentes, es lunes por la tarde, llego a casa después de otro día más de trabajo, abro la puerta, dejo las llaves en el cenicero gigante de la entrada (tengo dos, cosas de las manualidades de mis hijas, nunca he sabido exactamente para que valían pero yo los utilizo de "acumulaporquería" básicamente), de camino hasta mi habitación saludo a las niñas y despido a sus abuelos, entro en mi habitación, me quito los zapatos y me desplomo. Y cuando digo me desplomo quiero decir que noto como mis miembros pierden fuerza, me invade un cansancio extremo y me empieza a doler todo el cuerpo, espalda, brazos, piernas, pecho. En esa situación lo único que se me pasa por la cabeza es pensar "pues si estaba cansada, si". Me quedo sentada en el borde de la cama, barajando las posibilidades que tengo de llegar hasta donde esta la ropa planchada y conseguir un pijama. No llegan a cero, menos uno. Llamo a las niñas y consigo que me traigan un pijama. Estupendo, ahora sólo tengo que desvestirme. Tras unos minutos en que la tarea de quitarme la ropa se convierte en un titánico esfuerzo, vuelvo a conseguir ayuda de una cría de siete años para ponerme el pijama, en ese momento ya no distingo cuál es la que me ha ayudado, supongo que debido a que he empezado a sufrir de escalofríos y tirito como si estuviera metida en un balde gigante de agua helada. Me transporto hasta el sofá, me tumbo y me pongo una manta por encima, mientras que pienso como una gilipollas, "esto del cansancio acumulado y el estrés es la pera, te deja fatal."
Para no extenderme un par de horas después y visto que sigo en tan lamentable situación, en mi cerebro se enciende una pequeña lucecita que dice "Anda ¿y por qué no te pones el termómetro? Chica, lo mismo es que tienes algo de fiebre". Una vez más pido ayuda para que me acerquen el termómetro. Es de esos que pitan y me impaciento, seguro que esta sin pila, lleva un buen rato y no ha pitado, intento ver de reojo cuanto marca sin sacarlo de la axila pero la tiritera no me deja concentrarme, mejor dicho no me deja tener la cabeza quieta para verlo. Harta de que no suene me lo quito y lo miro, 38,8, no esta mal, pero no ha sonado, aún me queda algo de conciencia para volver a ponérmelo y esperar pacientemente. Por fin suena el bip bip, ¡premio! 39,6. Pues si, es que tengo fiebre. A partir de aquí os ahorraré la noche que pasé y me traslado al martes por la tarde. Después de una mañana más o menos tranquila y con un fuerte dolor de cabeza empiezan los mismos síntomas del día anterior. Me acojono. Yo nunca estoy enferma, salvo los típicos resfriados invernales, desconocía que era tener fiebre, la última vez sería sobre los 12 años, y, sobre todo ¡no me duele la garganta! Única razón por la que podría tener fiebre según mi experiencia. Abro el pc, busco en google meningitis, leo... Empiezo a mover el cuello, arriba y abajo, a un lado y al otro, esto provoca que el dolor de cabeza se vuelva más agudo, pero sigo moviendo la cabeza. Después de un rato de ejercicios cervicales corro al espejo del armario, me desnudo e intento ver si tengo manchas en la piel, me quedan dudas, ¿será de la marca del pantalón o una mancha rosada?. Respiro aceleradamente, eso si (no me extraña, ya me veo en la cama de un hospital al borde la muerte, porque la mía es bacteriana fijo y he leído que tengo 24 horas para empezar el tratamiento... apenas me quedan dos). Dolores musculares si tengo y muchos, y lo de la diarrea, pongamos que me estoy cagando de miedo. Tengo que ir al médico, pero ya. Me visto inexplicablemente rauda para lo mal que me encuentro (lo que consigue el miedo) y casi corro camino de la consulta.
He llegado diez minutos antes de que empiece, no hay nadie, perfecto no tendré que esperar. Por fin después de largos minutos en que mi vida esta en serio peligro me llama el doctor para que entre en la sala dónde atiende.
Doctor: "Buenas tardes"
Ladydark:" Hola, buenas tardes"
Doctor:" ¿Qué te pasa?"
(Aquí le cuento mi odisea con pelos y señales añadiendo mi "profesional opinión" sobre lo importante que es el tiempo en esto de la meningitis. Me mira como si estuviera delirando, supongo que me disculpa por la fiebre.)
Empieza a mirarme la garganta, los oidos, me ausculta, golpecitos en el pecho, en la espalda. Me tumbo en la camilla, más golpecitos en el estómago. Me flexiona y extiende las piernas y los brazos. Mientras yo pienso que es una putada dejar huérfanas a dos niñas de siete años y estoy a punto de echarme a llorar. Termina y me dice que me incorpore y me vista. Espero el diagnóstico con el corazón en un puño, lo mismo me pega un infarto y le dan por saco a la meningitis.
Doctor:"Pues esto va a ser algo vírico, o lo mismo una neumonía por el resfriado mal curado de hace dos semanas. Te voy a mandar el ibuprofeno, un antibiótico, el fluomicil y un jarabe por si te da tos. Si notas opresión o dolor en el pecho o que quieres toser y te cuesta pásate por aquí otra vez."
(¿Lo del pecho será por el infarto?)
Total que meningitis no será pero el tío es un hacha, hoy he empezado a toser también...
Lo que pasa puede suceder en octubre o en enero, es lo que pasa, que una anda buscando un poema para recordar a Ángel González que se marchó en este frío mes y, de repente, surgen los versos que explican lo que te cala los huesos desde que te levantaste. Es lo que pasa, que "la poesía te ilumina, te aclara cosas, te explica el mundo y responde a esa necesidad de entender la vida" y ésta que me acompaña, la que busca, ese espejo en el que me reflejo y me reconozco, se pregunta por esa inquietud y desesperanza que me siguen en estos días. No yo, que ya he aprendido a no hacerme preguntas para no tener que escuchar las respuestas, es ella, que interminablemente inquiere por aquí y por allá. Y yo intento acallarla, pero es difícil mientras me susurra "estoy aquí,/ insomne, fatigado, velando/ mis armas derrotadas,/y canto/ todo lo que perdí: por lo que muero". Es lo que pasa, que no me conformo con su canto de sirena en mi oído, que me revuelvo y saco las uñas afiladas y a voces la cuento que: "Escucho tu silencio./ Oigo/ constelaciones: existes./ Creo en ti./ Eres./ Me basta". Y yo, pobre ilusa, supongo que la he vencido, que he dejado su voz adormecida entre las magnolias de la memoria, pero ella acecha por los rincones de mi casa y entre ruidos de vecinos, programas de televisión y el tic-tac de estas teclas, la oigo, es lo que pasa:" Aquello/ que quizá hubiese sido/ posible,/ que sería posible todavía/ hoy o mañana si no fuese/ un sueño". Busco evadirme de ella, no la miro, y aunque reclama mi atención, me invento excusas para sacarla fuera, ponerla en la puerta y que ande en enero murmurando a los charcos de mi calle, porque, al fin y al cabo, le explico que: "Después de haber hablado,/de haber vertido lágrimas,/silencio y sonreíd:/nada es lo mismo./ Habrá palabras nuevas para la nueva historia/ y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde".
Aquí os dejo las pruebas de la batalla, sé que no la he convencido y que esta noche dormirá de nuevo sobre mi almohada porque no la gusta el frío, es lo que pasa.
*Gracias mil a mi Vailima que además de salvarme del laismo imperial, ¡me ha enseñado a modificar el artículo sin que desaparezcan los comentarios!
Tenía cien hojas escritas, arrancadas del cuaderno y pendientes de pegar en esta pantalla, sin embargo después de leer hoy a NoSurrender he optado porque sigan durmiendo el sueño de los justos, que sigan descansando en la espera Shackleton, Stephen Crane, Martí i Pol, Tomaso Campanella o Ángel González. Su evocación de Ian Curtis ha resultado ser la madeja que ha tirado de muchos de mis recuerdos. Creo que estaba predestinada a cruzarme con Ian Curtis, (NoSurrender diría que era evidente, se suicidó...) como no hacerlo con un tipo que había escogido como nombre para su grupo el que recibían las mujeres judías de los campos de concentración nazis que eran tratadas como esclavas sexuales. Seguramente Ian Curtis había leído "House of dolls" de Ka-Tzetnik 135633, seudónimo de Yehiel De-Nur, "el prisionero 135633", tan seguro como que yo nunca había oído hablar de Joy Division hasta el día que conocí a un adolescente extraño y tímido, que andaba siempre con la mirada perdida. Le había visto mil veces en el colegio pero nunca había reparado en él, recuerdo que tenía la habilidad de conseguir pasar desapercibido pese a sus ropas estrafalarias y su aspecto extraño y desubicado en aquel colegio donde la mayoría luchábamos por hacernos un hueco en esa edad incierta que transcurre entre los catorce y los dieciocho años. Entonces, una tarde cualquiera, mientras subía la calle que me llevaba hacia mi casa, noté que alguien estaba muy cerca de mí, a mi espalda, esa sensación inquieta que nos invade cuando sentimos una presencia cercana. Giré la cabeza y ya había llegado a mi lado. Me saludó e intentó comenzar una conversación banal sobre alguna de nuestras asignaturas, o sobre uno de los profesores, con los años he perdido las frases que dijimos. Cuando ya estábamos cerca de mi casa y yo tenía que desviarme y cruzar una calle, me despedí de él con un "Hasta mañana" y en ese momento me dijo "Espera, tengo algo para ti". Sacó de uno de sus bolsillos del vaquero una hoja de papel, doblada cuidadosamente, y me la entregó. Yo no sabía que hacer, dudaba si abrirla o guardármela, incluso un escalofrío me recorrió la columna pensando si en realidad no se trataría de un enfermo o si podría hacerme daño. Me quedé mirando el rectángulo de papel en mi mano y decidí desplegarlo y leerlo, allí mismo. Era una especie de poema, estaba escrito en inglés y al lado su traducción, con una letra pequeña y casi sin espacios. Supongo que debió de notar mi confusión, porque en realidad yo no entendía nada, no sabía que hacía parada delante de un semáforo con un poema en inglés entre las manos que me había dado el chico más raro de 2º de BUP. Me explico, al principio con un hilo de voz que se fue afianzando según avanzaba en su historia, que era una canción de un grupo británico, su favorita, que el cantante se llamaba Ian Curtis y que se había suicidado, de dónde provenía el nombre del grupo, que tipo de música hacían y como se habían reconvertido en "New Order". Yo escuchaba como quien esta oyendo un cuento hasta que él hizo un descanso en su pequeño relato y me asaltó como un relámpago la pregunta "¿Y por qué me la has dado?". Él se quedó muy serio y mientras me miraba a los ojos dijo "Porque desde que te vi pensé que esta era tu canción".
Yo guardé la hoja en mi carpeta y crucé la calle sin mirar atrás. He estado buscándola, estaba segura de que retenía aun ese pedazo de papel, pero no lo encontré. Entre tantas derrotas por amor supongo que lo perdería, no sé si era mi canción pero sí que desde aquel tiempo siempre tengo presente que el amor nos destrozará, desde el primer día, en el primer cruce de miradas, con el primer beso, en mi cabeza resuena "Love, love will tear us apart again".
Tal vez por eso prefiero oír esta noche otra canción, esperando que mi banda sonora cambie algún día...
Zingarella: Eso me ha hecho pensar en algo muy material, no me vale.
Quijote: Sí te vale, descríbemelo.
Zingarella: ¿Qué pasa por tu cabeza cuando alguien te pide un beso? De repente recuerdas todos los besos dados, que te saltan como chispas de un encendedor, calentando la memoria de un pasado cercano aún. También recuerdas mil besos perdidos, esos que nunca llegaron a ninguna parte, que se olvidaron entre noches sin luna y kilómetros de mareas en el asfalto de carreteras. ¿Cual describirías? ¿El real o el imaginado?
Quijote: Ambos se entremezclarían, se darían un beso de tornillo, el real y el imaginado. El deseo se hace inversamente proporcional a la distancia de los labios, que parecen haber llegado desde las antípodas de la noche y el día.
Zingarella: En el beso imaginado nos reconocemos en la distancia que no miden las manos, que no miden los brazos. Surge leve, apenas un soplo que quema los labios, anunciando hogueras futuras, quemando sin madera que arda. En el beso real los brazos se encuentran y los labios son el combustible de la hoguera, cada suspiro en la boca del otro, el oxígeno que la alimenta.
Quijote: ¿Traspasamos las almas en los besos?
Zingarella: Según su manera, hay besos que llevan el alma, el cuerpo y hasta la historia de uno, esos besos en los que perdemos el sentido, cuando el mundo gira y nosotros permanecemos aferrados a una lengua. ¿Se besan las almas?
Quijote: En los besos se hallan los deseos, a veces las ansias, siempre los quieros, juegan a su alrededor los futuros y los pasados, habitados por el calor y los torbellinos, rechazados por el frío y la calma, pequeñas tempestades en miniatura...
Zingarella: Tengo otra pregunta que me acecha, hoy más que otros días.
Quijote: Veamos...
Zingarella: ¿Por qué la magia es un hilo fino que parece resistente mientras dura el hechizo y de repente se rompe y cuando menos lo esperas se rehace como truco de ilusionista ante tus ojos?
Empezar el año es una buena disculpa para escribir sobre cine. De acuerdo que es cine del antiguo, casi prehistoria del cine actual, pero en mi sigue latente la misma emoción que me acompañó cuando la vi en una sala del antiguo Museo Español de Arte Contemporáneo, en la actualidad, y desde la creación del MNCARS, Museo del Traje (me pregunto cómo se sentirán los museos degradados). Pero no quiero hablar sobre museos sino sobre películas, en este caso "Napoleón" de Abel Gance. Recuerdo la emoción de aquellos días en que mi ración semanal de cine consistía en un estreno, una película de cine negro americano de la década de los 40 y los 50 y una de los comienzos del cine. De esa manera llegué a conocer a directores como Griffith, Eisenstein, Murnau, Lang, Dreyer, Clair o Von Stroheim. Y claro también Gance. Cumpliendo una especie de rito sagrado mi amiga Begoña y yo nos embarcamos una tarde en aquella sala de cine, pensando que estábamos a punto de ver algo excepcional y único. Sabíamos del sentimentalismo que acompañaba a la restauración de Coppola, el entonces joven director llamando por teléfono al viejo maestro para que escuchara los aplausos, la sala puesta en pie ovacionando las cuatro horas de cine acompañado por la excelente música de Carmine Coppola dirigiendo la American Symphony Orchestra... También conocíamos las poderosas innovaciones técnicas de Abel Gance, incluso las vicisitudes que acompañaron el rodaje en los años 20. No nos equivocamos como demuestra que dos décadas después siga evocando en mi mente aquella tarde y las imágenes que la acompañaron.
El 7 de abril de 1927, más de dos años después de iniciarse el rodaje, "Napoleón" se estrena en París con una duración de 210 minutos, que fue ampliada a 350 minutos en las proyecciones que tuvieron lugar en el cine Apolo. En 1934 volvía a estrenarse en París, esta vez con diálogos y efectos de sonido añadidos. En 1971, una nueva versión se asomaba a las pantallas, con escenas recortadas o añadidas desde la última versión. En 1981 los estudios de Coppola, Zoetrope Studios, restauraron la copia original de 1927.
En el proyecto inicial de Abel Gance esta era solo la primera de seis partes sobre la biografía de Napoleón. Narra la vida del emperador desde que es un niño hasta el momento en el que su ejército emprende bajo su mando la campaña italiana. Nos cuenta la primera época de su vida, cuando fue no sólo un héroe nacional francés sino que además influyó en las ideas y los valores republicanos que afectaron a gran parte de Europa.
Aunque la película entusiasmó a todo el mundo durante su estreno por sus innovaciones y grandiosidad, al ser tan larga tenia pocas posibilidades en una época en la que se tardaba mucho en el traslado de la cinta de una ciudad a otra, y mucho más de un país a otro, de modo que con la aparición del cine sonoro se perdió rápidamente el interés. El proyecto inicial se vio truncado y la cinta sufrió una drástica reducción de su metraje.
Gance introduce en la película un sin fin de novedades, la proyección simultánea de tres imágenes en algunas secuencias lo que se convirtió en un antecedente del sistema Cinerama de los años 50, para ello usó varias cámaras rodando a la vez y posteriormente aparecía la imagen en pantalla de todas ellas, como sobre todo en las escenas de multitudes durante la parte final de la película en la que vemos que la pantalla se divide en tres partes que pueden filmar la misma situación o incluso insertar entre ellas primeros planos del propio Napoleón como victorioso conquistador. Además fue un pionero en la colocación de cámaras en lugares poco usuales por aquel entonces, a lomos de un caballo al galope, sobre un trineo, colgada en lo alto de un mástil, dando lugar a planos subjetivos desconocidos hasta aquel momento. Utilizó también cámaras pequeñas para encuadrar escenas de masas y batallas. Y aportó la división de la pantalla hasta en nueve partes distintas.
Os recomiendo que si tenéis oportunidad de verla en una sala de cine dejéis que el encanto de "Napoleón" os seduzca y conquiste porque la poesía fluye de esas imágenes, tanto que hasta un poeta, Antonin Artaud, se atrevió a ponerse en la piel del revolucionario Marat...
A veces escribo cartas que no viajan a ninguna parte, que vagan sin un punto final entre las hojas propias y extrañas, que no tienen besos, ni firma, ni posdata. A veces escribo cartas que supongo enviadas, que creo recibidas por su destinatario y días después descubro que permanecen en la bandeja de salida, abandonadas a un destino incierto que quiso ser y no fue. A veces escribo cartas que guardo debajo de papeles, encerradas en cofres que poseen sólo una llave que tiré al mar, cartas que debieran habitar mi olvido y sin embargo se empeñan en vivir en mi recuerdo. Otras veces escribo cartas floridas que intentan decir algo y se me olvida entre paréntesis y exclamaciones para que nacieron y llegan vacías y sin sentido a las manos de quien las recibe. Otras veces escribo cartas que nunca han salido de mí, que, como ilusiones, sólo persisten en mi cabeza. También están las cartas que nunca debí mandar, esas que escribo sin pensar, con el corazón golpeando en cada una de las teclas, como si vomitar mi interior hiciera más fácil digerir lo que tengo dentro. También están las cartas escritas y releidas, esas que he visto primero en mi cabeza y luego he mandado con la esperanza de que quien las abre entenderá los párrafos, el por qué de aquellos puntos y respirará con mis comas.
Otros días, como hoy, escribo cartas para gritar que no todo es lo que parece, que ni ayer fue el día más feliz de tu vida ni hoy es el más desdichado, que la ilusión existe y nos acompaña, que los finales son efímeros porque detrás de cada uno hay un nuevo comienzo, que cualquiera puede buscar y mirar, que esta carta no tiene destinatario pero si un final con principio y una posdata. En estas cartas dejo abierta la ventana, el aire frío de diciembre revuelve sus palabras y las hojas que las componen revolotean delante de mí. La vida es un juego en el que tiras los dados al azar, escogiendo caminos que tal vez sean equivocados pero que terminan por ser tu elección. Sólo tengo que alzar mi mano y escoger una de las hojas con alas mecidas por el viento.
"To see a World in a Grain of Sand "Ver un mundo en un grano de arena
And a Heaven in a Wild Flower, y un cielo en una flor silvestre
Hold Infinity in the palm of your hand tener el infinito en la palma de la mano
And Eternity in an hour." Y la eternidad en una hora"
"Auguries of Innocence"- William Blake
Hoy se cumplen 250 años del nacimiento de William Blake, el 28 de noviembre de 1.757 nace en Londres el genial y enigmático poeta, pintor y grabador. Visionario, y no unicamente por el hecho de que a los cuatro años se le apareciera Dios y a los nueve tuviera una visión mística de un árbol lleno de ángeles, o porque afirmará que mantenía diálogos con Miguel Angel y Rafael, sino por el hecho de intentar acercarnos su mundo increíblemente personal utilizando las herramientas de que disponía, la pintura y la poesía. El objetivo principal de la existencia de Blake es encontrar una puerta que le permita salir de este encierro en la Tierra, ya que sabe que fue alejado del reino de Dios, y desea desde lo más profundo de su alma, una futura reunión con Él. Ese es su camino para conseguir la libertad eterna y en ese camino que construye y en el cual va avanzando lo que desea es que nosotros le acompañemos.
La poesía de William Blake puede parecer hermética o tal vez el producto de la mente de un loco, pero en realidad es un genio moviéndose en el desconocido mundo de la mente humana. Por eso resulta tan misterioso y por eso aparece como un maestro de la comparación y de la descripción. Es pasional hasta extremos imposibles de entender y comprender porque el mundo espiritual en el que vive no conoce límites. Su poesía es enérgica y vital. Su pensamiento es la alegoría, su palabra es el símbolo y su experiencia es la metáfora. Blake nos habla porque tiene el conocimiento y la experiencia, porque ha cometido errores y ha aprendido de ellos la lección. Y, sobre todo, es un rebelde y un inconformista, un idealista social, luchando contra cualquier forma de autoridad impuesta, denunciando la esclavitud y creyendo en la igualdad de sexos y razas.
En sus versos, el mundo material es despreciado y devaluado por estar exento de pureza e inocencia. Pero en cambio, siempre termina consiguiendo que reflexionemos sobre sus palabras, seduciendonos con su libertad e incitandonos a descubrir sus mensajes ocultos como si de un juego se tratara. Consigue atraernos porque siempre es limpio y nítido aunque para expresar esa claridad cristalina utilice sombras en el umbral de la puerta.
Después de escribir me doy cuenta de que en realidad no he dicho nada pero es porque la única forma de conocimiento posible reside en su lectura, abandonando nuestros prejuicios y dejando que nos guie a su paraíso.
Os dejo con una de sus poesías más conocidas "The Tyger":
Tyger! Tyger! Burning bright In the forest of the night, What inmortal hand or eye Could frame thy fearful simmetry?
In what distant deeps or skies Burnt the fire of thine eyes? On what wings dare he aspire? What the hand dare sieze the fire?
And what shoulders, & what art, Could twist the sinews of thy heart? And when thy heart began to beat, What dread hand? & what dread feet?
What the hammer? What the chain? In what furnace was thy brain? What the anvil? What dread grasp Dare its deadly terrors clasp?
When the stars threw down their spears, And water'd heaven with their tears, Did he smile his work to see? Did he who made the Lamb make thee?
Tyger! Tyger! Burning bright In the forest of the night, What innortal hand or eye Dare frame thy fearful symmetry?
"Songs of Experience" - 1.794
Por ultimo si alguno de vosotros ha quedado tentado por la curiosidad os propongo dos viajes, uno a su vida y a su obra pictórica de la mano de Javier García Blanco en su magnífica "Ars secreta"y el segundo en la fantástica recreación de la British Library del "Blake's Notebook" donde podemos hojear y ojear las páginas originales de William Blake.