En el alambre como sonámbula, lectora de insomnios.
Tengo las hojas sueltas, desperdigadas, intentaré ir uniéndolas y que en el andar vayan casando unas con otras. Y si no combinan ni concuerdan tampoco importa, espero que la senda se descubra agradable mientras recogemos todas esas hojas.
Con un par de días de retraso dejo en el cuaderno una canción para todos aquellos que la Noche de San Juan quisieron volver a ser niños y recuperaron la infancia olvidada entre fuegos, petardos y cohetes.
Me encanta el olor a pólvora en el barrio, el incesante estruendo de los petardos hasta altas horas de la noche, la playa iluminada en estallidos multicolores. Si pudiera quemar todo lo que me sobra para ser niño podría hacer una buena hoguera. Un abrazo Lady
Yo no he podido quemar nada pues nada tengo. Intento quemarlo con el día a día, es más cansino y penoso pero me gusta llevar lo justo en mi equipaje. No obstante, si algo echo de menos, son los olores de mi infancia que, inusitadamente, se presentan de vez en cuando para recordarme quién fui. Un beso muy grande, Lady, se te echa en falta.
Este año no he podido, pero esta canción me ha llevado a aquellas otras noches, en las playas de Huelva, sentados alrededor de una hoguera y disfrutando la amistad tan escasa en estos tiempos. Gracias por las nostalgias redivivas. Un beso.
Ah, anoche tuvimos nuestra noche de San Juan, cuando salieron luces que parecían tocar las estrellas. Fue en le aniversario del colegio de mi niño. Y hubo baile. Fui chiquita, otra vez.