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La funámbula

Van a bajar los dioses de sus libros

<h3>Van a bajar los dioses de sus libros</h3>

Después de la discusión establecida a raíz de las palabras de Kevin Kelly (antiguo redactor jefe de Wired y autor reconocido en la cibercultura) en su artículo "Scan this book" del New York Times Magazine, promoviendo la digitalización de los libros, punto de vista compartido también por Bob Stein (director de The Institute for the Future of the Book ), y el gran escritor John Updike, que rebatió y criticó la postura de Kelly en su discurso a los libreros en la convención Book Expo (el texto completo publicado en Babelia, suplemento cultural de El País), continúa suscitando polémicas y generando textos. Esta misma semana en el mismo suplemento aparece un inteligente artículo del escritor Andrés Neuman, titulado "Lector carnal", en el que intenta aunar posiciones, admitiendo la existencia de dos tipos de lectura que muy acertadamente describe como lectura carnal y lectura virtual. Os recomiendo la lectura completa del artículo, objetivo e integrador, dialogante y escrito con cuidado, con estupendas metáforas y una cierta dosis de ironía, como muestra os dejo un párrafo:

"Sin embargo, en este debate sobre el futuro del libro me temo que omitimos, como casi siempre, a la parte más importante: los lectores. Porque sencillamente, si sigue habiendo lectores que deseen leer libros impresos, los editores no encontrarán motivo para dejar de publicarlos. Son los lectores, y no el Google ni Kelly ni ningún huracán digital, quienes decidirán el destino del soporte impreso. Y, si nos atenemos al hecho probado de que la inmensa mayoría de los lectores de librería también navega por Internet, lo más probable es que nuestro viejo y querido formato encuadernado conviva sin problemas con el despliegue flotante de la letra virtual. El libro impreso no es un instrumento limitado, y por tanto superable mediante métodos más avanzados, sino una realidad perfecta en sí misma. Una posibilidad única en su especie que admite todos los complementos imaginables, pero no sustituciones absolutas. Lectura carnal y lectura virtual no se oponen, como no se oponen el correo electrónico y la caricia, la webcam y el encuentro cuerpo a cuerpo."

Una vez aburridos con las discusiones y debates me gustaría que probarais a introduciros en un experimento fantástico, seguro que algunos de vosotros ya lo conocéis, pero a mi me ha resultado un proyecto novedoso, arriesgado y valiente. Leonardo Valencia es el autor de una novela "El libro flotante de Caytran Dölphin", publicada por la Editorial Funambulista. Hasta aquí todo es normal, pero la novela lleva un elemento anexo, un programa informático paralelo en internet, creado por Eugenio Tisselli. De esta manera se intenta tender un puente entre los polos del libro "carnal" y el "virtual". El "lectornauta" puede reescribir fragmentos de la novela, puede participar en ella, independientemente de que haya leído o no la misma en su soporte primario, el papel. Pasaros por allí, curiosear, leer, y  atreveos a darle forma con vuestras palabras. Y por supuesto, comprar la novela, la carnal, la que nada más abrir su portada, en primera página leeréis esto:

"Nadie lanza nunca un libro al agua. Se lo echa al fuego, se lo aprisiona en una caja, se lo entierra de pie en una biblioteca. Pero nadie lanza jamás un libro al agua. Nadie. Nunca. Jamás."

Genial, ¿no creéis?

(La fotografía de Abelardo Morell, intentando compaginar excesos)

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12 comentarios

ladydark -

Anarkasis no lo había pensado desde ese punto de vista. Bien mirado probablemente tengas razón, ese esfuerzo sería una recompensa. Pero me parece que se tendrían que romper muchas barreras para que algo asi fuera aceptado.
(Que escribo poco ¡¡)

anarkasis -

hacia el 2.200 adc. está escrito en la pirámide de Unas el primer compendio que se puede considerar un "libro", a golpe de martillico. Hacia el 1.900 algún escriba a sueldo de los sacerdotes acadios (aunque hay quien lo data en sumer hacia el 2.600 apuntando hacia Naran Sin) para buen ejemplo de los gobernantes que no se deificaran, se escribe un bello poema "Gigalmes", en tablillas de barro,.... papiro, cuero, cera, tiras de papel, y por fin el libro.
Pero el libro tiene sus inconvenientes,
hay que acabarlo, no se puede ir publicando, a no ser que lo publiquemos, como el quijote, en fascículos, el formato hay que pasarlo de texto, a digital y de ahí a mecánico. para poder imprimirlo. Una vez hecho no se puede corregir sino en una 2º edición, aunque la primera si nos hemos pasado de tirada "nos los comemos". Si tiene éxito hay que traducirlo antes de imprimirlo para que alguien se entere fuera,...

tanto es así que se convierte en un objetivo muy alto. Escribir un libro,.. cazináa


El formato digital no es contrario al papel, el papel debería ser el PREMIO de quien fuera leído en digital.


(y no escribas tanto que no da tiempo a leerte)

ladydark -

Charles que gran placer leerte, me ha venido a la mente la imagen de poder leer todos esos textos que nos has regalado através del tiempo, entre nuestras manos, poderlos oler y degustar entre papel y cartón, sería estupendo. Agradezco tus palabras sobre estos pocos papeles cibernéticos que comparto con vosotros, subjetivadas por la amistad, eso seguro :).
Gracias por la reverencia purificadora y hágase pronto el retorno.

Charles de Batz -

Quedo una vez más admirado, Lady, por la maestría con la abres una nueva anotación en tu cuaderno; por la calidad de las referencias que empleas; por la fortuna con la que sabes dar con el tan deseado y, a veces añorado, tema... bueno, que pienso que es mejor dejar ya el jabón a un lado y pasar a comentar lo que se me ocurre tras haberte leído.

Estoy con gatavagabunda, Jafa y Vailima en eso de que ante todo y sobre todo me quedo con la letra impresa, con el avanzar en una historia -o en los pensamientos de una persona-, atravesando la tupida espesura boscosa de un libro. Estoy con eso de escuchar al escritor a través del sentido de la vista, y del diferente tacto que ofrece cada uno de los libros: este es un tanto áspero, aquél de allá lo siento frio, y puede que cuando lea un libro de poemas, vuelva a sentir en la palma de mi mano la caricia de la hierba que descansa conmigo a la sombra de aquél arbol... Al fín y al cabo, ¿no sentimos un placer especial con ciertos libros al abrirlos por primera vez y pensar "cómo huele a nuevo"?; los hay también que huelen a sal y tormenta, y los que son como una noche de primavera en la que los aroma que se esconden en él contenidos, parecen ir a romper el silencio del invierno... Como a todo en esta vida, creo yo que a los libros hay que saberlos escuchar, tocar, oler, ver......y de cada uno de ellos permanecerá en nosotros un recuerdo distinto, en el que se mezclarán las esperanzas que tuvimos al tomarlo, con la experiencia que nos aportó su lectura. Eso es algo que permanecerá por siempre en la biblioteca de nuestra memoria.

En mi caso han sido los libros,los documentos y grabados antiguos, así como los mapas una de las pasiones más vivas que conservo desde los remotos tiempos de mi primera juventud. Disfrutaba de su lectura y de todos los placeres sensoriales de los que he hablado aquí arriba, pero había uno que me llenaba de un especial orgullo, y era el de encontrar aquél artículo, fotografía o documento que parecía casi imposible dar con él -¿imposible?, si existe tiene que estar en algún lado, y voy a descubrir dónde-. Esta afición a buscar un libro -generalizo por no volver a repetir documento, grabado, etc...-, en ese mar de fichas que había antes en las bibliotecas, en librerias de lance o dónde se me ocurriera que pudiera estar,dio en mí que aprendiera a valorar el mérito y la necesaria pericia de quienes se lanzan a lo más profundo de los mares -abandonando el cabotaje-, para buscar nuevas tierras allá donde creen que estarán, y una vez que han dado con ellas, guardan el secreto de su derrota -en términos marinos, se entiende-, hasta que se de el momento propicio.

Admirado quedo también pues, por el hallazgo del cubil del Ouroboros, y por ello y por todo lo antedicho, os hago una respetuosa reverencia y agito a la vez mi sombrero en el aire.

Salud y Fraternidad

ladydark -

Vere se os añora a los naúfragos, a ver si pronto llegais a puerto que nos teneis abandonados.

Vere -

Un post muy interesante que te hace pensar sobre tu relación con los libros. Para mi hay poca duda, por un lado uso como vosotros textos en internet y me encantaría tener escaneados todos los libros que manejo -estupendo poder buscar donde dijo Borges aquello sobre alguien- por otra, como decís vosotros, sólo leo textos largos en un libro a poder ser bien impreso y comparto con vosotros la sensualidad de la lectura.
Por otra parte los libros como objetos forman parte de tu historia y a veces uno piensa que la sensación que tienes al posar la vista sobre un canto conocido puede ser lo mejor de tu cultura.

Jafatron -

Dejando al margen las cuestiones sensoriales que producen los libros (vista, tacto, olor, hasta oído... ¿alguien se atreve con el gusto?), la tecnología no está preparada para sustituir al libro en determinadas situaciones. A ver quien tiene narices de abrir un portátil en el metro en hora punta. Y en el baño, aunque es posible, sigue resultando más incómodo y se calientan los muslos, especialmente si eres de los que se lo toman con calma.

Se me ocurre que un primer paso podría ser fabricar cacharros agradables al tacto y que desprendan un olor agradable... para compensar.

ladydark -

Yo también prefiero tocar las hojas, el olor que desprenden los libros, encontrar entre sus paginas cualquier tonteria que ya no recuerdo porque guarde, pero eso no es incompatible con que exista lo otro, deben de complementarse y dejar las opciones y las puertas abiertas.
Jafatron lo de la editorial otra casualidad austeriana ;)

Vailima -

Al igual que Jafa sólo me gusta leer en pantalla textos breves. Alguna vez incluso he imprimido el texto porque me es insuperable leerlo directamente en la pantalla. No me gusta. Como dice gatavagabunda, no hay olor, textura, no puedo manipularlo. Sólo una relación fría y distante entre el texto y yo. En fin, que no sabemos qué derroteros seguirá este tema, pero yo desde luego soy de la vieja escuela y cuanto más vieja mejor.
un abrazote amigos

Jafatron -

Aventurar cómo leeremos de aquí a unos años me parece una tontería, nadie lo puede asegurar, y menos si conlleva el final de alto tan arraigado en la sociedad como abrir la cubierta de un libro. Lo único cierto es que las nuevas costumbres no eliminan las pasiones, quizá como mucho reorientan la manera de disfrutarlas, y tal como afirma Andrés Neuman, somos nosotros, la gente de casa, los que definimos las nuevas tendencias según nuestra propia experiencia. Que abandonemos el papel por los píxeles es una decisión particular y la situación final tan solo dependerá de hacia dónde se incline la balanza en la suma de decisiones particulares.

Personalmente dudo mucho que nosotros veamos ese final del papel. Y, en todo caso, si lo viéramos seguramente la tecnología habrá avanzado lo suficiente como para que esa otra experiencia nos resulte igualmente atractiva, así que lo mismo da, para qué preocuparse. Hoy por hoy, al menos en mi caso, la lectura en pantalla se limita a cosas relativamente breves. Sería el fast-food de las letras (y de tantas otras cosas), pero eso sí, con productos de calidad.

La iniciativa sobre la novela de Leonardo Valencia es una idea original (por cierto, un buen guiño el nombre de la editorial en este lugar).

ladydark -

Exacto gata, estoy totalmente de acuerdo contigo, y el escrito de Neuman representa ese pensar.

gatavagabunda -

El texto de Neuman, acertadísimo. Personalmente creo que es imposible poner diques al mar, y que no se puede frenar lo que ya está rodando... A mí me gusta el libro en papel, oler sus páginas, doblar sus esquinas, hacer una anotación, en definitiva, sentirlo como objeto vivo. Pero me parece estupendo que quien desee tener su versión digital, que lo haga. ¿Qué hay de malo? No me importa cómo sobreviva Shakespeare, lo importante es que sobreviva...
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