En el alambre como sonámbula, lectora de insomnios.
Tengo las hojas sueltas, desperdigadas, intentaré ir uniéndolas y que en el andar vayan casando unas con otras. Y si no combinan ni concuerdan tampoco importa, espero que la senda se descubra agradable mientras recogemos todas esas hojas.
“Pero después de todo la memoria podía vivir en las viejas entrañas jadeantes: y ahora la tenía a mano, irrefutable y clara, y serena, mientras la palmera golpeaba y murmuraba, seca y salvaje, y débil, y en la noche, pero él podía afrontar la memoria, pensando: No es que pueda vivir, es que quiero. Es que yo quiero. La vieja carne al fin, por vieja que sea. Porque si la memoria existiera fuera de la carne no sería memoria porque no sabría de qué se acuerda y así cuando ella dejo de ser, la mitad de la memoria dejó de ser y si yo dejara de ser todo el recuerdo dejará de ser. Sí, pensó. Entre la pena y la nada elijo la pena.”
Las palmeras salvajes – William Faulkner
Un día como hoy dejaron de bailar “Las palmeras”, él sigue viviendo para que el recuerdo de aquellas noches bajo las estrellas no se diluya en el tiempo. Porque una vida es muy corta para el olvido y nunca demasiado larga para el recuerdo. Porque siempre estarás a su lado y me doy cuenta de que en aquellas noches yo ni tan siquiera existía y mi dolor por tu ausencia es pequeño comparado con el suyo. Porque estoy segura que esta noche él en sus sueños te abraza por la cintura, las estrellas brillan y un bolero suena frente al mar. Yo también sueño y os miro con envidia, sois tan jóvenes, toda la vida por delante, tanto amor que derrochar. Sigues aquí, en su corazón, en el mío.
Tiempo atrás (que lejos queda, madre mía) me dijo una muy buena amiga italiana que soportó todas mis depresiones, llantos y amarguras: "sólo me preocupé de verdad cuando me di cuenta de que estabas en un punto en el que ya no alcanzabas a sentir dolor".
Entre la pena y la nada. Difícil elección, aunque siempre termino eligiendo la primera, ¿o es ella la que me elige a mí? No estoy seguro. Para escribir es necesaria, además. Un beso, lady.
La nada es seguramente la peor de las penas, en tanto que se carece incluso de la memoria.
En lo de Magritte, pintor con el que mantengo una muy especial relación, veo mucho del desconocimiento mutuo que existe entre las personas y los sentimientos que se dedican unas a otras. Eso es lo que veo, y como te digo, el René y yo, no llegamos a entendernos aunque nos vemos casi todos los días.
Me emocionas Lady. No debería estar permitido tener que recurrir a los sueños para bailar algunos boleros. Pero la vida no deja elegir entre la pena y la nada, y algunos días nos gustaría elegir sin duda la menos dolorosa. Un beso
Me alegro de que os haya gustado el bolero, es el engranaje del post. Ese bolero era el favorito de mi madre, mi padre y ella lo bailaron infinidad de veces. El día 16 fue el aniversario de su muerte y cuando me puse a escribir, pensando en dar salida a mi dolor por su falta, me di cuenta de que había alguien que la añora muchísimo más que yo. Y así llegaron las palabras de Faulkner y el cuadro. Gracias a todos, una vez más el bálsamo de la compañia atenua penas.
Me hace llegar mi amigo Daniel una canción que parece inspirada en Faulkner y me permito poneros el enlace por si quereis escucharla: http://www.box.net/shared/ruvvs5fmez
Cuando pienso en que hay diferentes caminos que confluyen para estar en un mundo donde lo terrible signa sus realidades, veo al espíritu del romanticismo dotado de nuevas miradas y en esencia nutriéndose de imaginarios, sentimientos, acciones... Y hay un flasback emocional que retrotrae a tiempos donde amar era lo más importante. (Te dejo estas notas generadas por tu sensitivo post y saboreo mi mate tibio pensando en la funámbula).
La pena es el poso de la experiencia, se refugia a veces en la memoria y provoca recuerdos que nos nutren. La nada es la negación suprema, el no ser. Definitivamente, yo también me quedo con la pena. Un abrazo.