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La funámbula

Prestidigitadores

El descubrimiento de la poética

<h3>El descubrimiento de la poética</h3>

Lo sé, no tengo fuerza de voluntad, se me pasan por la cabeza mil ideas que plasmar en este cuaderno y voy dejándolas olvidadas en un fondo de armario que parece no tener fin. En estos últimos meses he decidido dar un empujón a mis ganas de escribir, aunando mi pasión por la lectura con el deseo de transmitir. La oportunidad me la ha dado Anika entre libros. El sistema es sencillo, yo leo y luego intento contar que he leído, que he sentido al leerlo, teniendo cuidado de no desgajar el contenido de mi lectura por entre las palabras y, sobre todo, de no dejarme llevar por ese lirismo que marca lo que escribo. Esta segunda parte ha sido la más difícil, pero creo que he conseguido algunas de las metas que me propuse cuando comencé esta andadura.

La primera reseña ha sido "Yo, Kótik Létaiev" y, como en este cuaderno si puedo dejarme llevar, os diré que es fantástico. Nunca había leido a Andrei Bieli, y enfrentarme a él con las páginas que la editorial Nevsky Prospects ha impreso por primera vez en castellano, una experiencia dulce y poética.

Y si quereis saber más, "Yo, Kótik Létaiev" os espera... Ahora ya soy una rusófila confesa.

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Y comencé a volar

En la Fundación Canal podemos disfrutar estos días de la exposición "Los límites de la transparencia". En ella se recogen 34 obras de Jorge Oteiza, las que componen el llamado "Propósito experimental" y con las que obtuvo en 1.957 el Primer Premio de Escultura de la IV Bienal de São Paulo (Brasil). En esta etapa de su carrera Oteiza trabaja en la experimentación escultórica basada en la definición y articulación de unidades abiertas o livianas para la activación espacial a partir del uso del vacío y lo negativo, y de la desaparición de la expresión a través de lo receptivo y lo quieto. Este proceso, desarrollado por medio de pequeñas maquetas en materiales como la tiza y que conforman el Laboratorio Experimental, acabará plasmado en esculturas realizadas en piedra y en construcciones hechas a base de finas chapas de metal ordenadas en familias experimentales: Desocupación de la esfera, Apertura de poliedros, Construcciones vacías, Cajas vacías o metafísicas.

El final lógico para Oteiza de este proceso de desmaterialización, de síntesis, de vaciamiento de la escultura son sus esculturas mínimas y vacías realizadas entre 1958-59, en ese momento el artista decide dar por concluida su trayectoria escultórica, abandonando la escultura.

Decía el artista: "A mayor masa, a mayor proporción de materia tangible de escultura, de poderosa apariencia de escultor, corresponde un espacio libre más indiferente, o totalmente ajeno a la misma obra. A la inversa, a escultura menos complicada, un espacio libre más activo. Justifico en parte así, con esta simple observación, el carácter de la obra que envío. En ella me planteo la naturaleza estética de la estatua como organismo puramente espacial, exactamente, la desocupación activa de la estatua por fusión de unidades formales livianas".

De entre las esculturas que se recogen en la muestra destaca "Flotación. Escultura lunar", en la que se observa la influencia del suprematismo de Malevich, reduciendo al mínimo los elementos, donde sólo actúan como notas discordantes de ese minimalismo los tres apoyos necesarios para la sustentación de la escultura.

Oteiza - Malevich

En "Apertura por conjunción de dos cuboides vacíos" también se recogen influencias de Mondrian, en busca del arte puro, de la abstracción geométrica. (La escultura de Oteiza es en caliza blanca pero esta es la única imagen que he podido encontrar).

Oteiza - Mondrian

Por último me han impactado sus "Cajas metafísicas", "Homenaje a Fray Angélico" y "Homenaje a Leonardo", tal vez porque en ellas se contiene el espíritu de Oteiza, su fe.

Oteiza homenajes

El mismo Oteiza nos da las claves de su obra: "Odio la obra de arte. El arte no está en las esculturas está en otro sitio. Mis cajas metafísicas son las latas vacías con las que me he alimentado. [...] La poesía es lo que me cura, lo que me quita la angustia y me devuelve el equilibrio. La poesía es mi marcapasos.".

 Y termino con un retazo de un poema del escultor :

"Toco mi soledad como esas maderas mojadas

que dejan altas mareas en las playas.

Es frecuente encontrarnos con un perro que ha sido abandonado

yo soy ese perro abandonado

larga mancha mi corazón hormiguero de sombra y vino

ángel de ahuecada madera con sus dos manos de trompeta."

(Nota al margen, el box y blogia no se llevan bien, ¿alguna página tipo box para subir archivos? Gracias)

La vida en cine

<h3>La vida en cine</h3>

Empezar el año es una buena disculpa para escribir sobre cine. De acuerdo que es cine del antiguo, casi prehistoria del cine actual, pero en mi sigue latente la misma emoción que me acompañó cuando la vi en una sala del antiguo Museo Español de Arte Contemporáneo, en la actualidad, y desde la creación del MNCARS, Museo del Traje (me pregunto cómo se sentirán los museos degradados). Pero no quiero hablar sobre museos sino sobre películas, en este caso "Napoleón" de Abel Gance. Recuerdo la emoción de aquellos días en que mi ración semanal de cine consistía en un estreno, una película de cine negro americano de la década de los 40 y los 50 y una de los comienzos del cine. De esa manera llegué a conocer a directores como Griffith, Eisenstein, Murnau, Lang, Dreyer, Clair o Von Stroheim. Y claro también Gance. Cumpliendo una especie de rito sagrado mi amiga Begoña y yo nos embarcamos una tarde en aquella sala de cine, pensando que estábamos a punto de ver algo excepcional y único. Sabíamos del sentimentalismo que acompañaba a la restauración de Coppola, el entonces joven director llamando por teléfono al viejo maestro para que escuchara los aplausos, la sala puesta en pie ovacionando las cuatro horas de cine acompañado por la excelente música de Carmine Coppola dirigiendo la American Symphony Orchestra... También conocíamos las poderosas innovaciones técnicas de Abel Gance, incluso las vicisitudes que acompañaron el rodaje en los años 20. No nos equivocamos como demuestra que dos décadas después siga evocando en mi mente aquella tarde y las imágenes que la acompañaron.

El 7 de abril de 1927, más de dos años después de iniciarse el rodaje, "Napoleón" se estrena en París con una duración de 210 minutos, que fue ampliada a 350 minutos en las proyecciones que tuvieron lugar en el cine Apolo. En 1934 volvía a estrenarse en París, esta vez con diálogos y efectos de sonido añadidos. En 1971, una nueva versión se asomaba a las pantallas, con escenas recortadas o añadidas desde la última versión. En 1981 los estudios de Coppola, Zoetrope Studios, restauraron la copia original de 1927.

En el proyecto inicial de Abel Gance esta era solo la primera de seis partes sobre la biografía de Napoleón. Narra la vida del emperador desde que es un niño hasta el momento en el que su ejército emprende bajo su mando la campaña italiana. Nos cuenta la primera época de su vida, cuando fue no sólo un héroe nacional francés sino que además influyó en las ideas y los valores republicanos que afectaron a gran parte de Europa.

Aunque la película entusiasmó a todo el mundo durante su estreno por sus innovaciones y grandiosidad, al ser tan larga tenia pocas posibilidades en una época en la que se tardaba mucho en el traslado de la cinta de una ciudad a otra, y mucho más de un país a otro, de modo que con la aparición del cine sonoro se perdió rápidamente el interés. El proyecto inicial se vio truncado y la cinta sufrió una drástica reducción de su metraje.

Gance introduce en la película un sin fin de novedades, la proyección simultánea de tres imágenes en algunas secuencias lo que se convirtió en un antecedente del sistema Cinerama de los años 50, para ello usó varias cámaras rodando a la vez y posteriormente aparecía la imagen en pantalla de todas ellas, como sobre todo en las escenas de multitudes durante la parte final de la película en la que vemos que la pantalla se divide en tres partes que pueden filmar la misma situación o incluso insertar entre ellas primeros planos del propio Napoleón como victorioso conquistador. Además fue un pionero en la colocación de cámaras en lugares poco usuales por aquel entonces, a lomos de un caballo al galope, sobre un trineo, colgada en lo alto de un mástil, dando lugar a planos subjetivos desconocidos hasta aquel momento. Utilizó también cámaras pequeñas para encuadrar escenas de masas y batallas. Y aportó la división de la pantalla hasta en nueve partes distintas.

Os recomiendo que si tenéis oportunidad de verla en una sala de cine dejéis que el encanto de "Napoleón" os seduzca y conquiste porque la poesía fluye de esas imágenes, tanto que hasta un poeta, Antonin Artaud, se atrevió a ponerse en la piel del revolucionario Marat...

La apasionada abstracción poética

<h3>La apasionada abstracción poética</h3>

Evocado por el cielo gris que amanece en Madrid esta mañana recuerdo la que fue para mi la exposición de este verano, Nicolas de Staël en La Pedrera. El afortunado azar consigue que una pequeña anotación pendiente sobre Staël desde hace meses termine por unirse a la realidad visual (ya que no táctil, y no por falta de deseos, delante de la obra de Staël uno siente la necesidad de acercarse y tocar, y alejarse y volver a acercarse, como en un juego secreto propuesto por el artista al espectador).
Recorriendo los pasillos y salas que la componen siento al principio una leve incomodidad, preguntándome si aquellas imágenes que guardo en la memoria no han sido sublimadas por el "personaje", creador de ellas. Tal vez mi debilidad por los artistas de vidas imposibles, de tormentosas relaciones y finales trágicos, ha dotado de genialidad y belleza a cuadros meramente rutinarios. Pero esa sensación pasa levemente, en apenas unos minutos, sin ser consciente de ello, quedo atrapada por la magia que emana de las paredes donde reposan, como insectos atrapados pero llenos de vida, mil cielos de todas las formas y colores posibles, incluso de los imposibles, referencias a botellas en volúmenes increíbles, mujeres inacabadas y completas con sutiles trazos, futbolistas de todas las nacionalidades congelados en el vértigo del movimiento.
Fruto de esa fascinación es el cambio que ha sufrido esto que ahora escribo, aquella anotación pendiente versaba sobre un pintor y su relación con el mundo que habitaba, su biografía y sus amigos, su obra y su final, esta sólo intenta trasmitir torpemente mi paseo por un mundo encantado, cautiva durante un tiempo del ilusionista Staël.

Escribe John Berger sobre Nicolas de Staël:

"Me gustaría escribir con la misma soltura de una de tus pinceladas, pero no sé. Ante la certeza y las dudas de tu pintura, vacilo y no me salen las palabras. En casi todo lo que hiciste se reconoce tu mano, como una voz familiar en la habitación contigua. Al mismo tiempo, muchos de los últimos cuadros representan la ausencia: el desnudo azul reclinado, pintado sin modelo en 1955; una mujer al otro lado de las montañas y tú delante del glaciar. Un par de meses después te suicidaste. Cerraste con llave la puerta del estudio, te subiste a la azotea y te tiraste."


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"Nicolás de Staël, dejándonos entrever su barco impreciso y azul, volvió a partir hacia los mares fríos, a los que se había aproximado, niño de la estrella polar." René Char.

 

Inacabable Noche de San Juan

<h3>Inacabable Noche de San Juan</h3>

Con un par de días de retraso dejo en el cuaderno una canción para todos aquellos que la Noche de San Juan quisieron volver a ser niños y recuperaron la infancia olvidada entre fuegos, petardos y cohetes.


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(Letra y traducción)

 

Los surcos del azar

<h3>Los surcos del azar</h3>

Salió del portal con la cabeza alta. La primavera acababa de instalarse en la ciudad, una primavera vestida de verano con un mediodía que cuarteaba el barro acumulado en los charcos dejados por los camiones que regaban las calles de madrugada. Hacía calor y tenía unas horas por delante para pasear. Sin saber muy bien a donde dirigirse, enfiló la calle, con zancadas rápidas y rítmicas. Por un infantil pudor siempre que andaba lo hacía deprisa, como si llegase tarde a alguna cita importante. Pensaba que si lo hacía despacio, saboreando cada paso, la gente con la que se cruzaba se preguntaría que dónde iba aquella mujer caminando lentamente y, peor aún, sentirían lástima por ella ya que supondrían que nadie la esperaba. Mejor rápido. Siguió andando y sobre la marcha de sus pies decidió ir a su librería favorita, calculó que tardaría casi una hora, suficiente tiempo para reflexionar. Después se dio cuenta de que ese camino la llevaría por paisajes conocidos, paisajes que tal vez la traerían algún recuerdo que no sabía si quería despertar. O sí. Inconscientemente es probable que eligiera esa ruta y no otra, creyendo en las probabilidades. Fue calculando las posibilidades que tenía de encontrarse con él en una ciudad de tres millones de habitantes y seiscientos kilómetros cuadrados. Jugaba a favor del azar que las calles que recorría eran frecuentes para él y que la hora no resultaba inusitada. En cualquier caso desechó la idea a mitad de camino, era una tontería, un pequeño ardid con el que engañarse a si misma.

Avanzaba decidida entre cientos, miles de personas que si se entretenían en los escaparates, en los bares, personas que si habían quedado y andaban con un objetivo claro, integrándose en ellas, sintiéndose parte de ese maremagnum de seres, coches, aceras, asfalto... Entonces le vio, venía andando en dirección contraria a la suya por la acera de enfrente. Dudó si llamarle, si dejarle pasar, fueron apenas unos segundos y transcurrieron lentamente, se dilataron indefinidamente, como si el tiempo hubiera quedado suspendido, aletargado, perdido entre los recovecos de su cerebro. De repente notó que él iba mirando el suelo y un destello se iluminó en su interior, seguramente él la había visto incluso antes de que ella lo advirtiese por la acera contraria, y no quería verla, ni encontrarse con ella, por eso miraba concienzudamente hacia sus propios pies, hacia los pasos que daba. Sintió una mezcla de tristeza y alivio. Tristeza porque en su interior sabía que ese era el objetivo real de su camino, la probabilidad de encontrarle, y alivio porque acababa de tomar la decisión. Siguió andando con la cabeza alta, mirando al frente, se cruzaron, cada uno por su lado de la calle, sin una palabra, sin una mirada.

Imaginó que en la vida todo es cuestión del destino, unos metros antes estuvo a punto de cruzar y cambiar de acera, pero recordó que cuando se citaban, él siempre llegaba por esa misma acera, por la que ella se empeñaba en recorrer. Mala suerte o buena suerte. Unos minutos después si cruzó al otro lado y siguió andando durante bastantes metros con la absurda idea de que él iba detrás de ella, siguiendo sus huellas. Ni un sólo momento se giró por no romper el hechizo de la ilusión. Cuando se acercaba a la librería descartó esa posibilidad, e intento consolarse pensando que el destino había querido jugar con ella, pero, más lista que ese azar juguetón, había desbaratado sus planes y salido victoriosa de la pequeña batalla. Era un consuelo ridículo porque quizás él no la viese y, además, ¿quién podía saber si en realidad los hados lo que pretendían era darla una oportunidad? Oportunidad que terminaba de tirar al cubo de las acciones y determinaciones que nunca osó cometer

Entró en la librería y tras hojear algunos de los muchos volúmenes que poblaban sus estantes, compró el libro que le hubiera regalado a él para su cumpleaños. Y salió, con la cabeza alta y andar decidido, nunca se sabe cuando una tiene cita con el azar.

Abrázame en mi hora de las horas (PRB V)

<h3>Abrázame en mi hora de las horas (PRB V)</h3>

                                                                 Dante Gabriel Rossetti - "Ghirlandata"

Aedh wishes for the Cloths of Heaven

Had I the heavens’ embroidered cloths,
Enwrought with golden and silver light,
The blue and the dim and the dark cloths
Of night and light and the half light,
I would spread the cloths under your feet:
But I, being poor, have only my dreams;
I have spread my dreams under your feet;
Tread softly because you tread on my dreams.

W.B. Yeats (1865–1939). The Wind Among the Reeds. 1899.


Si tuviera los bordados tapices del cielo,
Tramados con luz dorada y plateada,
El azul y lo tenue y los oscuros tapices
De noche, luz y penumbra,
Extendería los tapices bajo tus pies:
Pero yo, que soy pobre, sólo tengo mis sueños;
He extendido mis sueños bajo tus pies;
Camina con cuidado porque caminas sobre mis sueños.


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Anotación pataleta

<h3>Anotación pataleta</h3>

Hasta las narices ( según el RAE ,loc. adj. coloq. Cansado, harto. U. t. c. loc. adv.) asi estoy. Hastiada y aburrida, y no sólo de no poder publicar alguna hoja que lleva semanas esperando el insigne momento en el que vuelva a poseer esa simple técnica llamada banda ancha, sino también, y esto es lo que más coraje me provoca, de intentar participar en tantos cuadernos que me gustan, que me emocionan, que me vuelven combativa o me dejan como agua mansa. Mis intentos de dejar un comentario son la gran mayoría de las veces infructuosos y si, por cuestión de azar, lo consigo, es resultado de patéticos y repetidos golpes a la tecla enviar. Como consecuencia comento tarde, poco y mal. A la comedianta de Vailima me gustaría decirla que si estoy aqui, lo cual no es mucho pero bastante importante para mi, es gracias a ella y su cuaderno, me quedo con ganas de entrar en disputa sobre Corominas y RAE con mis náufragos favoritos, no puedo olvidarme de mis penas leyendo a Jafatron y su vitalismo surrealista, pierdo el hilo de uno de mis mejores escribidores, Charles , en el cuaderno de anarkasis sólo me permito asentir, pruebo una y otra vez a dejar mis miedos a Fanshawe, muy tarde comparto con la gata su pasión por el cine, con K de milagro dejo mi conato de comunicación, no puedo decirle a glup que la morena lima los dientes de la melancolía, intento contarle al lagarto que lo que duele es vivir, a la muchacha dorada le dejo medio comentario entre versos de Salinas, los anarcas se me escapan raudos en el cuaderno de Rain, al señor Otis ni me planteo decirle las cosas increibles, le deseo medio feliz viaje a Salamandra, la actualidad política del Cosaco me coge en pasado, por fin me entero que el Capitán Pescanova vive en el amor, el momento de Yhebra es de hace una eternidad, ... y tantos otros.

Por eso escribo sobre la marcha, porque mañana ya no estarán las mismas emociones, los mismos juegos, las mismas historias, habrá otros versos, otras fotografías, otras aventuras, diferentes películas, distintos debates, diversas novelas. Y yo volveré a llegar tarde, fastidiada por los instantes que no voy a poder disfrutar, por la pérdida de la satisfacción que me produce leerles a todos.

Al borde del mar en Guernesey

<h3>Al borde del mar en Guernesey</h3>

De resultas del caos en el que sigo inmersa, los proveedores de internet han decidido boicotearme indefinidamente supongo que contagiados por el ambiente que se respira enestenuestropais, me dedico a rescatar textos que escribí hace tiempo, pequeñas hojas que espero que cuenten con vuestra benevolencia al leerlas.

Este óleo es uno de mis favoritos, se llama "Al borde del mar en Guernesey". Renoir lo pintó en 1.883, a la vuelta de su viaje a Argelia. Se recrea en una luz falseada ya que es la costa anglonormanda y, sin embargo, la dota de la luminosidad mediterránea. Esta pintura se enmarca en la época más "impresionista" de Renoir, con pinceladas cortas, combinando un uso arbitrario del color. La luz baña toda la composición, difumina los contornos, nos confunde con el fondo. Este cuadro, junto a otros pintados en el mismo año, supone el último eslabón con el impresionismo, le dice a su amigo y marchante, Ambroise Vollard: "Había recorrido el camino del impresionismo hasta el final, para llegar a la conclusión de que no sabía ni pintar ni dibujar. En pocas palabras me encontraba en un callejón sin salida...". A partir de entonces su estilo cambia conservando el color del impresionismo, pero acercándose al dibujo, inspirado por Ingres. Sólo un último apunte sobre la personalidad de Renoir, los últimos 20 años de su vida padeció artritis, pero siguió pintando con un pincel atado a los dedos. Degas le comparó con un gato jugando con madejas de lana de muchos colores. Y ahora escuchemos al maestro rebatir todo esto: "Hoy día se quiere explicar todo, pero si se pudiera explicar un cuadro, no sería una obra de arte. Debo decirle a Vd. ¿Qué cualidades constituyen a mi juicio el verdadero arte? Debe ser indescriptible e inimitable... La obra de arte debe cautivar el observador, envolverle, arrastrarle. En ella comunica el artista su pasión; es la corriente que emite y por la que incluye al observador en ella."


A partir de aquí es mi voz la que habla y le hace caso a Renoir.
Siempre me ha gustado este cuadro, probablemente por que cuando lo conocí me encontraba en un momento personal de desolación y soledad. Me pongo enfrente de el, y ya no soy yo, soy esa pequeña figurita frente a un inmenso mar. Cierro los ojos y oigo el tremendo rugir de las olas, aunque el sol me baña, de vez en cuando siento un escalofrío. Mientras miro el mar delante de mi, pienso. Recuerdo otros días felices en Guernesey. Aquellos en que el sol de primavera calentaba mi espalda, en que mis manos jugaban despreocupadas con las pequeñas hierbas del campo, en los que recogía flores en ramilletes, mezclando sus colores como una paleta de pintor. Veía las gaviotas bailar su danza sobre el mar, y las olas me sonreían desde su boca blanca y luminosa. Entonces no había pasado ni futuro, el presente transcurría leve, dejando un perfume de mar y tierra húmeda. Ahora me encuentro tan perdida en este mismo lugar, el sol y el mar, ya no son los mismos, o tal vez yo soy otra, no la que jugaba y soñaba al borde del mar. Y aunque noto que me observan a lo lejos, no quiero darme la vuelta, no quiero ver a nadie, quiero que el mar me arrulle y me haga volver a abrir el cofre de las ilusiones de entonces, quiero que el sol me marque un camino para salir de este vacío. ¡Es todo tan bello a mí alrededor y yo guardo tanta tristeza entre mis dedos! Tal vez algún día llegue un paseante a Guernesey y se acerque al borde del mar, y me mire, y yo le vea contra el sol, con un halo luminoso, y me sonría, y en su cara brillen las sonrisas de las olas de entonces.

Ahora tomo un poco de distancia, me alejo de Guernesey y, aunque nunca he estado, imagino el día en que cogeré ese avión a Zurich, preguntaré por una única dirección, Heimplatz 1, y veré desde lejos el Kunsthaus, entraré nerviosa, con el corazón desbocado, tap, tap, tap, un martilleo en los oídos, y por fin me encontraré frente a frente con él. En ese momento la niña que construía sueños al lado del mar, la mujer que estaba sola en ese acantilado y yo, nos conoceremos. Y seguramente rodarán lágrimas por mis mejillas, que terminarán sobre el suelo de ese museo lejano, mi emoción quedará siempre prendida a esa imagen, sellada por el sol, el mar y las lágrimas.

No sé más que ahorrar una palabra, placer (PRB IV)

<h3>No sé más que ahorrar una palabra, placer (PRB IV)</h3>

"Laus Veneris" - Edward Burne-Jones

"Asleep or waking is it? for her neck,
Kissed over close, wears yet a purple speck
Wherein the pained blood falters and goes out;
Soft, and stung softly—fairer for a fleck.

But though my lips shut sucking on the place,
There is no vein at work upon her face;
Her eyelids are so peaceable, no doubt
Deep sleep has warmed her blood through all its ways.

Lo, this is she that was the world’s delight;
The old grey years were parcels of her might;
The strewings of the ways wherein she trod
Were the twain seasons of the day and night.

Lo, she was thus when her clear limbs enticed
All lips that now grow sad with kissing Christ,
Stained with blood fallen from the feet of God,
The feet and hands whereat our souls were priced.

Alas, Lord, surely thou art great and fair.
But lo her wonderfully woven hair!
And thou didst heal us with thy piteous kiss;
But see now, Lord; her mouth is lovelier.

She is right fair; what hath she done to thee?
Nay, fair Lord Christ, lift up thine eyes and see;
Had now thy mother such a lip—like this?
Thou knowest how sweet a thing it is to me. "

"Laus Veneris" - Algernon Charles Swinburne (Traducción )

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Beber por ti amor eterno (PRB III)

<h3>Beber por ti amor eterno (PRB III)</h3> Edmond Blair Leighton - "Tristan and Isolde"

ISOLDA

Cuan dulce y suave

sonríe,

sus ojos

se entreabren con ternura...

¡Mirad, amigos!

¿No le veis?...

¡Cómo resplandece

con luz creciente!

Cómo se alza

rodeado de estrellas.

¿No lo veis?

¡Cómo se inflama su corazón

animoso!

Augustos suspiros

hinchan su pecho.

Y de sus labios

deleitosos y suaves

fluye un hálito dulce y puro.

¡Amigos, miradle!

¿No lo percibís? ¿No lo veis?

¿Tan sólo yo oigo

esa voz

llena de maravillosa suavidad,

que cual delicioso lamento

todo lo revela

en su consuelo tierno?

Es cual melodía

que al partir de él, me penetra

resonando en mí, sus ecos deliciosos.

Esa clara resonancia que me circunda

¿es la ondulación de blandas brisas?

¿Son olas de aromas embriagadores?

¡Cómo se dilatan y me envuelven!

¿Debo aspirarlas?

¿Debo percibirlas?

¿Debo beber o sumergirme?

¿O fundirme en sus dulces fragancias?

En el fluctuante torrente,

en la resonancia armoniosa,

en el infinito hálito

del alma universal,

en el gran Todo...

perderse, sumergirse...

sin conciencia...

¡supremo deleite!

 

ISOLDE

Mild und leise

wie er lächelt,

wie das Auge

hold er öffnet, -

seht ihr's, Freunde?

Seht ihr's nicht?

Immer lichter

wie er leuchtet,

Stern-umstrahlt

hoch sich hebt?

Seht ihr's nicht?

Wie das Herz ihm

mutig, schwillt,

voll und hehr

in Busen ihm quillt.

Wie den Lippen,

wonnig mild,

süßer Atem sanft entweht:

Freunde! Seht!

Fühlt und seht ihr's nicht?

Höre ich nur

diese Weise,

die so wunder voll und leise.

Wonne klagend,

alles sagend,

mild versöhnend

aus ihm tönend,

in mich dringet, auf sich schwinget,

hold erhallend, um mich klinget?

Heller schallend, mich umwallend,

sind es Wellen sanfter Lüfte?

Sind es Wogen wonniger Düfte?

Wie sie schwellen, mich umrauschen,

soll ich atmen,

soll ich lauschen?

Soll ich schlürfen, untertauchen?

Süß in Düften mich verhauchen?

In dem wogenden Schwall

in dem tönendem Schall,

in des Weltatems

wehendem All -

ertrinken,

versinken,

unbewußt -

höchste Lust!



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(Libreto de Richard Wagner inspirado en la obra "Tristan" de Gottfried von Straßburg)

Promesas invisibles

<h3>Promesas invisibles</h3>

Pedro Pablo Rubens - "La adoración de los Magos"

En la tradición cristiana los Reyes Magos sólo aparecen en el Evangelio según San Mateo (2:1):

"Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes.
Entonces, unos amigos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
-«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo) »...
...Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo sido advertidos en sueños, para que no volvieran adonde estaba Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino."

Sin embargo, cada 5 de enero vuelven a nuestras casas, dejando un puñado de ilusiones esparcidas alrededor de un árbol o de un belén. Aunque ya no seamos niños, ójala en esta noche cada uno de vosotros se acueste con los anhelos a flor de piel, con las esperanzas apoyadas sobre la almohada, con la misma certidumbre que entonces, sabiendo que tal vez el regalo no sea el que insistentemente pediamos pero, siempre, había regalo.

Y si no lo creeis posible, leed, Mújica Laínez también imaginaba que los imposibles se hacen realidades en Reyes:

"El sordomudo, que es apenas un adolescente, se inclina en el barandal. Allá abajo, en el altar mayor, afánanse los monaguillos encendiendo las velas. Hay mucho viento en la calle. Es el viento quemante del verano, el de la abrasada llanura. Se revuelve en el ángulo de Potosí y Las Piedras y enloquece las mantillas de las devotas. Mañana no descansarán los aguateros, y las lavanderas descubrirán espejismos de incendio en el río cruel. Cristóbal no puede oír el rezongo de las ráfagas a lo largo de la nave, pero siente su tibieza en la cara y en las manos, como el aliento de un animal. No quiere darse vuelta porque el tapiz se estará moviendo y alrededor del Niño se agitarán los turbantes y las plumas de los séquitos orientales.

Ya empezó la primera misa El capellán abre los brazos. y relampaguea la casulla hecha con el traje de una Virreina. Asciende hacia las bóvedas la fragancia del incienso.

Cristóbal entrecierra los ojos. Ora sin despegar los labios. Pero a poco se yergue, porque él, que nada oye, acaba de oír un rumor a sus espaldas. Sí, un rumor, un rumor levísimo, algo que podría compararse con una ondulación ligera producida en el agua de un pozo profundo, inmóvil hace años. El sordomudo está de pie y tiembla. Aguza sus sentidos torpes, desesperadamente, para captar ese balbucir."

(Cuento completo en Ciudad de Seva)

Flotando bajo un sauce (PRB II)

<h3>Flotando bajo un sauce (PRB II)</h3>

John Williams Waterhouse - "The Lady of Shalott"


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Part IV

In the stormy east-wind straining,
The pale yellow woods were waning,
The broad stream in his banks complaining,
Heavily the low sky raining
Over towered Camelot;
Down she came and found a boat
Beneath a willow left afloat,
And round about the prow she wrote
The Lady of Shalott.

And down the river's dim expanse,
Like some bold seer in a trance
Seeing all his own mischance,
With a glassy countenance
Did she look to Camelot.
And at the closing of the day
She loosed the chain, and down she lay;
The broad stream bore her far away,
The Lady of Shalott.

Lying, robed in snowy white
That loosely flew to left and right -
The leaves upon her falling light -
Through the noises of the night
She floated down to Camelot:
And as the boat-head wound along
The willowy hills and fields among,
They heard her singing her last song,
The Lady of Shalott.

Heard a carol, mournful, holy,
Chanted loudly, chanted lowly,
Till her blood was frozen slowly,
And her eyes were darkened wholly,
Turned to towered Camelot.
For ere she reached upon the tide
The first house by the water-side,
Singing in her song she died,
The Lady of Shalott.

Under tower and balcony,
By garden-wall and gallery,
A gleaming shape she floated by,
Dead-pale between the houses high,
Silent into Camelot.
Out upon the wharfs they came,
Knight and burgher, lord and dame,
And round the prow they read her name,
The Lady of Shalott.

Who is this? and what is here?
And in the lighted palace near
Died the sound of royal cheer;
And they crossed themselves for fear,
All the knights at Camelot:
But Lancelot mused a little space;
He said, "She has a lovely face;
God in his mercy lend her grace,
The Lady of Shalott."

Alfred Tennyson - "Lady of Shalott"

La música secreta

<h3>La música secreta</h3>

Es sábado por la noche. La tarde se ha ido deslizando silenciosamente mientras mantengo un libro en las manos. Es "El pintor de batallas", tal vez Perez-Reverte ya no sea el que fue, pero ese libro me ha ido perdiendo por los caminos de una guerra circular. Faulques, derrotado, muerto, ejerce de maestro de ceremonias para presentarme a otros, que antes que el, han mirado cara a cara al caos, a la muerte, intentando encontrar una respuesta lúcida y diáfana. Ucello, Brueghel, Goya, Meissonier y así una lista innumerable, todos ellos acompañan a Faulques en su búsqueda, en la explicación del aleteo de la mariposa. Y alrededor, destacando como un fantasma del pasado, que en realidad viene a ser su presente, Markovic, con una tarea imposible porque ya esta cumplida. Y alguna mujer a pesar de su nombre, siempre en el recuerdo, Olvido, o una Carmen nueva. Pero yo no quería hablar de lecturas, hoy no. Decía que la tarde había pasado cuando él abre la puerta, con esa sonrisa franca se me acerca y me besa. Sé que tenemos planes, pero me cuesta levantarme del sofá, la pereza se ha adueñado de mí. Entonces dice las palabras mágicas:"Concierto de jazz". Corro como una cría, dejando la batalla de Faulques encima de la mesa, el fotógrafo puede esperar, abandonada al próximo reencuentro con sus páginas. Me visto y antes de que hayan pasado diez minutos, estoy feliz y radiante con la mano sobre el pomo de la puerta de la calle.
No es el típico local de jazz, íntimo y recogido. Es un salón amplio con fantástica acústica y en el que, para mi desgracia, esta prohibido fumar. Nos hemos quedado atrás, en la barra, esperando como dos adolescentes que apaguen las luces y empiece el milagro, la música.
No es una gran orquesta, son músicos de una ciudad pequeña, que tocan por verdadero amor a la música. Hoy tienen preparado a Bob Mintzer, saxofonista y compositor, con especial dedicación al saxo tenor.


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Siento su mano en la mía, y las notas se funden como nieve al sol de primavera, deslizándose por los recovecos de mi cabeza. Me dejo llevar, estoy en algún club neoyorquino de los años 50, la gente baila a mí alrededor, la orquesta desgrana su repertorio... Giro levemente la cabeza y le veo a mi lado, rozo sus labios, perdida en el tunel del tiempo, y... Siento su mano en la mía.

La felicidad son esos instantes que intentamos prender entre nuestras manos y al final sólo quedan capturados en nuestra memoria. Hoy no es sábado y no terminé de leer "El pintor de batallas", ¿seguirá Faulques esperándome? De todas maneras un miércoles cualquiera la mañana puede amanecer en sábado, o tal vez cualquier jueves, o tal vez...
 

Allí donde los libros son apenas mercado de la desolación

<h3>Allí donde los libros son apenas mercado de la desolación</h3>

Estoy leyendo la última novela de Manuel Rivas, "Los libros arden mal", y me ha sacudido el recuerdo de algún espectáculo vergonzante para el ser humano. Como este.
La tarde del 10 de mayo de 1.933 en Unter den Linden, frente a la universidad de Berlín y en otras ciudades, como Bonn, Frankfurt, Bremen, Hannover, se prendieron enormes hogueras, siendo arrojados a las llamas por los propios estudiantes en su gran mayoría, los libros rechazados por el nazismo. Aquella noche fueron quemadas obras de alemanes como Thomas Mann, Albert Einstein y Erich Maria Remarque, de extranjeros como H. G. Wells, Jack London, Sigmund Freud, Emile Zola y Marcel Proust. Todos estaban incluidos, filósofos, científicos, poetas, escritores. Sus nombres pasaron a integrar las "listas negras". Muchos de ellos fueron asesinados, arrestados o enviados al exilio.
La operación había sido coordinada por el ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels. El propio Sigmund Freud, cuyos libros se encontraban entre los seleccionados para ser destruidos, comentó irónicamente a un periodista que en realidad semejante fenómeno era un avance en la historia humana, "en la Edad Media, ellos me habrían quemado", afirmó.

La quema de libros fue un acto simbólico: el comienzo de la persecución y la expulsión de científicos e intelectuales de Alemania.
Esa noche, los enfervorecidos jóvenes entonaban cantos patrióticos y al final de cada estrofa daban pasto a las llamas con grandes obras, utilizando frases como estas:

"Contra la clase materialista y utilitaria. Por una comunidad de Pueblo y una forma ideal de vida.
Marx, Kautsky.
Contra la decadencia misma y la decadencia moral. Por la disciplina, por la decencia en la familia y en la propiedad.
Heinrich Mann, Ernst Glaeser, E. Kaestner
Contra el pensamiento sin principios y la política desleal. Por la dedicación al Pueblo y al Estado.
F. W. Foerster.
Contra el desmenuzamiento del alma y el exceso de énfasis en los instintos sexuales. Por la nobleza del alma humana.
Escuela de Freud.
Contra la distorsión de nuestra historia y la disminución de las grandes figuras históricas. Por el respeto a nuestro pasado.
Emil Ludwig, Werner Hegemann.
Contra los periodistas judíos demócratas, enemigos del Pueblo. Por una cooperación responsable para reconstruir la nación.
Theodor Wolff, Georg Bernhard.
Contra la deslealtad literaria perpetrada contra los soldados de la Guerra Mundial. Por la educación de la nación en el espíritu del poder militar.
E. M. Remarque
Contra la arrogancia que arruina el idioma alemán. Por la conservación de la más preciosa pertenencia del Pueblo.
Alfred Kerr.
Contra la impudicia y la presunción. Por el respeto y la reverencia debida a la eterna mentalidad alemana.
Tucholsky, Ossietzky"

Si esto nos parece horripilante, tampoco tenemos que irnos tan atrás en el tiempo, en 1.992, la Biblioteca Nacional de Bosnia y Herzegovina, en Sarajevo, que había sido abierta en 1896, fue bombardeada por orden del general serbio Ratko Mladic con obuses incendiarios. La biblioteca conservaba casi dos millones de volúmenes y 155.000 obras raras. Pocos ejemplares pudieron ser salvados.

Hoy, en la misma plaza de Berlín, una placa con una cita del poeta Heinrich Heine, cuya obra también ardió en aquella pira inmensa, rememora aquel episodio: "Ahí donde queman libros, terminan quemando hombres" ("Dort, wo man Bücher verbrennt, verbrennt man am Ende auch Menschen" Almanzor - 1.821).

El loco del pelo rojo (III)

Como dice la gata cinéfila "E nunca choveu que non escampara" , y por si acaso me permito añadir que tengo abierto el paraguas. Vamos a sacudirnos la melancolía por hoy de la mano del color de Vincent. Y de Paul, claro.
Cuando Van Gogh llega a Arlés procedente de París, estaba enfermo. Desde mediados de mayo hasta mediados de septiembre estuvo alojado en el establecimiento de los Ginoux, y seguramente entre ellos surgió una buena amistad. Cuenta Van Gogh sobre este retrato de Marie Ginoux a su hermano Theo en noviembre de 1.888 : "Además, tengo en fin una Arlesiana; una figura (tela de 30) esbozada en una hora; fondo limón pálido, la cara gris, el vestido negro, negro negro, de azul de Prusia completamente crudo. Se apoya sobre una mesa verde y está sentada en un sillón de madera anaranjada..."

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"La Arlesiana"

Ambos esposos regentaban el "Café de la Gare" (Café de la Estación), situado en el número 30 de Place de Lamartine, el establecimiento de los Ginoux, según Vincent explica a Theo, es un café de noche, muy corriente en aquella época, que permanecía abierto las veinticuatro horas del día.
Paul Gauguin también pinta su arlesiana.

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"Café Nocturno en Arlés".

Existen dos versiones de La Arlesiana, una, "Madame Ginoux con libros", y otra "Madame Ginoux con guantes y sombrilla". Vincent hace referencia en sus cartas sólo a uno de ellos, que, por el color del rostro, suponemos que es el que aparece más arriba. Se cree que Van Gogh se inspiró en un dibujo que Gauguin había hecho en noviembre de 1.888 de la señora Marie Ginoux. En junio del año 1890, él escribirá a Gauguin "me alegra mucho que usted me exprese su elogio del Retrato de la Arlesiana, hecho a partir de un dibujo suyo, al cual he tratado de ser fiel pero tomando la libertad, sin embargo, de interpretarlo por medio de un color que sea conforme al carácter sobrio y al estilo de dicho dibujo. Tómelo como una obra de ambos, resumen de los meses que trabajamos juntos”.

Sin embargo, por las fechas en que Vincent escribe a Theo, también podrían haber trabajado con la misma modelo juntos, que habría posado para los dos.

La arlesiana de Vincent se nos aparece como una dama, los libros que aparecen en la obra la encuadran en un marco burgués y culto, con aspecto de mujer soñadora, amable. Aunque no es hermosa, aparece con un atractivo indudable, en cierto modo “maternal”. Gauguin baja del pedestal a la artesiana, se nos aparece como la propietaria de una taberna, o peor aun, de un burdel. Su expresión es cínica y hasta cierto punto, despreciativa. Nos la muestra asociada a una iconografía muy propia de la segunda mitad del siglo XIX que recoge un tipo de mujer solitaria, en un café, tomando bebidas alcohólicas, y de vida degradada por el alcohol y la prostitución, como “La absenta” de Degas, “La bebedora de ajenjo” de Picasso o “Agostina Segatori en el café Tambourin" del propio Van Gogh.

En cualquier caso quería mostraros la diferencia entre ambos y sobre todo, como se entremezclan sus estilos, Van Gogh, el realista, idealiza la modelo mediante un esfuerzo de imaginación, e introduce elementos simbólicos como los libros, en tanto que Gauguin, el abstracto e imaginario, pinta un cuadro realista, con colores locales, que podría enmarcarse en la pintura costumbrista de principios del siglo XX.

Sólo queda un gran problema si tuvierais que elegir uno, ¿con cuál os quedaríais?

La muerte y la doncella

<h3>La muerte y la doncella</h3>

El título de esta hoja suelta traerá a la mente de quien lo lea diferentes evocaciones. Para algunos sonará un cuarteto de Schubert, para otros las imágenes de una magnífica película desfilarán ante sus ojos, para bastantes estallará el fogonazo de un grabado de Durero (Dürer, para mi maestra y amiga Vailima) e incluso, una pequeña mezcla de todo esto. Lo primero que recuerdo es la película (lo siento soy de la generación audiovisual, el cine es mi séptimo arte). Tengo imágenes sueltas de un gran impacto, recuerdo como me conmovió, como interioricé esa historia, como Paulina me sacudió emocionándome. La segunda presencia es la música de Schubert, unida y ligada íntimamente con la película, el cuarteto para cuerda romántico "La muerte y la doncella" (si estais interesados en oirla es el D810 de su catálogo), aunque no imaginéis una película romántica por la música que la acompaña. Y por último Durero, tiempo después de ver la película y disfrutar con la música llegué por casualidad a este grabado.

Tampoco me dejo indiferente, y cuando alguna vez he querido retornar a verlo me ha supuesto volver loco a Mister Google. ¿Cual es la razón? Sencilla, no se llama "La muerte y la doncella", por lo menos para el mundo anglosajón (mi dominio del alemán es nulo), sino "Coat of Arms with Skull" que vendría a ser "Escudo de Armas con Cráneo". Sinceramente, me parece más bella la denominación con que apareció por primera vez ante mis ojos, y con ese bautismo renovado os presento el grabado.

Hoy quería representaros la eterna lucha del bien y el mal. Los que conocéis la película entenderéis mejor porque quería utilizarla para escribir sobre el fino hilo que separa bondad y maldad, o mejor aun, las enhebra y une. Para el resto no quiero comentar nada, sólo una pequeña recomendación, acudir a verla, ante una pantalla, en un televisor, en vuestro ordenador, pero dejaros llevar de la mano de Roman Polanski en esta historia de horror y amor.

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No me des tregua, no me perdones nunca

<h3>No me des tregua, no me perdones nunca</h3>

"Pero el amor, esa palabra... Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero. Claro que te curarás, porque vivís en la salud, después de mí será cualquier otro, eso se cambia como los corpiños. Tan triste oyendo al cínico Horacio que quiere un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor llave, amor revólver, amor que le dé los mil ojos de Argos, la ubicuidad, el silencio desde donde la música es posible, la raíz desde donde se podría empezar a tejer una lengua. Y es tonto porque todo eso duerme un poco en vos, no habría más que sumergirte en un vaso de agua como una flor japonesa y poco a poco empezarían a brotar los pétalos coloreados, se hincharían las formas combadas, crecería la hermosura. Dadora de infinito, yo no sé tomar, perdoname. Me estás alcanzando una manzana y yo he dejado los dientes en la mesa de luz. Stop, ya está bien así. También puedo ser grosero, fájate. Pero fijate bien, porque no es gratuito.

¿Por qué stop? Por miedo de empezar las fabricaciones, son tan fáciles. Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras, perras negras, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo. Así viven muchos amigos míos, sin hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor-que-sienten-por-sus-esposas. De la palabra a los actos, che; en general sin verba no hay res. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al verse. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto. Pero estoy solo en mi pieza, caigo en artilugios de escriba, las perras negras se vengan cómo pueden, me mordisquean desde abajo de la mesa. ¿Se dice abajo o debajo? Lo mismo te muerden. ¿Por qué, por qué, pourquoi, why, warum, perchè este horror a las perras negras? Miralas ahí en ese poema de Nashe, convertidas en abejas. Y ahí, en dos versos de Octavio Paz, muslos del sol, recintos del verano. Pero un mismo cuerpo de mujer es María y la Brinvilliers, los ojos que se nublan mirando un bello ocaso son la misma óptica que se regala con los retorcimientos de un ahorcado. Tengo miedo de ese proxenetismo, de tinta y de voces, mar de lenguas lamiendo el culo del mundo. Miel y leche hay debajo de tu lengua..."


Podría haber elegido cualquier otro fragmento de "Rayuela", el famoso beso del capítulo 7, la descripción de la rayuela del 36, el capítulo 14 y su juego entre Pérez Galdós y el propio Horacio, el conocido glíglico del capítulo 68 y así una interminable lista, porque "Rayuela" ya se ha convertido en un clásico, con poco más de 40 años, pero para mi esta novela es una obra de amor y humor, elegí amor, soy una Julieta no elegida.

No voy a comentar nada sobre la obra, porque sobrepasaría mis limitadas aptitudes, cada uno de los que la hemos leido tenemos nuestra propia "Rayuela", con el orden y la medida que nos pareció mas perfecto en ese caos ordenado que Julio Cortázar decidió regalarnos. Y las palabras, esas perras negras, se mueven del lado de allá, del lado de acá y de otros lados, componiendo una cadena precisa parecida al uróboros.

Por último pediros disculpas por los enlaces, he escogido los que pensé que mejor se adaptaban a la idea que Cortázar quería transmitirnos. Si alguno de vosotros posee una edición profusamente comentada es probable que no coincidan mis pequeñas notas, pero, al fin y al cabo, esta es mi rayuela.

Y somos dos fantasmas que se buscan

<h3>Y somos dos fantasmas que se buscan</h3>

"...Basta de preguntas. Son preguntas que dormían en el Averno: ¿por qué conjurarlas a la luz del día? Son grises y tristes y contagian su condición. No afirme usted que dos horas de vida son, sin duda alguna, más que dos páginas de escritura; la escritura es más pobre, pero más clara..."

"Luego llegó ese tierno telegrama, un elemento de consuelo para la noche, esa antigua enemiga (si no bastó, no ha sido realmente por culpa de usted, sino de las noches. Estas breves noches temporales casi podrían enseñarle a uno a temer la no­che eterna)."

"Ayer te aconsejé no escribirme a diario. Hoy sigo opinando lo mismo; considero que sería un beneficio para ambos y vuelvo a aconsejártelo, con mayor insistencia aún ... Sólo que, por favor Mílena, no sigas mi consejo y escríbeme a diario. Me basta con unas pocas líneas, algo más breve que las cartas de hoy, dos líneas, una, una palabra ... pero el privarme de esa palabra me causaría un terrible dolor."

"He permanecido hasta la una y media de la mañana sobre esta carta, sin hacer nada más; pero la contemplaba y, a través de ella, te contemplaba a ti. A veces, y no en sueños, me parece verte con el rostro oculto por la cabellera; yo divido el pelo y lo aparto hacia derecha e izquierda. Tu rostro aparece, yo rozo tu frente y tus sienes y luego sostengo tu rostro entre ambas manos."

"¡A quién se le ocurrió que la gente puede mantener relaciones por corres­pondencia! Uno puede pensar en una persona ausente y puede tocar a una persona presente; todo lo demás supera las fuerzas humanas. Pero escribir cartas significa desnudarse ante los fan­tasmas, cosa que ellos aguardan con avidez. Los besos escritos no llegan a destino, son bebidos por los fantasmas en el camino. Y esa abundante alimentación hace que los fantasmas se multi­pliquen en forma tan desmesurada. La humanidad lo percibe y lucha contra eso; para eliminar en lo posible todo lo fantasmal que se interpone entre los hombres y para lograr una comunica­ción natural, para recuperar la paz de las almas, ha inventado el ferrocarril, el automóvil, el aeroplano. Pero ya es tarde; es obvio que esos inventos han surgido en plena caída. La otra parte es mucho más serena y fuerte: después del correo inventó el telégrafo, el teléfono, la telegrafía sin hilo. Los fantasmas no morirán de hambre, pero nosotros sucumbiremos."

Fragmentos de Cartas a Milena . Franz Kafka

Kafka tiene treinta y seis años cuando conoce a Milena Jesenská, ella tan sólo veinticuatro. Es Milena la que inicia la relación al ofrecerse, por carta, como traductora de su obra al checo (Kafka escribía en alemán). La misiva es respondida y la correspondencia crece. Las cartas dirigidas por Kafka a Milena cubren más o menos dos años, de 1920 a 1922. La comunicación se debilita por el reconocimiento de la enfermedad del escritor, la lejanía física de ambos, motivada por las estancias de Franz en sanatorios y balnearios para recuperar la salud y la imposibilidad de ella de abandonar a su marido, el escritor Ernst Polak.

Milena Jesenská y Franz Kafka tenían rasgos comunes que propiciaban la atracción mutua, pero otras facetas de sus personalidades los separaban. Franz Kafka era un hombre prudente, cauteloso, estrictamente honesto. Milena Jesenská, periodista, traductora, escritora, era una bohemia, disipadora y siempre dispuesta a violar las reglas con las que nunca se había identificado. En una carta al escritor Max Brod, Jesenská había escrito todavía en vida de Kafka: "Frank no tiene capacidad para vivir. Frank jamás podrá curarse. Es una persona obligada al ascetismo por su terrible lucidez, pureza e incapacidad de compromiso".

En el otoño de 1921, éste le entregó todos sus diarios, señal de estima y confianza, especialmente si se tiene en cuanta que nunca quería mostrar su trabajo a nadie, ni siquiera a sus editores. Poco antes le había dado los manuscritos de Desaparecido y de Carta al padre, y nunca le pidió que se los restituyera.

Milena en la Segunda Guerra Mundial ayudaba a los refugiados alemanes, huidos de Hitler. Tras la ocupación de las tierras checas por las tropas nazis el 15 de marzo de 1939, Milena se sumó a la lucha clandestina contra los ocupantes. Fue detenida por la Gestapo en noviembre de 1939 y recluída en el campo de concentración de Rawensbruck. Demacrada, aquejada de artritis y un doloroso eczema, en el campo de concentración Milena Jesenská contrae una grave enfermedad renal y fallece el 17 de mayo de 1944. Los nazis arrojaron sus cenizas a un lago vecino a Rawensbruck.

Milena Jesenská escribió para Franz Kafka en su muerte palabras como estas:

"Era un hombre clarividente, demasiado sabio para poder vivir, demasiado débil para querer luchar; pero su debilidad era la de los hombres nobles y rectos, que son incapaces de luchar contra el miedo, la incomprensión, la falta de amor y la hipocresía, y que conocedores de su incapacidad, prefieren rendirse avergonzando así al vencedor."

"Sus obras se caracterizan por la expresión de un sordo temor por los secretos desconocidos y la evidente inculpabilidad de la culpa entre los hombres. Fue un artista de conciencia tan escrupulosa que supo permanecer alerta donde los otros, los sordos, se sentían seguros."

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