
Pedro Pablo Rubens - "La adoración de los Magos"
En la tradición cristiana los Reyes Magos sólo aparecen en el Evangelio según San Mateo (2:1):
"Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes.
Entonces, unos amigos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
-«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo) »...
...Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo sido advertidos en sueños, para que no volvieran adonde estaba Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino."
Sin embargo, cada 5 de enero vuelven a nuestras casas, dejando un puñado de ilusiones esparcidas alrededor de un árbol o de un belén. Aunque ya no seamos niños, ójala en esta noche cada uno de vosotros se acueste con los anhelos a flor de piel, con las esperanzas apoyadas sobre la almohada, con la misma certidumbre que entonces, sabiendo que tal vez el regalo no sea el que insistentemente pediamos pero, siempre, había regalo.
Y si no lo creeis posible, leed, Mújica Laínez también imaginaba que los imposibles se hacen realidades en Reyes:
"El sordomudo, que es apenas un adolescente, se inclina en el barandal. Allá abajo, en el altar mayor, afánanse los monaguillos encendiendo las velas. Hay mucho viento en la calle. Es el viento quemante del verano, el de la abrasada llanura. Se revuelve en el ángulo de Potosí y Las Piedras y enloquece las mantillas de las devotas. Mañana no descansarán los aguateros, y las lavanderas descubrirán espejismos de incendio en el río cruel. Cristóbal no puede oír el rezongo de las ráfagas a lo largo de la nave, pero siente su tibieza en la cara y en las manos, como el aliento de un animal. No quiere darse vuelta porque el tapiz se estará moviendo y alrededor del Niño se agitarán los turbantes y las plumas de los séquitos orientales.
Ya empezó la primera misa El capellán abre los brazos. y relampaguea la casulla hecha con el traje de una Virreina. Asciende hacia las bóvedas la fragancia del incienso.
Cristóbal entrecierra los ojos. Ora sin despegar los labios. Pero a poco se yergue, porque él, que nada oye, acaba de oír un rumor a sus espaldas. Sí, un rumor, un rumor levísimo, algo que podría compararse con una ondulación ligera producida en el agua de un pozo profundo, inmóvil hace años. El sordomudo está de pie y tiembla. Aguza sus sentidos torpes, desesperadamente, para captar ese balbucir."
(Cuento completo en Ciudad de Seva)