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La funámbula

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Si se me diera el olvido (Fiebre y lanza)

<h3>Si se me diera el olvido (Fiebre y lanza)</h3>

Cuando se publicó "Veneno y sombra y adiós" de Javier Marías, después de leer las elogiosas críticas que acompañaban su lanzamiento pasé por la librería para comprarla. Recordaba haber leído del mismo autor "Corazón tan blanco", aunque en mi memoria aparecía desdibujada su trama. Con la novela en la mano y a punto de pagarla me dí cuenta de que ese libro formaba parte de una trilogía y no era justo empezar por el final, así que retrocedí y cambié mi opción, cogí "Tu rostro mañana. 1 Fiebre y lanza", comienzo de la trilogía de Marías. No sé si hubiera acertado de no haberlo hecho de esta manera, pero puedo aseguraros que hacia mucho tiempo, demasiado seguramente, que un retazo de literatura no me empujaba a leer con un lápiz en la mano, subrayando, escribiendo en los márgenes del libro, acotando ideas, dejando notas para posteriores búsquedas. La mayor satisfacción que una novela puede darme como lectora es esta, sentir vida que traspasa la ficción y a la vez, sentir que formo parte de la trama, en una doble vía que fluye ligera.

Desde el principio, antes de abrir una sóla de sus páginas me quedé aferrada a su título "Tu rostro mañana", intentando explicarme el por qué de esa llamada de atención. Javier Marías toma el título de Shakespeare, "Enrique IV", segunda parte, acto II, escena II:

"What a disgrace is it to me to remember thy name! Or to know thy face tomorrow!"

Y, si como dicen, la primera frase de una novela puede delimitar el camino entre el éxito y el fracaso, para mi Marías iba camino de la gloria:

"No debería uno contar nunca nada, ni dar datos ni aportar historias ni hacer que la gente recuerde a seres que jamás han existido ni pisado la tierra o cruzado el mundo, o que sí pasaron pero estaban ya medio a salvo en el tuerto e inseguro olvido"

El escritor hace un intento en contra de su propio interés, establece las bases que dinamitará a lo largo de la novela, donde contará y contará, no parará de contar, de narrar, jugando con el lector a enseñar sin mostrar, a que vislumbre la verdad de la mentira.

"Hablan los libros en mitad de la noche como habla el río, con sosiego o desgana, o la desgana la pone uno con su propia fatiga y su propio sonambulismo y sus sueños, aunque esté o se crea muy despierto."

El protagonista, la voz que no cesa, es Jacques Deza, pero no sólo Jacques, también es Jacobo, James o Yago. Ha vuelto a Londres, dónde residió tiempo atrás como profesor en Oxford, después de su divorcio. Es reclutado para un equipo secreto del Servicio de Inteligencia, las personas que forman parte de ese equipo tienen un don, predicen que hará cualquier persona en el futuro, como se comportará. De esta forma la novela gira sobre la confianza y la traición, la palabra y el secreto, la realidad y la mentira, el azar y el tiempo. Y bajo el hilo de las reflexiones de Deza y sus interlocutores se desliza la guerra y la muerte, crímenes no resueltos y batallas perdidas.

"Las mentiras son las mentiras, pero todo tiene su tiempo para ser creído."

"La verdad se vuelve inverosímil a veces con el paso del tiempo; se aleja, y entonces parece fábula, o ya no más la verdad."

Deza recuerda en un momento concreto las palabras de su padre, "...lo interesante y difícil, lo que puede valer la pena y lo que más cuesta, es seguir: seguir pensando y seguir mirando más allá de lo necesario, cuando uno tiene la sensación de que ya no hay más que pensar ni nada más que mirar, que la secuencia está completa y que continuar es perder el tiempo. Lo importante está siempre ahí, en el tiempo perdido, en lo gratuito y en lo que parece superfluo...", esta reflexión será de alguna manera el impulso de Deza, no basta con las apariencias, lo que quieres ver está siempre delante de ti, "quien está dispuesto a ver, al final ve casi siempre".

La novela deja abiertas puertas como corresponde a algo inacabado, enigmas (una mancha de sangre anónima, una mujer que pasea con un perro) que podemos intuir por las pistas que el autor nos ha ido dando, nunca de forma clara y fehaciente, siempre por medio de recorridos ocultos. Podría parecer una novela de intriga aunque no lo es, sin embargo, lo parece... la apariencia.

"Calla, calla y entonces sálvate", este es el mantra que Jacques Deza se repite, en el silencio está la salvación y por ello, nunca deberíamos contar nada.

Mientras tanto acabo de empezar a leer "Tu rostro mañana. 2 Baile y sueño", ya os contaré porque siempre merece la pena pese a que Javier Marías diga, "y a qué tanto sueño y, aquel rasguño, mi dolor, mi palabra, tu fiebre, y tantas las dudas, y tal tormento."

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Lo que pasa

<h3>Lo que pasa</h3>

A veces, en octubre, es lo que pasa...


Cuando nada sucede,

y el verano se ha ido,

y las hojas comienzan a caer de los árboles,

y el frío oxida el borde de los ríos

y hace más lento el curso de las aguas;

cuando el cielo parece un mar violento,

y los pájaros cambian de paisaje,

y las palabras se oyen cada vez más lejanas,

como susurros que dispersa el viento;

entonces,

ya se sabe,

es lo que pasa:

esas hojas, los pájaros, las nubes,

las palabras dispersas y los ríos,

nos llenan de inquietud súbitamente

y de desesperanza.

No busquéis el motivo en vuestros corazones.

Tan sólo es lo que dije:

lo que pasa.

Ángel González

Lo que pasa puede suceder en octubre o en enero, es lo que pasa, que una anda buscando un poema para recordar a Ángel González que se marchó en este frío mes y, de repente, surgen los versos que explican lo que te cala los huesos desde que te levantaste. Es lo que pasa, que "la poesía te ilumina, te aclara cosas, te explica el mundo y responde a esa necesidad de entender la vida" y ésta que me acompaña, la que busca, ese espejo en el que me reflejo y me reconozco, se pregunta por esa inquietud y desesperanza que me siguen en estos días. No yo, que ya he aprendido a no hacerme preguntas para no tener que escuchar las respuestas, es ella, que interminablemente inquiere por aquí y por allá. Y yo intento acallarla, pero es difícil mientras me susurra "estoy aquí,/ insomne, fatigado, velando/ mis armas derrotadas,/y canto/ todo lo que perdí: por lo que muero". Es lo que pasa, que no me conformo con su canto de sirena en mi oído, que me revuelvo y saco las uñas afiladas y a voces la cuento que: "Escucho tu silencio./ Oigo/ constelaciones: existes./ Creo en ti./ Eres./ Me basta". Y yo, pobre ilusa, supongo que la he vencido, que he dejado su voz adormecida entre las magnolias de la memoria, pero ella acecha por los rincones de mi casa y entre ruidos de vecinos, programas de televisión y el tic-tac de estas teclas, la oigo, es lo que pasa:" Aquello/ que quizá hubiese sido/ posible,/ que sería posible todavía/ hoy o mañana si no fuese/ un sueño". Busco evadirme de ella, no la miro, y aunque reclama mi atención, me invento excusas para sacarla fuera, ponerla en la puerta y que ande en enero murmurando a los charcos de mi calle, porque, al fin y al cabo, le explico que: "Después de haber hablado,/de haber vertido lágrimas,/silencio y sonreíd:/nada es lo mismo./ Habrá palabras nuevas para la nueva historia/ y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde".

Aquí os dejo las pruebas de la batalla, sé que no la he convencido y que esta noche dormirá de nuevo sobre mi almohada porque no la gusta el frío, es lo que pasa.

*Gracias mil a mi Vailima que además de salvarme del laismo imperial, ¡me ha enseñado a modificar el artículo sin que desaparezcan los comentarios!

Rumor de besos nocturnos

<h3>Rumor de besos nocturnos</h3>

Quijote: Quiero un beso.

Zingarella: Eso me ha hecho pensar en algo muy material, no me vale.

Quijote: Sí te vale, descríbemelo.

Zingarella: ¿Qué pasa por tu cabeza cuando alguien te pide un beso? De repente recuerdas todos los besos dados, que te saltan como chispas de un encendedor, calentando la memoria de un pasado cercano aún. También recuerdas mil besos perdidos, esos que nunca llegaron a ninguna parte, que se olvidaron entre noches sin luna y kilómetros de mareas en el asfalto de carreteras.
¿Cual describirías? ¿El real o el imaginado?

Quijote: Ambos se entremezclarían, se darían un beso de tornillo, el real y el imaginado. El deseo se hace inversamente proporcional a la distancia de los labios, que parecen haber llegado desde las antípodas de la noche y el día.

Zingarella: En el beso imaginado nos reconocemos en la distancia que no miden las manos, que no miden los brazos. Surge leve, apenas un soplo que quema los labios, anunciando hogueras futuras, quemando sin madera que arda.
En el beso real los brazos se encuentran y los labios son el combustible de la hoguera, cada suspiro en la boca del otro, el oxígeno que la alimenta.

Quijote: ¿Traspasamos las almas en los besos?

Zingarella: Según su manera, hay besos que llevan el alma, el cuerpo y hasta la historia de uno, esos besos en los que perdemos el sentido, cuando el mundo gira y nosotros permanecemos aferrados a una lengua.
¿Se besan las almas?

Quijote: En los besos se hallan los deseos, a veces las ansias, siempre los quieros, juegan a su alrededor los futuros y los pasados, habitados por el calor y los torbellinos, rechazados por el frío y la calma, pequeñas tempestades en miniatura...

Zingarella: Tengo otra pregunta que me acecha, hoy más que otros días.

Quijote: Veamos...

Zingarella: ¿Por qué la magia es un hilo fino que parece resistente mientras dura el hechizo y de repente se rompe y cuando menos lo esperas se rehace como truco de ilusionista ante tus ojos?

Quijote: La respuesta es...


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Passarola

<h3>Passarola</h3>

"Esto que aquí ves son las velas que sirven para cortar el viento y se mueven según las necesidades, y aquí está el timón con que se dirigirá la barca, no al azar sino por medio de la ciencia del piloto, y éste es el cuerpo del navío de los aires a proa y popa en forma de concha marina, donde se disponen los tubos del fuelle para el caso de que falte el viento, como tantas veces sucede en el mar, y éstas son las alas, sin ellas, cómo se iba a equilibrar la barca voladora, y no te hablaré de estas esferas, que son secreto mío, bastará que te diga que sin lo que ellas llevarán dentro no volará la barca, pero sobre este punto aún no estoy seguro, y en este techo de alambre colgaremos unas bolas de ámbar, porque el ámbar responde muy bien al calor de los rayos del sol para el efecto que quiero, y esto es la brújula, sin ella no se va a ninguna parte, y esto son roldanas y poleas, que sirven para largar y recoger velas, como los barcos en la mar. Se calló un momento, y añadió, Y cuando todo esté armado y concordante entre sí, volaré."

(El padre Bartolomeu Lourenço, El Volador, le enseña a Baltasar sobre planos como será la passarola)

"Memorial del convento" - José Saramago

Me entusiasma el fino hilo con que se teje la ficción alimentándose de la realidad, sólo hay que ser un maestro como Saramago para construir un cuento de 467 páginas, haciendo una perfecta amalgama de magia e Historia. No han dejado de resonar los ecos de Sietesoles por mi cabeza, los silencios de Blimunda o ese rey que debe cumplir la promesa de construir un convento en Mafra. Y todos ellos se armonizan con la música del clavicordio que Scarlatti acaricia...

Naderías

<h3>Naderías</h3>

Ayer en la oficina, mientras lidiaba con las cuentas de mis clientes, Aida, la señora que limpia, revoloteaba a mí alrededor vaciando papeleras, limpiando libros y estantes, recogiendo papeles caídos por el suelo. Empecé a hablar con ella de la manera más tonta posible, ese típico "Si quieres te limpio la mesa" y yo, que nadaba entre papeles, con cien montones de carpetas organizadamente desorganizadas (me entenderán los acólitos del caos organizado), sin hueco para poder dejar informes que seguía escupiendo la impresora, le dije que mejor otro día, total la mesa esta tan repleta que es imposible que coja polvo por ningún sitio, no queda ningún resquicio sin cubrir. Aida es ecuatoriana, se levanta todos los días a las 4 y media de la mañana para dejar la comida hecha a su familia, sus hijos preparados para ir al colegio, su casa recogida. Trabaja 10 horas al día a las que se le añaden otras dos de transporte. Y recibe un sueldo vergonzoso de su empresa que a cambio cobra su hora laboral a precio de oro a las oficinas donde va. Nada raro, lo normal, las pequeñas cosas a las que estamos acostumbrados. Sin embargo ayer comentó algo que consiguió que sonriera, mientras trabajaba y hablaba de cómo se había aficionado al café en España porque en Ecuador no es costumbre beberlo, de repente se paró, me miró con unos grandes, verdes y profundos y dijo: "Te pareces mucho a tu compañera, la que se marchó al otro despacho" (tenemos un despacho jurídico donde trabaja sólo una mujer, S., que es abogada). Yo, con cara de incredulidad, como siempre que me dicen que me parezco a alguien, le contesté: "¿A S.? ¡Qué raro, nunca lo hubiera dicho!". Ella continuó:"Sí, siempre estáis sonriendo y riendo las dos". No sé si antes de decirme eso sonreía pero después puedo aseguraros que sí. Pequeñas cosas que te hacen tomar conciencia de quien eres porque hay días que se te olvida o días en que encuentras pocas razones por las que reír, sin acordarte de que siempre has reído por cualquier motivo, que no has dejado de sonreir en ninguna circunstancia.

Codicia de la belleza

<h3>Codicia de la belleza</h3>

         Susana en el baño - Tintoretto (1.577 - Kunsthistorisches Museum)

Susana saliendo del baño

Los dos grifos de níquel -raras aves, agarradas a la piel tersa de la bañera- miraban, pensativos, ya sin agua caliente y fría, el abandono dramático de su cabeza. Cabeza de algas verdirrojas que flotaban huyendo en la concavidad de porcelana.
El agua, ni caliente ni fría, cantaba en sus orejas, rosadas y tiernas caracolas, una canción de azogue. Temblaba en el baño para desviar sus formas; le multiplicaba cada perfil en líquidas ondulaciones, y cerraba su garganta con un hilo verde: la cabeza, muerta -¡muertos los ojos en un sueño marítimo!- sobre bandeja de cristal.
Un minuto, elástico e inminente.
Surgió un brazo, como una señal. Surcado de venas y chorreando (los cinco dedos, cinco raíces clavadas en la esponja). Se abrió la mano, y la esponja -estrella rubia- naufragó en una tibia aurora de carne y porcelana.
La mano adaptó su caricia húmeda a la curva del contorno. Nació en aquel mapa claro la isla de un hombro. Y el cuello, metálico. Sobre el pecho -hoja de mapamundi- dos hemisferios temblorosos con agua y carmín. El vientre en ángulo y las rodillas paralelas...
Susana, pisando el agua, saltó una pierna sobre el borde con gesto audaz de ciclista, para poner su pie, azul y rosa, en flexible tablero de corcho, sin color ni temperatura.
Alta, quieta ya (mientras el agua, libre de la cadena, se precipitaba cantando su condenación por tubos de órgano), era admirada del espejo, confinado en su elipse de celuloide; del rizado lavabo en que se aburría un jabón negro, y del asiento redondo y vegetal.
Se cubrió de largos pliegues blancos. Arriba, la cabeza: mojada y trágica medusa; Abajo, los pies, apuntados triangularmente.
El espejo sonreía, como una ventana, sobre la mesa de cristal.

Francisco Ayala

Apareció dentro del libro de relatos "El boxeador y un ángel" (Madrid. Cuadernos literarios) en 1929. Francisco Ayala tenía veintitrés años, había ya publicado dos novelas breves, "Tragicomedia de un hombre sin espíritu" (Madrid. Industrial Gráfica. 1925) e "Historia de un amanecer" (Madrid, Ed. Castilla. 1926).

La historia de Susana viene recogida en el Libro de Daniel. Susana, mujer hermosa y temerosa de Dios había sido casada con Joaquín, un hombre muy rico a cuya casa concurrían los judíos y junto a la cual tenía un jardín. Hacia el mediodía, cuando el pueblo se había retirado, entraba Susana en el jardín de su marido para pasear y distraerse, y viéndola cada día dos ancianos jueces en el jardín, sintieron por ella una pasión vehemente. Un atardecer la espiaron escondidos en el jardín, mientras se bañaba, y cuando sus doncellas se retiraron y se quedó sola, los dos viejos jueces se acercaron y le propusieron que accediera a sus deseos, amenazándola con decir que estaba con un joven y que por eso despidió a las doncellas. Angustiada por la amenaza de ser acusada de adulterio por los jueces y, consecuentemente, de ser condenada a muerte, Susana no obstante se resistió, por lo que los viejos la denunciaron. La astuta intervención del profeta Daniel la librará de la muerte y hará recaer el castigo sobre los jueces calumniadores y libidinosos.

Susana ocupa el centro de la mirada del relato, pero es una protagonista tan sólo aparente. Si se nos atrae hacia ella es para analizarla, calibrarla, rodearla y medirla. Porque esa mirada del narrador nos obliga a una contemplación fría. En el texto de Ayala no aparecen los viejos, no están en la representación y sin embargo están en el significado. Susana es contemplada por sus ojos, que la crean y la desean, pero son también los ojos del narrador, y con ellos los ojos de los lectores, nuestros ojos, ocultos detrás de la página, voyeurs que deseamos a la mujer surgida de las aguas con ese deseo a distancia, deseo frío, deseo puramente estético.

El satén de las páginas

<h3>El satén de las páginas</h3>

Espero que peggy no se enfade por los retoques que voy a escribir. Hace unos días me mando un meme (aún recuerdo aquellos tiempos en que ninguno había tocado a mi puerta). Voy a ser un poco desobediente y contestaré el meme a mi manera, espero que por lo menos encontremos lugares comunes.

Hace diez años: Entonces ya era casi tan mayor como ahora, si miro hacia atrás tengo que buscar un punto que ancle con el pasado ¿Qué pasó hace diez años? Ni idea, aunque seguro que leía mucho más que ahora, tenía más tiempo y en casa había un ordenador sin conexión a internet, rebusco y al final encuentro algo, aquel año el Premio Nobel de Literatura era para Darío Fo... agua, reconozco que no he leído nada de él. El Cervantes para Cabrera Infante, tocado, he leído bastante de su obra pero me parece recordar que fue después. Se enciende la lucecita, me engancho a Paul Auster, por primera vez me acerco a su universo personal y quedo fascinada y seducida de la mano de "La trilogía de Nueva York". Además hay una novela recurrente en cualquier periodo de mi vida desde que cumplí los dieciocho años es, el "Ulysses" de James Joyce. Amén.

Hace cinco años: Creo que me costará menos trabajo, es el año del euro y del Prestige, y tengo dos criaturas de de un año. Robo tiempo al tiempo para poder leer, aún asi recuerdo una novela que me llamó la atención poderosamente "Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay" de Michael Chabon. Pese a todo el "Ulysses" sigue compartiendo mi mesilla con el despertador y la lámpara...

Hace un año: Cuánto más me acerco más difícil me resulta, en un año tengo muchas lecturas frescas, elijo al azar, una novela "Travesuras de la niña mala" de Vargas Llosa, literatura en estado puro. Por cierto, el "Ulysses" por fin duerme el sueño de los justos en una estantería, algún día pasará la revisión pero tal vez tenga que esperar los más de 15 años que he tardado en leerlo completo.

Ayer: Como siempre tengo tres o cuatro libros a medias, dependiendo del momento del día en mis manos aparece uno u otro. Supongamos que es por la mañana y voy en el metro, "El ruido y la furia" de William Faulkner, madreselvas y grillos, "Entonces solamente tú y yo entre la maledicencia y el horror cercados por la límpida llama".

Hoy: La noche en mi cama, mientras acude el sueño, "Cuatro poetas en guerra" de Ian Gibson, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca y Miguel Hernández, la placa en el nicho de Antonio Machado en Colliure, "ICI REPOSE ANTONIO MACHADO MORT EN EXIL LE 22 FÉVRIER 1939"

Cinco canciones: "Cancionero y romancero de ausencias" de Miguel Hernández, "Romancero gitano" de Federico García Lorca, "Canto general" de Pablo Neruda, "Coplas a la muerte de Don Rodrigo Manrique" de Jorge Manrique, "El cantar de Mio Cid".

Cinco lugares: "El paraíso perdido" de John Milton, "La isla del tesoro" de Robert Louis Stevenson, "Las peregrinaciones de Childe Harold" de Lord Byron, "La Iliada" de Homero, "El corazón de las tinieblas" de Joseph Conrad, "Don Quijote de La Mancha" de Miguel de Cervantes, vaya que eran cinco...¡Dónde cortar!

Cinco comidas: "Como agua para chocolate" de Laura Esquivel, "En busca del tiempo perdido" de Marcel Proust, "Platonov" de Antón Chejov, "El Buscón" de Francisco de Quevedo, "El Lazarillo de Tormes".

Cinco juguetes: "Rayuela" de Julio Cortázar, "El Aleph" de Jorge Luis Borges, "El jugador" de Feodor Dostoievski, "Metamorfosis" de Franz Kafka, "Las Mil y Una Noches"

Por supuesto no están todos los que son, pero si son todos los que están. No voy a pasar el meme a ningún incauto, si alguno gustosamente tiene a bien ofrecernos su visión estaremos encantados de poder leerla. Aunque no me resisto a dejar escrito que me encantaría que la niña Vailima nos deleitara con un meme parecido desde su sentido y sensibilidad para el arte, un lujo para nuestros ojos, dicho queda.

El dueño de la rosa sueña con laberintos

<h3>El dueño de la rosa sueña con laberintos</h3>

Estando en el alambre una no sabe bien en que día vive, cree recordar que es el Día del Libro, para los catalanes Diada de San Jordi. Siendo madrileña es de imaginar que no espero rosas pero en cualquier caso me parece tan bello unir libros y flores que al final me dejo arrastrar por la fecha y elijo un soneto de William Shakespeare, mi favorito, como forma de convocar a los dioses del azar, invocando que lleguen rosas aunque estén plagadas de espinas...

Sonnet XLIII.

"When most I wink, then do mine eyes best see"

WHEN most I wink, then do mine eyes best see

For all the day they view things unrespected;

But when I sleep, in dreams they look on thee,

And darkly bright, are bright in dark directed.

 


Then thou, whose shadow shadows doth make bright,

How would thy shadow's form form happy show

To the clear day with thy much clearer light,

When to unseeing eyes thy shade shines so!

 


How would, I say, mine eyes be blessed made

By looking on thee in the living day,

When in dead night thy fair imperfect shade

Through heavy sleep on sightless eyes doth stay!

 


All days are nights to see till I see thee,

And nights bright days when dreams do show thee me.

 


(Veo mejor si cierro más los ojos

que el día entero ven lo indiferente;

pero al dormir, soñando te contemplan

y brillantes se guían en lo oscuro.

Tú, cuya sombra lo sombrío aclara,

si ante quienes no ven tu sombra brilla,

¡qué luz diera la forma de tu sombra

al claro día por tu luz más claro!

¡Ay, qué felicidad para mis ojos

si te miraran en el día vivo,

ya que en la noche muerta, miro, ciego,

de tu hermosura la imperfecta sombra!

Los días noches son, si no te veo,

y cuando sueño en ti, días las noches.)

Un espíritu original

<h3>Un espíritu original</h3>

La curiosidad me puede y leyendo sobre sinestesias y Kandinsky, aparece ante mis ojos un nombre que desconozco, Louis-Bertrand Castel. Y poco a poco se va construyendo el personaje. Louis-Bertrand Castel (1.688-1.757) era un matemático francés. Nacido en Montpellier a los 15 años ingresa en la orden de los jesuitas y después de terminar sus estudios en la Escuela de Saint-Stanislas en Toulouse, completa su formación en varios colegios jesuitas del sur de Francia. Interesado en las matemáticas y la física, algunos de sus escritos llegan a manos del Padre Tournemine, editor de "Mémoires pour l'Histoire des Sciences et des Meaux Arts", revista perteneciente a los jesuitas. Este habla con el general de la orden para que traslade a Castel a París, donde ejerce como profesor del Colegio Louis-le-Grand y editor experto en matemáticas y física de la revista anterior.

En 1.724 como resultado de sus intereses científicos publica su primer libro "Traité de physique sur la pesanteur universelle des corps", en él recoge las doctrinas de la mecánica de Newton mientras que rechaza sus procesos físicos, dando su peculiar idea sobre la gravedad, él cree que la gravedad de los cuerpos los incita al descanso, mientras que los espíritus restablecen sin cesar el movimiento. Dejando aparte sus ideas sobre la física o la mecánica, lo que de verdad me interesó de este peculiar y visionario personaje, fue la aparición de una carta suya dirigida al director de la publicación Mercure de France en noviembre 1.725. En dicha carta Castel propone realizar un clavecín, clavicordio o clavicémbalo hecho para la vista, que devuelva los sonidos sensibles y presentes a los ojos como lo son en los oídos, de modo que un sordo pueda gozar y juzgar la belleza de una música tanto como el que oye. Reinterpreta las teorías acústicas de Athanasius Kircher, llegando a una serie de conclusiones sobre las analogías entre color y sonido, básicamente que el color es producido por vibraciones como el sonido y, así, sonido y luz son manifestaciones distintas del mismo fenómeno físico. En la siguiente tabla se refleja la correspondencia entre las teclas de su "clavecin oculaire" y los colores:


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El mismo Castel describía como se podría tocar su instrumento:

"Do you want blue? Put your finger on the first key to the left. Do you want the same only I degree lighter? Touch the 8th note. If you want it 2 degrees, or 3 degrees..., touch the 15th, or 22nd, or 29th, or the last to the right. If you want blue-green, touch the first black to the left. Do you want red, and which red? Crimson-red? That is the 4th black. You have only... to know your clavier and know that blue is C and red is G etc. This you can acquire with three days practice"

En esta primera proposición hablaba de un instrumento de cinco octavas aunque como vemos en el cuadro posteriormente propuso su construcción con doce octavas. Se dice que comenzó la tarea de crearlo pero es casi seguro que nunca llegó a terminarla.

Rousseau dice en sus Confesiones sobre Castel al que conoció:"este hombre es un loco, pero buen hombre a fin de cuentas".

(Pido disculpas anticipadas por las incorrecciones musicales, matemáticas y físicas ya que son materias que claramente me desbordan pero me ha parecido una historia tan original la de Louis-Bernard Castel que no he podido resistirme a acercarla a los que la desconocían)

*Actualizo con unas imágenes de diseños basados en las ideas de Castel. Gracias Jafatron , besos..¿morados?

Diseño de Gilles-Edme Guyot (1.706-1.786)


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Diseño de Johann Gottlob Kruger (1.715-1.759)


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Tres frases crípticas

<h3>Tres frases crípticas</h3>

Recibo un encargo de Fanshawe y, aunque me pareció difícil al principio, un día despues me parece casi imposible. He acudido a amigos y familiares y me doy cuenta de lo poco que me conozco (pese a que en alguna frase diga lo contrario). Despues de darle vueltas, gracias a mi cerebro y los de los aledaños, consigo tres de mis frases más típicas, eso si, no sé si crípticas:

"En serio, deberías hacerlo"

(Prueba de mi infinito afán de mangoneo, a cualquier proyecto que me presenten los amigos e incluso los conocidos, aunque no sea proyecto sino una mera información sobre posibilidades, mi respuesta es siempre esta o parecida. Esto me demuestra que también debería de aplicarme yo el dicho, se ve que el hecho de que los demás corran con el riesgo no me supone ningún impedimento, tratándose de mi, es otro cantar...)

"Si, si, si, si, si,..."

(Respuesta afirmativa elevada a la enésima potencia. No me vale un único adverbio afirmativo, que quede claro que es que si. Por cierto, nunca es no, no, no, no)

"En este momento de mi vida creo que ..."

(Utilizo el "creo", pero claramente sobra, estoy segura de la segunda parte que acompañe a esta frase, la uso pensando en lo que he vivido y en que tengo la experiencia suficiente para poder afirmar lo que sea, lo que no deja de ser curioso, ya que esta misma "coletilla" la utilizaba cuando tenía 20 años, momento en el que me creía a pies juntillas que mi experiencia de la vida era insuperable... Sigo igual de ignorante)

Ahora os toca a vosotros ¿qué tres frases crípticas os definen?

El virus literario

Me hace ilusión, que queréis que os diga, mi primer “meme” y ¡encima es literario! El estupendo narrador de historias Charles me manda una invitación, y la abro y desato como si fuera un regalo en una caja con lazo rojo.

El “meme” en cuestión consiste en:

“reproducir el quinto párrafo de la página 123 del libro que esté leyendo en este momento”

Y bien que lo siento por vosotros… el libro que estoy leyendo andaba de estante en estante desde tiempo inmemorial, esperando la ocasión propicia (que cuando se trata de horror nunca nos llega). Pero con el nuevo año le di la oportunidad de dejar de mirarme acusadoramente desde una de las librerías. Normalmente compagino más de un libro pero en este caso he dejado aparcadas mis costumbres, creo que le debo una visita en solitario y con total atención.


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“Archipiélago Gulag” de Alexandr Solzhenitsyn, que, como era de esperar, me esta resultando duro y cruel, pero la toma de contacto con la realidad vivida por otros seres humanos es necesaria en muchas ocasiones para darnos cuenta del valor de nuestra pequeña vida.

No quiero extenderme sobre el libro (sobre todo porque no lo he terminado), y os transcribo una parte del párrafo primero, en esa página en concreto sólo hay dos párrafos, así que me tomo la licencia de escoger unas frases del párrafo más extenso:

“Aquel Diario era la expresión de mis pretensiones de escritor. Yo no confiaba en la fuerza de nuestra asombrosa memoria, y durante la guerra procuraba anotar todo cuanto veía –aunque esto no era lo más grave- y todo cuanto oía decir a la gente. Pero las opiniones y relatos, tan naturales en la primera línea de fuego, aquí en la retaguardia, adquirían un matiz rebelde y olían a húmeda cárcel para mis compañeros del frente. Y para que al juez de instrucción no le diera por sudar la gota gorda ante mi Diario de guerra, ni extrajera de él un filón que pudiese perjudicar a la libre tribu del frente, me arrepentía sólo lo necesario, y empezaba a ver claramente mis desviaciones políticas hasta donde hacia falta hacerlo. Estaba ya agotado de caminar por el filo del cuchillo, hasta que vi. que, afortunadamente, no traían a nadie para carearlo conmigo; hasta que, al cuarto mes, todos los cuadernos de mi Diario de guerra fueron arrojados a las infernales fauces de la estufa de la Lubianka. Con ello desaparecía otra novela en Rusia, para convertirse en doradas espinas, mientras de la chimenea más alta salían volando negras mariposas de hollín.”

Y haciendo caso a la tarea de envolver el regalo y mandarlo a otros pobres incautos, intento encontrar a cinco compañeros de este mundo bloguero que me lean:

La Gata Vagabunda, C.Martín, Jafatron (que parece que ha vuelto a pasear por este mundo cibernético), Fanshawe y la chica del trapecio. ¡Ahí os queda eso!

Con corazón y sin razón

Termina el año, seguramente puedo guardarlo en el cofre de los años vividos en el límite de velocidad (en algunos momentos he pensado que me quedaba sin puntos del carnet). Es curioso como algunos años pasan sin pena ni gloria por nuestro calendario vital, mientras que otros nos cambian la cabeza de sitio, la acomodan en cualquier parte y nos dejan pasear por los días sin cabeza. Gran parte de las ocasiones este "ir sin cabeza" va acompañado de otro curioso fenómeno, llevamos el corazón fuera del pecho, entre las manos, como una viscera ofrecida a algún Dios cruel. Asi he recorrido los meses, con la cabeza perdida en cualquier rincón y el corazón entregado. Logicamente con tal desaguisado era de esperar que tropezara más de una vez, cayendo por no ver el suelo y dejando que se lastimara lo que llevaba entre las manos. Lo mejor de todo es que no me arrepiento, por algún lugar oculto y secreto debe de andar mi cabeza y mi corazón sigue a la intemperie. Estoy pensando ponermelo sobre los hombros, a ver que pasa... Mientras seguiré esperando, aun creo en dragones, caballeros y princesas.

Y asi, con el corazón por cabeza, gracias a todos, por dejarme leer vuestros secretos, por compartir conmigo vuestro saber, por hacerme reir en muchas ocasiones, por conseguir emocionarme hasta las lágrimas en otras, por estar tan cerca en tanto espacio, por seducirme con vuestras palabras. Aunque sigo "descabezada", hago el esfuerzo de ponerme la cabeza en su sitio sólo para desearos Feliz Navidad.

 

Por aquella mar inmensa

<h3>Por aquella mar inmensa</h3>


 (Espero que podais escuchar el lieder aqui )

AM MEER

Das Meer erglänzte weit hinaus

Im letzten Abendscheine;

Wir saßen am einsamen Fischerhaus,

Wir saßen stumm und alleine.

Der Nebel stieg, das Wasser schwoll,

Die Möwe flog hin und wieder;

Aus deinen Augen liebevoll

Fielen die Tränen nieder.

Ich sah sie fallen auf deine Hand

Und bin aufs Knie gesunken;

Ich hab von deiner weißen Hand

Die Tränen fortgetrunken.

Seit jener Stunde verzehrt sich mein Leib

Die Seele stirbt vor Sehnen;

Mich hat das unglücksel'ge Weib

Vergiftet mit ihren Tränen.

JUNTO AL MAR

El mar refulgía a lo lejos

En el último crepúsculo;

Estábamos junto a la solitaria casa del pescador

Sentados callados y solos.

La niebla subió, las aguas se hincharon,

Las gaviotas volaban aquí y allá;

De tus ojos, tiernas,

Corrieron lágrimas.

Las vi caer sobre tu mano

Y he caído de rodillas;

De tu blanca mano he bebido

Ansiosamente las lágrimas.

Desde aquella hora se consume mi cuerpo

Mi alma muere de deseo;

La funesta mujer me ha envenenado

con sus lágrimas.

Heinrich Heine "Buch der Lieder"

Schubert, Heine y Friedrich, hoy no necesito palabras.

Soledad de mi clausura

<h3>Soledad de mi clausura</h3>

Siempre me ha gustado hilar lo que me rodea. Si tuviera que elegir un personaje mitológico seguramente me quedaría con la tejedora Aracne a pesar de su desdichado final. Lo que veo, lo que siento, lo que escucho, lo que toco y hasta lo que degusto, se haya unido por finos hilos y disfruto tirando de ellos, voy pasando mis dedos por cada uno y me van transportando de un lugar a otro. Algunas veces hasta llego al mismo punto de partida después de haberme perdido por mil vericuetos. Tranquilos, hoy cortaré el hilo antes de que ocurra eso.

Hace tiempo vi una película magnífica "La vida secreta de las palabras" de Isabel Coixet. Es una película intimista, compuesta al principio más por silencios y elipsis que por lo que ocurre delante de nuestros ojos, para ir poco a poco desnudándose ese silencio, poblándose de los por qués y de las razones, dándonos las claves, llenando el mutismo de palabras. Es una película de amor (¿qué esperabais?) pero también es mucho más que eso, es un alegato contra la tortura y las guerras, es la superación del pasado y aprender a vivir en el presente, y rebosa sensibilidad y emoción sin caer en la sensiblería, porque es dura y tierna a la vez. En esa película oí hablar por primera vez de un libro, "Cartas de la monja portuguesa" . Pensando en como me impactó la película a los dos días no pude evitar ir a buscar el libro en cuestión.

El libro esta compuesto por cinco cartas que la monja portuguesa de convento de Beja, Mariana Alcoforado (Beja, 1640-1723) había escrito a Noel Boutton de Chamilly, conde de Saint-Léger, capitán de la caballería francesa que había participado en el asedio de Ferreira. Su historia es curiosa. El texto apareció por primera vez en 1.669 en París. Se trataba de un pequeño volumen, de ciento ochenta y dos páginas. El título aparecía en francés "Lettres d'amour de la religieuse portugaise" pero un subtítulo aclaraba que se trataba de una traducción. Las cartas habrían sido escritas entre diciembre de 1.667 y junio de 1.668. Publicadas originalmente de manera anónima en Francia por Claude Barbin, parece que adaptadas al francés por Gabriel Joseph de Lavergne, conde de Guilleragues, quien también, según varios investigadores de la obra, es candidato a ser el verdadero autor de las cartas, siendo en realidad el amorío entre la monja y el militar una historia de ficción inventada por Lavergne.

En 1.665, Portugal está en guerra con España. Francia se alía con el reino luso y numerosas tropas galas llegan a Portugal. En 1.665, y con veinticinco años de edad, un suceso trastorna la vida de Mariana Alcoforado, conoce al Conde de Chamilly. El campo de ejercicios de la tropa se encuentra a la vista del convento, y las monjas contemplan frecuentemente desde los balcones y ventanas a los soldados durante el entrenamiento. El encuentro entre los amantes es facilitado por el hermano de Mariana, Baltasar, compañero de tropa de Noël-Bouton. Se cree que entre ellos el romance se mantuvo durante un año, de 1.665 a 1.666. Leyenda o realidad, obra de la imaginación de un escritor francés o misivas abandonadas por la mano de Mariana, las cinco cartas de amor manifiestan la tristeza y el dolor de un amor imposible. Las cartas describen con belleza y precisión el estado de enamoramiento y erotización del espíritu, el proceso que va desde la esperanza y la imaginación excitada hasta la dolorosa constatación de no ser correspondida en el arrebato amoroso. Mariana pierde todo pudor y se desnuda emocionalmente para el amado.

"¡Oh!¡Pobre de mí!¡Soy digna de lástima por no poder compartir mis penas contigo y verme sola, completamente sola, ante tanta desventura!. Este pensamiento me mata y muero de terror de pensar que jamás hayas gozado lo suficiente de nuestros placeres. Ahora sí conozco la falsedad de tus sentimientos. Me engañaste cada vez que me dijiste que tu mayor placer era estar a solas conmigo. Debo sólo a mis impertinencias tus desvelos y arrebatos. A sangre fría te hiciste el propósito de iniciar este incendio en que me abrasaste toda. No consideraste mi pasión, sino como una victoria, sin que jamás tu corazón hubiera sido conmovido entrañablemente. ¿Serás tan infame y tan indelicado, como para nunca haber sabido gozar de mis éxtasis? ¿Y cómo es posible, si no fuese así, que con tanto amor no hubiera podido hacerte completamente feliz? Lloro, sólo por el amor que te tengo, las delicias infinitas que has perdido. ¿Por qué fatalidad no quisiste disfrutarlas? ¡Ah! Sí las conocieses, hallarías, sin duda, que son más deliciosas que la satisfacción de haberme engañado, y te habrías dado cuenta de que somos más felices y más tiernos amando ardientemente...que siendo amados"

(Carta tercera)

"Al devolverle sus cartas, guardaré cuidadosamente las dos últimas y volveré a leerlas muchas más veces de lo que leí las primeras, como una medida para no recaer en mis flaquezas. ¡Ah! ¡Cuánto me han costado estas y cuán feliz habría sido si hubiese aceptado que yo lo amase para siempre! Sé muy bien que todavía les presto mucha importancia a mis quejas y a su infidelidad; pero recuerde que me he prometido un estado más tranquilo y que he de alcanzarlo, o que he de tomar contra mí alguna decisión desesperada, ¡qué conocerá sin mucha pena! Pero de usted no quiero nada más. Soy una estúpida al repertirle las mismas cosas tantas veces. Es menester que lo deje y que no piense más en usted. Creo, así mismo, que no volveré a escribirle ¿Acaso tengo obligación de rendirle cuentas de mi vida?"

(Final de la quinta y última carta)

En España este texto sufrió la prohibición de la Inquisición en 1781 prima classis auctorum prohibitorum, es decir, autor cuyas obras actuales o futuras están todas condenadas en principio. Se las acusó de ser "cartas de un amor torpe, lascivo, sacrílego; unas cartas que componen un arte complejo de amor más perjudicial que el de Ovidio, con expresiones no obscenas ni groseras, pero tan vivas, tan afectivas y tan patéticas en los sentimientos fogosos de la sensualidad, que son capaces de encender este pestilente fuego en los ánimos de más candor." Hasta finales del siglo XIX no fueron conocidas en suelo español.

Escribía Rilke sobre las cartas de la monja que tradujo al alemán: "¿Cómo resistirnos a la admiración que se apodera de nosotros cada vez que leemos estas cartas? Así está completo en las palabras de esta monja todo el sentimiento, su expresión y cuanto hay en él de inexpresable. Y su voz carece de destino, como la del ave."

Y tirando un poco más del hilo llegamos a Henri Matisse. Él ilustró, entre otros, en 1.946 este bello epistolario, presentándonos a una novicia en tonos marrones como sus hábitos, rodeando el texto de flores y frutas. Aun espero algún hombre que rompa los moldes y me regale las palabras de Sor Mariana regadas por los pinceles de Matisse.

Para crear un círculo perfecto, aunque al comienzo escribí que no lo haría pero la carne es débil, entre los libros ilustrados por Matisse esta el magnifico Jazz, y si quereis oir una voz perdida en el blues  escuchar a Anthony and the Johnsons, que, curiosamente, forma parte de la banda sonora de "La vida secreta de las palabras" con una bellisima canción "Hope there's someone" ...

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El laberinto

<h3>El laberinto</h3>

¿Yo, María?

(Metrópolis)

"Absorto e incierto

y sin conocer,

floto en el mar muerto

de mi propio ser


Me siento pesar

porque agua me siento...

Te veo oscilar,

vida-descontento...

  

De velas privado...

La quilla virada...

El cielo estrellado

frío como espada.

  

Soy cielo y soy viento...

Soy barco y soy mar...

Que no soy yo siento..

Lo quiero ignorar."


Fernando Pessoa. Cancionero


No sé muy bien la razón, pero se me han hermanado Pessoa y Lang...

Eran los mejores tiempos, era la peor época.

<h3>Eran los mejores tiempos, era la peor época.</h3>

En la pista del circo no podía faltar, el "pan mío de cada día", Auster y el azar. Podría haber elegido cualquiera de sus obras para traerle a participar en este pequeño juego lúdico, pero "La noche del oráculo", es un buen ejemplo del hacer literario de Paul Auster. Una novela dentro de una novela dentro de otra novela, para mi este libro siempre será "El cuaderno azul". Es tan recomendable como todos los de su autor, siempre que queramos leer y algo más. Experimentar, cuestionarnos, preguntarnos y algunas veces respondernos, sentir y ser transportados a su mundo inquietante y sublime. Comienza con la angustia por la página en blanco de un escritor, después de una vivencia personal implacable, para continuar enmarañándose, dejando al lector que desentrañe el camino. Se dan las claves conocidas para los lectores de Auster, una historia original e increíble, casualidades y fatalidades, la inclusión de notas en el propio texto convertidas en una especie de hipertextos (que podríamos comparar fácilmente con los hipervínculos propios de la red de redes), las referencias literarias expresas o encubiertas (Dashiell Hammet, H.G. Wells, Charles Dickens). En resumen, una de esos textos que nos hacen leer ávidamente para llegar al desenlace y que, en el fatídico momento en que descubrimos que apenas nos quedan un puñado de páginas para acabarlo, quisiéramos volver al comienzo con el conocimiento sobre el mismo tan inmaculado como las hojas del cuaderno de tapas azules de Sydney Orr, recién comprado en "El Palacio de Papel".

La foto de la portada del libro, reproducida al comienzo, es de Andreas Feininger, el puente de Brooklyn, ese barrio neoyorquino tan recurrente en Paul Auster, poseedora de ese aspecto futurista a pesar de estar tomada en la década de los 40. En algún momento estoy segura de poder vislumbrar a King Kong sobre el Empire State, atacado por los humanos, defendiéndose instintivamente, sin terminar de entender lo que esta ocurriendo, fascinado por una rubia...
Me gusta esta foto, esa luz, ese frío, el contraste entre la ciudad iluminada y el negro y profundo Hudson. Feininger empezó su trayectoria profesional como arquitecto, formándose en la Bahaus, tal vez por eso las escenas que capta con su cámara que contienen como componente central un elemento arquitectónico tienen esa visión tan particular, una síntesis de lo estético y lo social, lo privado y lo publico, el interior y el exterior. Si os ha gustado Feininger, aquí tenéis una excelente muestra de su obra fotográfica.

Y cerrando el círculo de Auster, en el fondo del sombrero de copa del mago, aparece Dickens:

"Eran los mejores tiempos, era la peor época, la edad de la sabiduría, el ciclo de la estupidez, la fase de la creencia, la etapa de la incredulidad, la estación de la Luz, la hora de las Sombras, era la primavera de la esperanza, el invierno de la desesperación, lo teniamos todo por delante, nada había frente a nosotros..."

(He tomado la transcripción según aparece en "La noche del oráculo" editada por Anagrama y con traducción de Benito Gómez Ibáñez, seguramente el comienzo de "Historia de dos ciudades" de Charles Dickens no lo recordeis exactamente asi, si alguno estais interesado podeis descargar en elaleph.com la inmortal novela de Dickens)

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