La funámbulaEn el alambre como sonámbula, lectora de insomnios. Tengo las hojas sueltas, desperdigadas, intentaré ir uniéndolas y que en el andar vayan casando unas con otras. Y si no combinan ni concuerdan tampoco importa, espero que la senda se descubra agradable mientras recogemos todas esas hojas. |
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Prestidigitadores.
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ISOLDA Cuan dulce y suave sonríe, sus ojos se entreabren con ternura... ¡Mirad, amigos! ¿No le veis?... ¡Cómo resplandece con luz creciente! Cómo se alza rodeado de estrellas. ¿No lo veis? ¡Cómo se inflama su corazón animoso! Augustos suspiros hinchan su pecho. Y de sus labios deleitosos y suaves fluye un hálito dulce y puro. ¡Amigos, miradle! ¿No lo percibís? ¿No lo veis? ¿Tan sólo yo oigo esa voz llena de maravillosa suavidad, que cual delicioso lamento todo lo revela en su consuelo tierno? Es cual melodía que al partir de él, me penetra resonando en mí, sus ecos deliciosos. Esa clara resonancia que me circunda ¿es la ondulación de blandas brisas? ¿Son olas de aromas embriagadores? ¡Cómo se dilatan y me envuelven! ¿Debo aspirarlas? ¿Debo percibirlas? ¿Debo beber o sumergirme? ¿O fundirme en sus dulces fragancias? En el fluctuante torrente, en la resonancia armoniosa, en el infinito hálito del alma universal, en el gran Todo... perderse, sumergirse... sin conciencia... ¡supremo deleite!
| ISOLDE Mild und leise wie er lächelt, wie das Auge hold er öffnet, - seht ihr's, Freunde? Seht ihr's nicht? Immer lichter wie er leuchtet, Stern-umstrahlt hoch sich hebt? Seht ihr's nicht? Wie das Herz ihm mutig, schwillt, voll und hehr in Busen ihm quillt. Wie den Lippen, wonnig mild, süßer Atem sanft entweht: Freunde! Seht! Fühlt und seht ihr's nicht? Höre ich nur diese Weise, die so wunder voll und leise. Wonne klagend, alles sagend, mild versöhnend aus ihm tönend, in mich dringet, auf sich schwinget, hold erhallend, um mich klinget? Heller schallend, mich umwallend, sind es Wellen sanfter Lüfte? Sind es Wogen wonniger Düfte? Wie sie schwellen, mich umrauschen, soll ich atmen, soll ich lauschen? Soll ich schlürfen, untertauchen? Süß in Düften mich verhauchen? In dem wogenden Schwall in dem tönendem Schall, in des Weltatems wehendem All - ertrinken, versinken, unbewußt - höchste Lust! |
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(Libreto de Richard Wagner inspirado en la obra "Tristan" de Gottfried von Straßburg)

Pedro Pablo Rubens - "La adoración de los Magos"
En la tradición cristiana los Reyes Magos sólo aparecen en el Evangelio según San Mateo (2:1):
"Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes.
Entonces, unos amigos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
-«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo) »...
...Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo sido advertidos en sueños, para que no volvieran adonde estaba Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino."
Sin embargo, cada 5 de enero vuelven a nuestras casas, dejando un puñado de ilusiones esparcidas alrededor de un árbol o de un belén. Aunque ya no seamos niños, ójala en esta noche cada uno de vosotros se acueste con los anhelos a flor de piel, con las esperanzas apoyadas sobre la almohada, con la misma certidumbre que entonces, sabiendo que tal vez el regalo no sea el que insistentemente pediamos pero, siempre, había regalo.
Y si no lo creeis posible, leed, Mújica Laínez también imaginaba que los imposibles se hacen realidades en Reyes:
"El sordomudo, que es apenas un adolescente, se inclina en el barandal. Allá abajo, en el altar mayor, afánanse los monaguillos encendiendo las velas. Hay mucho viento en la calle. Es el viento quemante del verano, el de la abrasada llanura. Se revuelve en el ángulo de Potosí y Las Piedras y enloquece las mantillas de las devotas. Mañana no descansarán los aguateros, y las lavanderas descubrirán espejismos de incendio en el río cruel. Cristóbal no puede oír el rezongo de las ráfagas a lo largo de la nave, pero siente su tibieza en la cara y en las manos, como el aliento de un animal. No quiere darse vuelta porque el tapiz se estará moviendo y alrededor del Niño se agitarán los turbantes y las plumas de los séquitos orientales.
Ya empezó la primera misa El capellán abre los brazos. y relampaguea la casulla hecha con el traje de una Virreina. Asciende hacia las bóvedas la fragancia del incienso.
Cristóbal entrecierra los ojos. Ora sin despegar los labios. Pero a poco se yergue, porque él, que nada oye, acaba de oír un rumor a sus espaldas. Sí, un rumor, un rumor levísimo, algo que podría compararse con una ondulación ligera producida en el agua de un pozo profundo, inmóvil hace años. El sordomudo está de pie y tiembla. Aguza sus sentidos torpes, desesperadamente, para captar ese balbucir."
(Cuento completo en Ciudad de Seva)

John Williams Waterhouse - "The Lady of Shalott"
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Part IV
In the stormy east-wind straining,
The pale yellow woods were waning,
The broad stream in his banks complaining,
Heavily the low sky raining
Over towered Camelot;
Down she came and found a boat
Beneath a willow left afloat,
And round about the prow she wrote
The Lady of Shalott.
And down the river's dim expanse,
Like some bold seer in a trance
Seeing all his own mischance,
With a glassy countenance
Did she look to Camelot.
And at the closing of the day
She loosed the chain, and down she lay;
The broad stream bore her far away,
The Lady of Shalott.
Lying, robed in snowy white
That loosely flew to left and right -
The leaves upon her falling light -
Through the noises of the night
She floated down to Camelot:
And as the boat-head wound along
The willowy hills and fields among,
They heard her singing her last song,
The Lady of Shalott.
Heard a carol, mournful, holy,
Chanted loudly, chanted lowly,
Till her blood was frozen slowly,
And her eyes were darkened wholly,
Turned to towered Camelot.
For ere she reached upon the tide
The first house by the water-side,
Singing in her song she died,
The Lady of Shalott.
Under tower and balcony,
By garden-wall and gallery,
A gleaming shape she floated by,
Dead-pale between the houses high,
Silent into Camelot.
Out upon the wharfs they came,
Knight and burgher, lord and dame,
And round the prow they read her name,
The Lady of Shalott.
Who is this? and what is here?
And in the lighted palace near
Died the sound of royal cheer;
And they crossed themselves for fear,
All the knights at Camelot:
But Lancelot mused a little space;
He said, "She has a lovely face;
God in his mercy lend her grace,
The Lady of Shalott."
Alfred Tennyson - "Lady of Shalott"

Es sábado por la noche. La tarde se ha ido deslizando silenciosamente mientras mantengo un libro en las manos. Es "El pintor de batallas", tal vez Perez-Reverte ya no sea el que fue, pero ese libro me ha ido perdiendo por los caminos de una guerra circular. Faulques, derrotado, muerto, ejerce de maestro de ceremonias para presentarme a otros, que antes que el, han mirado cara a cara al caos, a la muerte, intentando encontrar una respuesta lúcida y diáfana. Ucello, Brueghel, Goya, Meissonier y así una lista innumerable, todos ellos acompañan a Faulques en su búsqueda, en la explicación del aleteo de la mariposa. Y alrededor, destacando como un fantasma del pasado, que en realidad viene a ser su presente, Markovic, con una tarea imposible porque ya esta cumplida. Y alguna mujer a pesar de su nombre, siempre en el recuerdo, Olvido, o una Carmen nueva. Pero yo no quería hablar de lecturas, hoy no. Decía que la tarde había pasado cuando él abre la puerta, con esa sonrisa franca se me acerca y me besa. Sé que tenemos planes, pero me cuesta levantarme del sofá, la pereza se ha adueñado de mí. Entonces dice las palabras mágicas:"Concierto de jazz". Corro como una cría, dejando la batalla de Faulques encima de la mesa, el fotógrafo puede esperar, abandonada al próximo reencuentro con sus páginas. Me visto y antes de que hayan pasado diez minutos, estoy feliz y radiante con la mano sobre el pomo de la puerta de la calle.
No es el típico local de jazz, íntimo y recogido. Es un salón amplio con fantástica acústica y en el que, para mi desgracia, esta prohibido fumar. Nos hemos quedado atrás, en la barra, esperando como dos adolescentes que apaguen las luces y empiece el milagro, la música.
No es una gran orquesta, son músicos de una ciudad pequeña, que tocan por verdadero amor a la música. Hoy tienen preparado a Bob Mintzer, saxofonista y compositor, con especial dedicación al saxo tenor.
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Siento su mano en la mía, y las notas se funden como nieve al sol de primavera, deslizándose por los recovecos de mi cabeza. Me dejo llevar, estoy en algún club neoyorquino de los años 50, la gente baila a mí alrededor, la orquesta desgrana su repertorio... Giro levemente la cabeza y le veo a mi lado, rozo sus labios, perdida en el tunel del tiempo, y... Siento su mano en la mía.

Estoy leyendo la última novela de Manuel Rivas, "Los libros arden mal", y me ha sacudido el recuerdo de algún espectáculo vergonzante para el ser humano. Como este.
La tarde del 10 de mayo de 1.933 en Unter den Linden, frente a la universidad de Berlín y en otras ciudades, como Bonn, Frankfurt, Bremen, Hannover, se prendieron enormes hogueras, siendo arrojados a las llamas por los propios estudiantes en su gran mayoría, los libros rechazados por el nazismo. Aquella noche fueron quemadas obras de alemanes como Thomas Mann, Albert Einstein y Erich Maria Remarque, de extranjeros como H. G. Wells, Jack London, Sigmund Freud, Emile Zola y Marcel Proust. Todos estaban incluidos, filósofos, científicos, poetas, escritores. Sus nombres pasaron a integrar las "listas negras". Muchos de ellos fueron asesinados, arrestados o enviados al exilio.
La operación había sido coordinada por el ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels. El propio Sigmund Freud, cuyos libros se encontraban entre los seleccionados para ser destruidos, comentó irónicamente a un periodista que en realidad semejante fenómeno era un avance en la historia humana, "en la Edad Media, ellos me habrían quemado", afirmó.
La quema de libros fue un acto simbólico: el comienzo de la persecución y la expulsión de científicos e intelectuales de Alemania.
Esa noche, los enfervorecidos jóvenes entonaban cantos patrióticos y al final de cada estrofa daban pasto a las llamas con grandes obras, utilizando frases como estas:
"Contra la clase materialista y utilitaria. Por una comunidad de Pueblo y una forma ideal de vida.
Marx, Kautsky.
Contra la decadencia misma y la decadencia moral. Por la disciplina, por la decencia en la familia y en la propiedad.
Heinrich Mann, Ernst Glaeser, E. Kaestner
Contra el pensamiento sin principios y la política desleal. Por la dedicación al Pueblo y al Estado.
F. W. Foerster.
Contra el desmenuzamiento del alma y el exceso de énfasis en los instintos sexuales. Por la nobleza del alma humana.
Escuela de Freud.
Contra la distorsión de nuestra historia y la disminución de las grandes figuras históricas. Por el respeto a nuestro pasado.
Emil Ludwig, Werner Hegemann.
Contra los periodistas judíos demócratas, enemigos del Pueblo. Por una cooperación responsable para reconstruir la nación.
Theodor Wolff, Georg Bernhard.
Contra la deslealtad literaria perpetrada contra los soldados de la Guerra Mundial. Por la educación de la nación en el espíritu del poder militar.
E. M. Remarque
Contra la arrogancia que arruina el idioma alemán. Por la conservación de la más preciosa pertenencia del Pueblo.
Alfred Kerr.
Contra la impudicia y la presunción. Por el respeto y la reverencia debida a la eterna mentalidad alemana.
Tucholsky, Ossietzky"
Si esto nos parece horripilante, tampoco tenemos que irnos tan atrás en el tiempo, en 1.992, la Biblioteca Nacional de Bosnia y Herzegovina, en Sarajevo, que había sido abierta en 1896, fue bombardeada por orden del general serbio Ratko Mladic con obuses incendiarios. La biblioteca conservaba casi dos millones de volúmenes y 155.000 obras raras. Pocos ejemplares pudieron ser salvados.
Hoy, en la misma plaza de Berlín, una placa con una cita del poeta Heinrich Heine, cuya obra también ardió en aquella pira inmensa, rememora aquel episodio: "Ahí donde queman libros, terminan quemando hombres" ("Dort, wo man Bücher verbrennt, verbrennt man am Ende auch Menschen" Almanzor - 1.821).
Como dice la gata cinéfila "E nunca choveu que non escampara" , y por si acaso me permito añadir que tengo abierto el paraguas. Vamos a sacudirnos la melancolía por hoy de la mano del color de Vincent. Y de Paul, claro.
Cuando Van Gogh llega a Arlés procedente de París, estaba enfermo. Desde mediados de mayo hasta mediados de septiembre estuvo alojado en el establecimiento de los Ginoux, y seguramente entre ellos surgió una buena amistad. Cuenta Van Gogh sobre este retrato de Marie Ginoux a su hermano Theo en noviembre de 1.888 : "Además, tengo en fin una Arlesiana; una figura (tela de 30) esbozada en una hora; fondo limón pálido, la cara gris, el vestido negro, negro negro, de azul de Prusia completamente crudo. Se apoya sobre una mesa verde y está sentada en un sillón de madera anaranjada..."
"La Arlesiana"
Ambos esposos regentaban el "Café de la Gare" (Café de la Estación), situado en el número 30 de Place de Lamartine, el establecimiento de los Ginoux, según Vincent explica a Theo, es un café de noche, muy corriente en aquella época, que permanecía abierto las veinticuatro horas del día.
Paul Gauguin también pinta su arlesiana.
"Café Nocturno en Arlés".
Existen dos versiones de La Arlesiana, una, "Madame Ginoux con libros", y otra "Madame Ginoux con guantes y sombrilla". Vincent hace referencia en sus cartas sólo a uno de ellos, que, por el color del rostro, suponemos que es el que aparece más arriba. Se cree que Van Gogh se inspiró en un dibujo que Gauguin había hecho en noviembre de 1.888 de la señora Marie Ginoux. En junio del año 1890, él escribirá a Gauguin "me alegra mucho que usted me exprese su elogio del Retrato de la Arlesiana, hecho a partir de un dibujo suyo, al cual he tratado de ser fiel pero tomando la libertad, sin embargo, de interpretarlo por medio de un color que sea conforme al carácter sobrio y al estilo de dicho dibujo. Tómelo como una obra de ambos, resumen de los meses que trabajamos juntos”.
Sin embargo, por las fechas en que Vincent escribe a Theo, también podrían haber trabajado con la misma modelo juntos, que habría posado para los dos.
La arlesiana de Vincent se nos aparece como una dama, los libros que aparecen en la obra la encuadran en un marco burgués y culto, con aspecto de mujer soñadora, amable. Aunque no es hermosa, aparece con un atractivo indudable, en cierto modo “maternal”. Gauguin baja del pedestal a la artesiana, se nos aparece como la propietaria de una taberna, o peor aun, de un burdel. Su expresión es cínica y hasta cierto punto, despreciativa. Nos la muestra asociada a una iconografía muy propia de la segunda mitad del siglo XIX que recoge un tipo de mujer solitaria, en un café, tomando bebidas alcohólicas, y de vida degradada por el alcohol y la prostitución, como “La absenta” de Degas, “La bebedora de ajenjo” de Picasso o “Agostina Segatori en el café Tambourin" del propio Van Gogh.
En cualquier caso quería mostraros la diferencia entre ambos y sobre todo, como se entremezclan sus estilos, Van Gogh, el realista, idealiza la modelo mediante un esfuerzo de imaginación, e introduce elementos simbólicos como los libros, en tanto que Gauguin, el abstracto e imaginario, pinta un cuadro realista, con colores locales, que podría enmarcarse en la pintura costumbrista de principios del siglo XX.
Sólo queda un gran problema si tuvierais que elegir uno, ¿con cuál os quedaríais?

El título de esta hoja suelta traerá a la mente de quien lo lea diferentes evocaciones. Para algunos sonará un cuarteto de Schubert, para otros las imágenes de una magnífica película desfilarán ante sus ojos, para bastantes estallará el fogonazo de un grabado de Durero (Dürer, para mi maestra y amiga Vailima) e incluso, una pequeña mezcla de todo esto. Lo primero que recuerdo es la película (lo siento soy de la generación audiovisual, el cine es mi séptimo arte). Tengo imágenes sueltas de un gran impacto, recuerdo como me conmovió, como interioricé esa historia, como Paulina me sacudió emocionándome. La segunda presencia es la música de Schubert, unida y ligada íntimamente con la película, el cuarteto para cuerda romántico "La muerte y la doncella" (si estais interesados en oirla es el D810 de su catálogo), aunque no imaginéis una película romántica por la música que la acompaña. Y por último Durero, tiempo después de ver la película y disfrutar con la música llegué por casualidad a este grabado.
Tampoco me dejo indiferente, y cuando alguna vez he querido retornar a verlo me ha supuesto volver loco a Mister Google. ¿Cual es la razón? Sencilla, no se llama "La muerte y la doncella", por lo menos para el mundo anglosajón (mi dominio del alemán es nulo), sino "Coat of Arms with Skull" que vendría a ser "Escudo de Armas con Cráneo". Sinceramente, me parece más bella la denominación con que apareció por primera vez ante mis ojos, y con ese bautismo renovado os presento el grabado.
Hoy quería representaros la eterna lucha del bien y el mal. Los que conocéis la película entenderéis mejor porque quería utilizarla para escribir sobre el fino hilo que separa bondad y maldad, o mejor aun, las enhebra y une. Para el resto no quiero comentar nada, sólo una pequeña recomendación, acudir a verla, ante una pantalla, en un televisor, en vuestro ordenador, pero dejaros llevar de la mano de Roman Polanski en esta historia de horror y amor.

"Pero el amor, esa palabra... Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero. Claro que te curarás, porque vivís en la salud, después de mí será cualquier otro, eso se cambia como los corpiños. Tan triste oyendo al cínico Horacio que quiere un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor llave, amor revólver, amor que le dé los mil ojos de Argos, la ubicuidad, el silencio desde donde la música es posible, la raíz desde donde se podría empezar a tejer una lengua. Y es tonto porque todo eso duerme un poco en vos, no habría más que sumergirte en un vaso de agua como una flor japonesa y poco a poco empezarían a brotar los pétalos coloreados, se hincharían las formas combadas, crecería la hermosura. Dadora de infinito, yo no sé tomar, perdoname. Me estás alcanzando una manzana y yo he dejado los dientes en la mesa de luz. Stop, ya está bien así. También puedo ser grosero, fájate. Pero fijate bien, porque no es gratuito.
¿Por qué stop? Por miedo de empezar las fabricaciones, son tan fáciles. Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras, perras negras, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo. Así viven muchos amigos míos, sin hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor-que-sienten-por-sus-esposas. De la palabra a los actos, che; en general sin verba no hay res. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al verse. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto. Pero estoy solo en mi pieza, caigo en artilugios de escriba, las perras negras se vengan cómo pueden, me mordisquean desde abajo de la mesa. ¿Se dice abajo o debajo? Lo mismo te muerden. ¿Por qué, por qué, pourquoi, why, warum, perchè este horror a las perras negras? Miralas ahí en ese poema de Nashe, convertidas en abejas. Y ahí, en dos versos de Octavio Paz, muslos del sol, recintos del verano. Pero un mismo cuerpo de mujer es María y la Brinvilliers, los ojos que se nublan mirando un bello ocaso son la misma óptica que se regala con los retorcimientos de un ahorcado. Tengo miedo de ese proxenetismo, de tinta y de voces, mar de lenguas lamiendo el culo del mundo. Miel y leche hay debajo de tu lengua..."
No voy a comentar nada sobre la obra, porque sobrepasaría mis limitadas aptitudes, cada uno de los que la hemos leido tenemos nuestra propia "Rayuela", con el orden y la medida que nos pareció mas perfecto en ese caos ordenado que Julio Cortázar decidió regalarnos. Y las palabras, esas perras negras, se mueven del lado de allá, del lado de acá y de otros lados, componiendo una cadena precisa parecida al uróboros.
Por último pediros disculpas por los enlaces, he escogido los que pensé que mejor se adaptaban a la idea que Cortázar quería transmitirnos. Si alguno de vosotros posee una edición profusamente comentada es probable que no coincidan mis pequeñas notas, pero, al fin y al cabo, esta es mi rayuela.

"...Basta de preguntas. Son preguntas que dormían en el Averno: ¿por qué conjurarlas a la luz del día? Son grises y tristes y contagian su condición. No afirme usted que dos horas de vida son, sin duda alguna, más que dos páginas de escritura; la escritura es más pobre, pero más clara..."
"Luego llegó ese tierno telegrama, un elemento de consuelo para la noche, esa antigua enemiga (si no bastó, no ha sido realmente por culpa de usted, sino de las noches. Estas breves noches temporales casi podrían enseñarle a uno a temer la noche eterna)."
"Ayer te aconsejé no escribirme a diario. Hoy sigo opinando lo mismo; considero que sería un beneficio para ambos y vuelvo a aconsejártelo, con mayor insistencia aún ... Sólo que, por favor Mílena, no sigas mi consejo y escríbeme a diario. Me basta con unas pocas líneas, algo más breve que las cartas de hoy, dos líneas, una, una palabra ... pero el privarme de esa palabra me causaría un terrible dolor."
"He permanecido hasta la una y media de la mañana sobre esta carta, sin hacer nada más; pero la contemplaba y, a través de ella, te contemplaba a ti. A veces, y no en sueños, me parece verte con el rostro oculto por la cabellera; yo divido el pelo y lo aparto hacia derecha e izquierda. Tu rostro aparece, yo rozo tu frente y tus sienes y luego sostengo tu rostro entre ambas manos."
"¡A quién se le ocurrió que la gente puede mantener relaciones por correspondencia! Uno puede pensar en una persona ausente y puede tocar a una persona presente; todo lo demás supera las fuerzas humanas. Pero escribir cartas significa desnudarse ante los fantasmas, cosa que ellos aguardan con avidez. Los besos escritos no llegan a destino, son bebidos por los fantasmas en el camino. Y esa abundante alimentación hace que los fantasmas se multipliquen en forma tan desmesurada. La humanidad lo percibe y lucha contra eso; para eliminar en lo posible todo lo fantasmal que se interpone entre los hombres y para lograr una comunicación natural, para recuperar la paz de las almas, ha inventado el ferrocarril, el automóvil, el aeroplano. Pero ya es tarde; es obvio que esos inventos han surgido en plena caída. La otra parte es mucho más serena y fuerte: después del correo inventó el telégrafo, el teléfono, la telegrafía sin hilo. Los fantasmas no morirán de hambre, pero nosotros sucumbiremos."
Fragmentos de Cartas a Milena . Franz Kafka
Kafka tiene treinta y seis años cuando conoce a Milena Jesenská, ella tan sólo veinticuatro. Es Milena la que inicia la relación al ofrecerse, por carta, como traductora de su obra al checo (Kafka escribía en alemán). La misiva es respondida y la correspondencia crece. Las cartas dirigidas por Kafka a Milena cubren más o menos dos años, de 1920 a 1922. La comunicación se debilita por el reconocimiento de la enfermedad del escritor, la lejanía física de ambos, motivada por las estancias de Franz en sanatorios y balnearios para recuperar la salud y la imposibilidad de ella de abandonar a su marido, el escritor Ernst Polak.
Milena Jesenská y Franz Kafka tenían rasgos comunes que propiciaban la atracción mutua, pero otras facetas de sus personalidades los separaban. Franz Kafka era un hombre prudente, cauteloso, estrictamente honesto. Milena Jesenská, periodista, traductora, escritora, era una bohemia, disipadora y siempre dispuesta a violar las reglas con las que nunca se había identificado. En una carta al escritor Max Brod, Jesenská había escrito todavía en vida de Kafka: "Frank no tiene capacidad para vivir. Frank jamás podrá curarse. Es una persona obligada al ascetismo por su terrible lucidez, pureza e incapacidad de compromiso".
En el otoño de 1921, éste le entregó todos sus diarios, señal de estima y confianza, especialmente si se tiene en cuanta que nunca quería mostrar su trabajo a nadie, ni siquiera a sus editores. Poco antes le había dado los manuscritos de Desaparecido y de Carta al padre, y nunca le pidió que se los restituyera.
Milena en la Segunda Guerra Mundial ayudaba a los refugiados alemanes, huidos de Hitler. Tras la ocupación de las tierras checas por las tropas nazis el 15 de marzo de 1939, Milena se sumó a la lucha clandestina contra los ocupantes. Fue detenida por la Gestapo en noviembre de 1939 y recluída en el campo de concentración de Rawensbruck. Demacrada, aquejada de artritis y un doloroso eczema, en el campo de concentración Milena Jesenská contrae una grave enfermedad renal y fallece el 17 de mayo de 1944. Los nazis arrojaron sus cenizas a un lago vecino a Rawensbruck.
Milena Jesenská escribió para Franz Kafka en su muerte palabras como estas:
"Era un hombre clarividente, demasiado sabio para poder vivir, demasiado débil para querer luchar; pero su debilidad era la de los hombres nobles y rectos, que son incapaces de luchar contra el miedo, la incomprensión, la falta de amor y la hipocresía, y que conocedores de su incapacidad, prefieren rendirse avergonzando así al vencedor."
"Sus obras se caracterizan por la expresión de un sordo temor por los secretos desconocidos y la evidente inculpabilidad de la culpa entre los hombres. Fue un artista de conciencia tan escrupulosa que supo permanecer alerta donde los otros, los sordos, se sentían seguros."